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  Edición 635
  Las etapas históricas del feminismo
 
Rosa Esther Beltrán
   
  El siglo XXI se ha caracterizado por la reactivación revitalizada del movimiento histórico feminista en el mundo. Los historiadores ubican la segunda mitad del siglo XVIII como la primera ola feminista. Hay testimonios de que durante la Revolución Francesa, Olympe De Gouges, en 1791, escribió un manifiesto sobre los derechos femeninos, centrados en la independencia y en la emancipación de las mujeres, ahí ya reclamaba el derecho al voto.

El movimiento sufragista es clasificado como la segunda ola feminista, la que fue una lucha feroz de persecución y represión contra las líderes de la rebelión, a pesar de que ellas lo definían como un movimiento pacífico cuya reivindicación central era el derecho al voto, a pesar de ello eran ridiculizadas presentándolas como masculinizadas y solteronas; después de la Primera Guerra Mundial, los países reconocieron el reclamo de las mujeres y el derecho fue concedido en Estados Unidos y Gran Bretaña, entre otros países; otras exigencias de ese tiempo fueron el acceso a la educación superior, cuestionaron la obligatoriedad del matrimonio y comienzan a liberarse en su presentación física.

La tercera ola feminista llegó en la década de los 70. Va de las políticas públicas que reivindican a la mujer y exigen el fin del patriarcado. En este movimiento fueron fundamentales los anticonceptivos, porque le otorgaron el poder del control de la natalidad —y la liberación del goce sexual, no atado a la reproducción— y el divorcio se hizo ley en muchos países. Caen las vendas del «amor para toda la vida» y aparecen otras opciones para las mujeres. Ellas son candidatas reales en el mundo político, aunque en muchos países su porcentaje es sensiblemente inferior al de los hombres.

La Cuarta Ola Feminista es la actual, es internacionalista, en ésta el activismo presencial y online son protagónicos. Lucha por el fin de los privilegios de género establecidos históricamente hacia el hombre. Repudio a la violencia de género establecida en todos los ámbitos de la vida. «Lo personal es político» y el concepto de la solidaridad entre mujeres, es central. También aparece con mucha fuerza el discurso anti estereotipos, nace el feminismo contra el predominio de la raza blanca como modelo de éxito social, el feminismo gordo, contra la delgadez impuesta por la moda, además de la lucha por los derechos reproductivos y una mayor unión con el movimiento LGBT y de liberación sexual. Un eje ineludible fue el primer paro internacional de mujeres, de altísima aceptación, llevado a cabo el 8 de marzo de 2018, inmortalizado como #8M.

La justicia para las mujeres es un movimiento reactivo y una rebelión contra la configuración del «patriarcado violento», expresado según la teoría feminista por la violencia en sentido amplio: como violación, como acoso, maltrato, asesinato, como desigualdad económica y laboral, pornografía, prostitución y como trata, de manera que la Cuarta Ola es un movimiento popular que se construye de abajo hacia arriba.

Lo que se puede percibir con mayor claridad es que el feminismo —por muchos repudiado— ha tenido como su principal horizonte normativo y ético la emancipación, la igualdad y la justicia entre mujeres y hombres.

Las mujeres hemos formado un movimiento social que va derribando muros políticos, económicos, sociales y culturales por los cuales se mantiene y se sostiene la desigualdad.

El paro «Un día sin nosotras» podría no ser tomado en serio y verlo como una jornada de asueto, «una concesión patriarcal». Es probable que para muchas será así, pero también será una ocasión para la reflexión colectiva, y de hecho ya lo es, reconocer el machismo ancestral que se lleva en el ADN es un logro, tocar la impunidad, la vulnerabilidad, la inseguridad en la que vivimos las mujeres es un logro de legítima defensa.

En marcha

Hay objetivas y variadas razones para pensar que vivimos un periodo crucial de transición histórica, porque los cambios que nos afectan no se reducen a una zona concreta del planeta, sino que detonan y resuenan prácticamente a todos ámbitos, económicos, políticos, sociales y culturales.

El feminismo en México llegó temprano, pero su penetración ha sido lenta, muy lenta, debido al conservadurismo mexicano; no obstante, en las dos últimas décadas se ha acelerado de manera inusitada. Las universidades y las organizaciones civiles son el nidal que devela el reconocimiento de la identidad femenina y sus cautiverios, así como los cambios que es posible construir mediante un nuevo paradigma cultural impregnado de facultades teóricas y prácticas que permitan erosionar las creencias opresivas vividas por las mujeres que impiden su autonomía como sujeta femenina.

Es paradójico que haya sido en el largo periodo del neoliberalismo, en el que se promovió el Estado mínimo con la abolición de los derechos sociales que les fue posible eliminar, cuando también se incorporó masivamente a las mujeres a la economía industrial con la mano de obra feminizada, explotada y así se abrieran las puertas a la autonomía femenina y con ello las modificaciones de la familia tradicional, se da una ruptura con el modelo sexista clásico del ama de casa abnegada para construir un nuevo ideal femenino del que surge la subjetividad «posfeminista», en el que la mujer juega el rol de una emprendedora autónoma, calculadora y racional, encargada de auto monitorearse, auto disciplinarse y construir su propia imagen ideal, un perfecto sistema de auto control biopolítico de empoderamiento individualista.

Los cambios culturales de las mujeres modernas son complejos, muy atados a la mercantilización de la individualidad femenina, es importante construir conciencia de autonomía pero tiene más sentido trabajar con ideas que nos reafirmen como humanas a fin de que las mujeres seamos entes de la propia emancipación y no que el feminismo perpetúe lógicas colonialistas o sirva como punta de lanza de la «modernización» y el neoliberalismo. La crítica feminista tiene la capacidad de aportar soluciones y salidas a la crisis estructural.

Frente a la crisis sistémica que se vive, analizar la evolución del capitalismo nos ayuda a entender dónde estamos y qué retos enfrentamos en la construcción de un proyecto feminista emancipador.

Permítaseme invocar a Perogrullo, lo personal es político, nuestras vidas y nuestro cuerpo tienen una dimensión política, así como la relación entre las razas es política igual lo es la relación entre los sexos.

Las teóricas del feminismo sostienen que éste no debe presentarse en singular, sino en plural, porque responde a contextos sociales y culturales distintos, de manera que los feminismos son los movimientos sociales que reivindican las causas únicas de las mujeres.

En México el elefante reumático se movilizó portando el color morado, superó su parálisis y grita, chilla y brama. «Nos están matando», gritan las jóvenes. Las manifestaciones masivas abren un resquicio esperanzador que vislumbra resultados, aunque la brecha sea larga, el movimiento feminista debe persistir, consolidarse, darle continuidad a la articulación porque la mitad de la población reclama justicia para las mujeres, aunque no hay en la generalidad de las autoridades una verdadera conciencia de la gravedad del problema. El reclamo es: «Ni una menos». «Nos queremos vivas».

La partida de Ernesto Cardenal

Sacerdote y revolucionario, además de poeta y escritor, nicaragüense y en alguna medida mexicano, el icónico clérigo, símbolo de la rebeldía, falleció a los 95 años en Managua.

Cardenal fue galardonado con múltiples reconocimientos, uno de los más significativos fue el Premio Pablo Neruda de Literatura Iberoamericana, entregado por la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

Ernesto estudió filosofía y letras en la UNAM, de ahí que amara a México. Participó en la revolución sandinista y fue funcionario público, ministro de cultura con el gobierno surgido de esa revolución, fue uno de los críticos más duros en contra del actual gobierno de Daniel Ortega, por considerarlo traidor a las causas revolucionarias. Cardenal vivirá por siempre en su poesía y en sus libros.

 
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