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  Edición 634
  Celoso de su deber
 
Marcos Durán
   
  En México, la prevalencia de asesinatos relacionados con el género alcanzó proporciones alarmantes. Con la impunidad como norma, los hombres siguen matando mujeres, sabiendo que es muy poco probable la acción de los gobiernos para actuar en contra de ellos. Así pues, a fuerza de la necesidad de protegerse es que han crecido los colectivos y activistas por los derechos de las mujeres, que luchan contra la intensificación de la violencia contra las mujeres y el feminicidio, y para pelear en contra de fuerzas conservadoras que amenazan los escasos logros de sus movimientos feministas que buscan impedir la violencia en su contra, que parece se perpetuará hasta el fin de los tiempos.

Y es que en los hechos, el proceso de civilización humana está a la par de la de este comportamiento despreciable y que el monopolio de la violencia en contra de las mujeres la tiene por supuesto el hombre.

Pero ante estos hechos, la respuesta de los políticos siempre es la misma: «Esta violencia no va a ser tolerada y ahora sí se va a proteger a las mujeres», dicen.

Recientemente, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio unas declaraciones lamentables al ser cuestionado sobre los alarmantes datos de feminicidios en México y en especial sobre el crimen de la niña Fátima, pues culpó a «la degradación» asociada con el modelo neoliberal. En el mismo discurso, López Obrador aseguró que hallar a los responsables del feminicidio no es la solución a los casos como el de Fátima, sino «purificar la vida pública»; sostuvo que «esto no se resuelve con policías, cárceles o amenazas de mano dura».

Eso deja muy poco margen a que disminuyan los feminicidios y la violencia en contra de la mujer, que, eso sí le aseguro no se van a detener jamás. Y es que desde el momento en que los políticos se pelean por que se distinga bien si un crimen fue o no feminicidio, no vaya siendo que le afecte a sus cifras de gobierno.

Siguen sin querer entender que estamos ante una terrible desviación social que exige un enfoque sistémico, más que simplista, uno basado en fundamentos que acepten que el feminicidio, más allá de un comportamiento criminal, abarca un marco cultural, político, legal y penal.

Convendría también aceptar que todas las instancias burocráticas creadas, algunas de plano con fines políticos, no han detenido los casos de violencia contra las mujeres y las miles de mujeres asesinadas son un escalofriante ejemplo. Que los colectivos y cualquier esfuerzo para visualizar esta violencia deberían de apoyarse y no censurarse.

Y ahí es que se enmarca el caso de la Dirección de Desarrollo Urbano del gobierno de Manolo Jiménez, que muy «celoso de su deber» y en medio de los casos de feminicidios que han ocurrido, no solo en la Ciudad de México, sino aquí mismo en Saltillo, inició un procedimiento en contra de la activista Jackie Campbell por la «terrible» falta de pintar un mural en su casa contra los feminicidios y peor aún, pues su «cuasi» delito fue en su casa ubicada en lo que ellos llaman «centro histórico».

Jackie, a quien por cierto no conozco, pero en muchas ocasiones he estado en desacuerdo en sus posiciones, enfrenta lo que parecería a todas luces un atropello y hasta un intento por amedrentarla. Pero cuando esto trascendió a escala nacional, el gobierno de Manolo Jiménez quiso desmentir la versión, aunque los documentos oficiales demuestran lo contrario. Resulta muy curioso que, al mismo tiempo, una jauría atacara a Campbell en redes sociales, cuestionándole incluso el origen de los recursos para comprar esa casa. ¡De ese tamaño la bajeza de estos extraños y muy bien coordinados bots!

Los feminicidios y las respuestas del movimiento feminista deberían despertar entre nosotros una especie de «vigilancia feminicida» que sirva para monitorear, comprender y mejorar las políticas públicas que están diseñadas para erradicar la violencia contra las mujeres. Y quién sabe, con algo de suerte, estas políticas puedan resultar tan eficaces, como los procedimientos que inició el gobierno de Manolo Jiménez que es tan celoso de su deber en materia de desarrollo urbano y ojalá y le interese también la violencia en contra de las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones.

 
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