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  Edición 634
  UAdeC: conciencia y progreso universitario
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  La Universidad de Coahuila fue fundada por allá del año de 1957. Eso sí, solo ante una necesidad de conglomerar diversas instituciones de educación superior y establecer otras que en ese momento se requerían. Su estructura (sin autonomía) era aceptable en aquellos tiempos; sin embargo, en el mundo ya se fulguraban cuestiones que se medían entre la libertad, la emancipación y la no intervención del Estado ni del mercado; como lo acontecido poco más de diez años atrás en París y que se replicaría en lugares como Alemania, Suiza, España y en nuestro continente en Argentina, Uruguay y México.

En el año de 1973, la Universidad de Coahuila adquiere su autonomía y, con ese acontecimiento, avanzaba al tren del progreso intelectual, económico y de auto legislación (y sus demás asegunes).

Así fue como un Consejo Universitario integrado en forma paritaria por maestros y alumnos, quedaría como o?rgano ma?ximo de autoridad dentro de la Institucio?n. Dicho movimiento planteo? la necesidad inmediata de dar nuevos rumbos a la Universidad, establecer bases normativas que garantizaran el cumplimiento de los fines de la institucio?n y orientar funciones de docencia, de investigacio?n y de extensio?n hacia la realizacio?n de la justicia social.

Hoy, igual que ayer, el problema de la educación en nuestro país presenta complicaciones de diverso orden, en donde las dificultades para resolverlas tienen que ver principalmente con el problema de la demanda de la educación, su calidad y la ausencia de un presupuesto educativo —acorde a las necesidades y debidamente transparentado— que ayude a la obtención de los fines para que fue creada la universidad pública.

La Universidad Autónoma de Coahuila forma parte de la historia de nuestro estado. Aun y con todas sus contradicciones —como cualquier institución de educación superior— es una institución poderosa y emblemática que vive en el seno de la sociedad coahuilense.

Desde la actual administración de nuestra universidad pública se ha procurado participacio?n en el ana?lisis y en la atencio?n de la problema?tica general de nuestra sociedad; además de procurar una posicio?n lo más cercana posible al compromiso social y a la formación desde las aulas de un sentido comunitario. En dos años de la nueva administración universitaria se ha emprendido la actividad cri?tica en todos los rincones.

Un ejemplo notable han sido las nuevas modificaciones normativas dentro de nuestra universidad, comenzando con la reforma al estatuto universitario que tenía más de treinta años sin modificación alguna.

Habrá muchos detractores por las historias contadas y no contadas que han sucedido dentro de nuestra universidad en el ayer, pero como la ley del péndulo, hoy podemos hablar de nuevos vientos para la UAdeC.

Se sabe que en las últimas décadas, la educación superior en el mundo y en nuestro país, han experimentado transformaciones sustanciales —por ello las modificaciones normativas de la UadeC—.

Desde la actual administración, sé, con conocimiento de causa, que se trabaja dentro de pilares como la inclusión, la transparencia, la democracia y por supuesto, bajo la participación activa de todos los universitarios.

Para muchos especialistas, una universidad es como una especie de termómetro en algunos de los problemas sociales, y hoy las cosas transitan hacia buen puerto. Aun a sabiendas (y con toda la libertad) de que la universidad pública es el sitio más abierto a todas las corrientes de opinión, y sus respectivos matices, se ha sabido crear un ambiente de concordia, mediación y acuerdo.

Desde esta columna extiendo una felicitación al rector Salvador Hernández Vélez por su segundo informe de actividades. La Universidad Autónoma de Coahuila, como la caja de resonancia que es, debe seguir alternando variables que nos conminen como universitarios a trabajar unidos para materializar los objetivos, principios y valores contenidos en el seno de la universidad, en la mente y espíritu de cada universitario y, por supuesto, en el cumplimiento cabal de sus ordenamientos normativos. Es lo que deseamos todos para la UAdeC.

 
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