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  Edición 633
  «Miénteme más…»
 
Esther Quintana Salinas
   
  Somos un pueblo acostumbrado a que los políticos nos mientan, y a hacernos «como que la Virgen nos habla». La clase política mexicana, salvo honrosas excepciones, se vale de la mentira como principio, estrategia y ¡qué horror!… la ha elevado a rango de valor. Le sirvió a un partido político para mantenerse en el poder durante muchas décadas, y también para regresar después de la experiencia de la alternancia. Las mentiras las mantienen a salvo de cualquier forma de verificación, por eso ha sido tan lento el tránsito de la transparencia y la rendición de cuentas.

El sistema político mexicano se forjó entre mentiras y se encargó de enseñarle al pueblo a creérselas y a vivir con ellas como algo ordinario. De ahí que exista una masa de crédulos generacionales que permanece fiel a la enseñanza instituida desde sus bisabuelos, abuelos y padres, y de no combatirse, seguirán transmitiéndola hasta la consumación de los siglos. Es tan eficaz la manipulación, que sirve como tapadera de sinvergüenzadas y cosas peores y está probado que con ellas se garantiza la gobernabilidad por largo tiempo.

Un sistema amasado con mentiras y cebado a punta de populismo, clientelismo, corrupción e impunidad, propicia el apartar de la vida política a sus adversarios, y también a los suyos que se le rebelen, y a cualquiera sobre el que recaiga la más mínima sospecha de que es sincero y honesto. Y es que el buen político, según los cánones establecidos, no debe tener ninguna de las virtudes mencionadas, sino todo lo contrario. Debe ser diestro en el «arte» de engañar, de la prestidigitación, del espejismo, docto en la dosificación de las patrañas, porque si no le puede salir el tiro por la culata.

Ese tipo de política que abunda en todos los partidos políticos es el que se ha encargado de carcajearse de la ética y convertido la política en algo deleznable. Y tristemente es el que el grueso de los electores votan para seguirlo encumbrando a puestos desde donde pueda hacer más daño a este país.

Los políticos de esta laya mienten de diferentes maneras, callar es una de ellas, decir que se tienen otros datos, desprestigiar a sus adversarios, sembrar inquina y discordia, entre otras «lindezas», es parte del fuselaje y o de la catapulta para dar saltos espectaculares y aterrizar, verbi gratia, en una alcaldía, en una gubernatura, en un Congreso local o de la Unión, en una senaduría, o como ha sucedido tantas veces, en una Presidencia de la República…

Iba yo a mencionar que se necesita buena imagen y mucha lengua, pero no, no siempre… aunque ese sea el común del requisito. Lo que le sigue va arribando con la posición, se le rinden capitanes de industria, la complicidad da muy buenos dividendos $$$, y otros desde la oscuridad con los que también tranza. En la presidencia de la República Mexicana han desfilado especímenes de pocas luces y de muchas, con escrúpulos más o menos o de plano sin ellos, mi amiga Laurita dice que ahí llegan puros que no tienen, yo soy respetuosa de los diferentes pareceres. Tener una buena currícula académica no es relevante, las pruebas las tenemos a la vista. El único que la debe tener es el Secretario de Hacienda, aunque ya ve usted lo que le pasó al que inició con el tlatoani en turno. El hombre «renunció» por pensante.

Todas las mentiras son reprobables, y entre las peores tienen especial categoría las de las promesas incumplidas. Son de una bajeza, que si tuvieran tantita vergüenza los políticos que las profieren, se les debiera caer la cara ante sus electores… pero no, ni se sonrojan, y a los engañados los tienen muy sin cuidado. Si les calara aunque fuera un poquito, habría varios ex presidentes —cuando estaban vivos y otros que lo están— que no podrían salir a la calle por la repulsa que provocan… pero bueno, tampoco hay entre los defraudados, que son millones, que los rechacen. Es que la mentira, de tan legitimada que está en nuestra país, no provoca ni comezón.

Y también hay jueces, ejecutivos de diferentes niveles, legisladores locales y federales, ex y actuales, a lo largo y ancho de la República, y Coahuila no es la excepción… que son impresentables, y el grueso ando suelto, hasta demandan a quienes les refutan sus porquerías en la cara. Y duermen como recién nacidos y exhiben la riqueza mal habida directamente o por cuenta de sus descendientes, y todavía hay medios de comunicación que les hacen entrevistas y los montan en primera plana, como si se tratara de personas honorables, que inspiraran con su ejemplo. Los políticos tienen una responsabilidad muy especial respecto al bien común, por ello debieran observar la ley a pie juntillas, sin embargo este es el ideal, porque en la realidad no tienen empacho en mentir en público y faltar a su palabra, que al final del día es lo menos, porque robar del erario público y hacerse millonarios junto con toda su parentela y corte de amigotes, tampoco los detiene.

La mentira política hoy día cuenta con más instrumentos para extenderse. Ahora comunican «recomendaciones» y difunden «sus verdades» a medias, muy útiles para confundir y desviar la atención de los verdaderos problemas que agobian al país, que se resumen en más desigualdad y más exclusión. Y es que como bien lo describía el escritor irlandés Jonathan Swift en 1712, la mentira política es «el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables con vistas a un buen fin». Esta clase de políticos de pacotilla, se conducen como si fueran la medida de todo y los iluminados para orientar el destino del país, y desde su soberbia y pobreza de «entenderas», determinan que los gobernados no tienen derecho ni a la verdad, ni a la justicia, es más, que no tienen ningún derecho. De modo que con la mano en la cintura «ridiculizan a la verdad como bien público y riqueza saludable y colectiva y la asumen como su propiedad privada, que no puede ser tocada, buscada y menos publicada», como lo apunta el periodista colombiano Manuel Restrepo.

El político de esta calaña tiene como objetivo que a quienes miente pierdan su percepción de la realidad. La consecuencia de esto a largo plazo es herir de muerte a la democracia, porque este sistema político precisamente se nutre del diálogo, de la discusión, de la participación de las personas en los asuntos públicos. Esta circunstancia de distorsionar la realidad, porque ese es el efecto de la mentira, ese impedir rastrero de que no haya información veraz para tener opiniones sólidas, y el que sólo sus adeptos cuenten con ella, lo que genera es polarización, y con ello le abre la puerta a la violencia. Nunca han sido rentables ni los engaños ni jugar sucio a largo plazo ¿Por qué? porque dañan la confianza y sin confianza la política no tiene futuro.

La primera virtud que debe tener un político es su apego a la verdad. Apegarse a la verdad es actuar con ética, y ética no hay más que una, no tiene divisiones. Thomas Jefferson tenía razón cuando decía que los hombres de estado no tenían —ni tienen— derecho a una moral especial. Los fines políticos no justifican medios inmorales. La veracidad es condición previa sustantiva para la sociedad humana, no solo es requisito para los ciudadanos en lo individual, también para los políticos. La mentira política es inaceptable. ¿Por qué carambas no nos entra esto en la cabeza a los mexicanos? ¿Qué sucedería si el médico al que consultamos cuando estamos enfermos nos diera un diagnóstico falso? Nos podríamos hasta morir. ¿Por qué no aplicamos el mismo criterio con los políticos sinvergüenzas que nos han gobernado y nos siguen gobernando?

El político sin escrúpulos miente por así convenir a sus intereses, a su obsesión de permanecer en el poder a costa de lo que sea y como sea. Lo hace cuando se refiere a acciones futuras que sabe que no va a poder cumplir pero que la gente quiere oír o no votan por él o por ella, también cuando dice que no tiene conocimiento de las acciones de alguno de sus secretarios o subordinados, lo hace para protegerse… ¿Le suena familiar? Ejemplos de esos los tenemos al por mayor. Hoy día la mentira política es escalofriantemente más dañina, porque la tecnología la ha hecho digital, instantánea, global; se ha vuelto un «producto» elaborado por una organización ex profeso, se trata de un artículo estandarizado y uniforme, elaborado por «cabezas» pagadas para ello, que no tienen ninguna responsabilidad sobre el mismo, y si es «flor de un día», excelente. Lo instantáneo es lo mejor que tiene la mentira política de hoy. Esto lo dicen los expertos en el tema. ¿Usted que opina?

Ahora bien, y con esto concluyo mis reflexiones ¿Por qué la gente sigue votando por políticos que mienten? Y además sabiéndolo. El académico colombiano Juan Samuel Santos Castro, y me parece muy razonable su explicación, dice que la gente no vota por las propuestas de los candidatos, sino que eligen al que piensa parecido a ellos. ¿Qué tal? Sigue estando vigente el pensamiento del maestro Cossío Villegas, lo más difícil es deshacernos de una cultura de décadas que no termina de morirse. Nomás fíjese por quien se votó mayoritariamente en el 2018. … Y de Coahuila, hablamos después. Somos todo un fenómeno de tozudez.

 
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