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  Edición 632
  Retorno al humanismo
 
Carlos Manuel Valdés
   
  Debemos enfrentar la realidad y ésta, como decían los filósofos, se impone, es decir, es como es, no como desearíamos que fuera. Ahora mismo estamos aturdidos porque vemos que la violencia ha sobrepasado todos los cálculos y esfuerzos contra ella. Culpar a un gobernante es abonar sobre un pequeño porcentaje de lo que estamos viviendo. Debemos darnos cuenta que de alguna manera nuestra civilización está tocada por el dedo de la maldad o de la malicia o de la corrupción.

Y fue precisamente en momentos culminantes de la cultura, la nuestra, que surgieron varios personajes que empezaron a pensar que la vida y la sociedad podrían ser otras, diferentes, que se podría seguir vivos (que ya es ganancia) coexistiendo con los demás. Era la época de la violencia reinante en la Europa cristiana: reyes, nobles, señores feudales, la Inquisición y un papado corrupto, en la que aparecieron pensadores que creían que no era correcto que la vida recorriera el sendero de la crueldad de las instituciones y de individuos siniestros.

Tuvo lugar un sinnúmero de proposiciones teóricas fundamentales. En pleno siglo XVI un abogado que tenía una buena formación jurídica, cristiana en su fondo y humanista antes de que a ese movimiento se le calificara de «humanismo», reflexionó sobre las posibilidades que tenían las personas de una experiencia distinta de la que les marcaban las costumbres y las estructuras de poder de los reyes. El inglés Tomás Moro escribió un libro que para el momento fue todo un panfleto de crítica al género de sociedad de los europeos. Publicó su Utopía, cuyo título en griego significa «sin lugar» porque no había ninguno que encajara en su descripción. En efecto, en él se habla de un grupo de personas que crean una sociedad diferente a la reinante en la cual todo era de todos y cada quien hacía lo que debería para el beneficio común: profesores, carpinteros, hilanderas, albañiles, en fin, el trabajo era para que funcionara esa sociedad. No era más que un libro, es decir, ficción adelantada que proponía una forma de sociedad en la que unos cuantos no se quedaran con lo que era de todos. Un libro que hizo pensar en algo distinto. Y no era más que una idea, porque siglos antes en Flandes unos cristianos habían ensayado la creación de una especie de socialismo adelantado en una isla… y todos fueron asesinados. ¿Conocía Tomás Moro esa historia?, no lo sabemos, pero la puso sobre papel. Y causó el enojo del rey inglés, que ordenó le cortaran la cabeza.

Sabemos que dos de los primeros franciscanos que llegaron a México en el siglo XVI fueron influenciados por Moro. El obispo fray Juan de Zumárraga trajo el libro a México oculto porque los reyes de España habían prohibido su lectura. Otro fraile, esta vez dominico, Tomás Campanella, escribió en la cárcel otra obra influenciada por la Utopía con un panorama parecido. La llamó La Ciudad del Sol, misma que influyó en los dos primeros jóvenes jesuitas que iniciaron lo que con el tiempo se nombró Las Repúblicas Guaraníes del Paraguay, que un filósofo nombró «El Cristianismo Feliz».

Pero el Humanismo, con mayúscula, surgió de Erasmo de Rotterdam, tal vez influido por su amigo Moro. Erasmo era considerado el mejor latinista de Europa. Siendo sacerdote realizó fuertes críticas a la Iglesia que con facilidad lo hubieran llevado a la hoguera, pero su prestigio era tal que no se atrevieron a tocarlo. Se enfrentaba férreamente a la violencia, de donde viniera; se opuso a la guerra y publicó un librito en que invitaba a los cristianos a desobedecer a los nobles. Él creó lo que hoy se llama objetores de conciencia: personas que rechazan ir a matar a otros. Unos jóvenes cuáqueros, soldados americanos, fueron a la guerra en Irak, pero se negaron a disparar. Los encarcelaron y los regresaron a Estados Unidos. Seguían a Erasmo sin saberlo.

¿Podríamos vivir sin violencia? Tal vez no, porque ésta es parte constitutiva de la sociedad. Los americanos crearon a los Zetas, los educaron, los armaron y continúan pasándoles armas. Algún alivio podría venirnos, eventualmente, de Estados Unidos si cambian su carrera de muerte.

 
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