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  Cortinas de humo o las cosas como son
 
Edgar London
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  Muchos hemos reído con los populares memes que satirizan la idea propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador de rifar el avión presidencial. En la red pululan los distintos escenarios en que una persona común —léase una persona alejada de los millones de dólares que, se espera, ha de poseer alguien interesado en una aeronave de esas características— podría hallarse si gana el boleto que lo titularía como poseedor del, hasta hace poco, medio de transporte presidencial. Cada uno de los escenarios proyectados se pinta más ridículo que el anterior. Así, la clase baja y media se burla del gobierno y, de camino, libera por unos segundos el estrés con que lidian, día tras día. Más si personajes cercanos a la acefalía como el diputado local de Querétaro, Mauricio Alberto Ruiz Oales, le echa leña al fuego con declaraciones disparatadas. Para los que aún no están enterados, vale la aclaración: el legislador aseguró en entrevista concedida al noticiero Primera Hora que con la venta del Boeing 787 Dreamliner, México podría pagar su deuda externa y todavía le quedaría suficiente liquidez para recuperar el avión y entregarlo a Estados Unidos a cambio de equipo de salud. Huelgan los comentarios, pero de ese tipo son los políticos que nos representan.

¿Sufre el gobierno por estos dislates o la chanza popular? En lo más mínimo. Al contrario, le conviene y no me extrañaría en lo más mínimo que hasta lo promueva. ¿Por qué? Sencillo. Con la polémica creada en torno al sorteo de la aeronave presidencial, se desvía la atención de la sociedad de problemas torales que, en este justo minuto, afectan al país y no parecen tener solución a corto plazo. A la inseguridad y la ralentización de la economía, dos viejos y amargos conocidos de los mexicanos, se suman ahora las insatisfacciones provocadas por el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) y el atropello contra los migrantes centroamericanos que intentan atravesar la nación para llegar a Estados Unidos. Esos son dos temas candentes que ni López Obrador ni su gabinete han podido controlar.

La desaparición del Seguro Popular y el advenimiento forzado del Insabi ha enardecido a la población que ve cómo servicios gratuitos —hasta el 31 de diciembre de 2019— ahora les afecta con crueldad el bolsillo. López Obrador, fiel a su retórica cantinflera ya advirtió, como el refrán, «donde dije digo, dije Diego» y si bien había anunciado inicialmente gratuidad de los servicios médicos, al menos para primer y segundo nivel, luego reculó y cambió su discurso para advertir que sí habrían «cuotas de recuperación», aunque el objetivo es alcanzar la gratuidad en los tres niveles de atención. Otra vez, campanadas al aire en pro de un futuro que nunca llega.

No de balde, los gobernadores panistas aprovecharon la coyuntura para proponer una junta de integración que ayude al Insabi y se transparenten los 40 mil millones de pesos que se destinaban al extinto Seguro Popular. Por supuesto, ninguno de los nueve gobernadores cree realmente que el gobierno federal tome con seriedad su propuesta, pero no quieren dejar pasar la oportunidad de hacer ruido y presentarse ante la opinión pública como funcionarios preocupados por el bienestar de los menos favorecidos. Si se logra la gratuidad o no de los servicios médicos les tiene sin cuidado. A fin de cuentas ninguno de ellos —ni de sus familiares más cercanos— utilizará el Insabi.

Y no es todo, en la frontera sur la situación de violencia empeora. Irónicamente, no se trata esta vez de la —para mal, acostumbrada— violencia generada por el crimen organizado sino por las desorganizadas fuerzas del orden. En su afán por cumplir con las órdenes de Donald Trump, la Guardia Nacional no muestra escrúpulos ni tiene respeto por los derechos humanos —aunque sí autorización federal— al momento de impedir el ingreso de centroamericanos al territorio nacional. Las imágenes hablan por sí solas. Tal cual reza la frase más cursi del mundo, ni mujeres, ni ancianos, ni niños se salvan de los golpes y atropellos. El Instituto Nacional de Migración se llena la boca para anunciar que rescató a tal o más cual grupo cuando viajaba rumbo a la frontera norte. Que ese grupo contaría con un retorno asistido y, mientras se regulariza su situación, va a contar con alojamiento que la dependencia les brindaría. Es mentira. Eufemismo barato. Que a todos nos quede claro. Cuando el gobierno habla de rescate de migrantes, en realidad habla de detención. Cuando dice retorno asistido, dice repatriación. Y cuando afirma que les da alojamiento, en realidad se refiere a la más burda encarcelación.

Pero mientras tanto, ¿de qué hablamos? De la rifa de un avión que jamás tendremos y, aun así, ya nos tiene volando la imaginación, de la mano, con el sentido común y el pensamiento crítico. Créanme, de esta triste realidad nuestra, donde quedamos tan mal parados, ningún meme se mofa.

 
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