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  Edición 584
  Un compromiso de estado impostergable
 
J. Jesús Santos González
   
  El estado de Coahuila tiene como hijos predilectos a 26 ciudadanos que en los campos de las armas, la diplomacia, el derecho, la historia, pintura, literatura, poesía, docencia y beneficencia, han merecido que el Congreso del estado, en reconocimiento a su vida y obra, haya decretado la inhumación de sus restos en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos, que se ubica en el panteón Santiago de esta ciudad.

Dicho grupo selecto de ciudadanos eméritos, lo integran Juan Antonio de la Fuente, miembro del gabinete del presidente Benito Juárez y defensor de la soberanía nacional ante la intervención francesa y el imperio; el general Andrés S. Viesca Bagues, vencedor de los franceses y conservadores en la batalla de Santa Isabel y fundador del Ateneo Fuente; el general Victoriano Cepeda Camacho, gobernador y luchador republicano de primer orden, quien en mayo de 1867 participó en el sitio y toma de Querétaro en el que cayó prisionero Maximiliano de Habsburgo y maestro fundador también del Ateneo Fuente.

De igual forma, los generales Jesús Carranza Garza, Adolfo Huerta Vargas, Vicente Dávila Aguirre, Lucio Blanco Fuentes, el capitán primero Ignacio Peraldi Carranza, el teniente Abelardo Carranza Strasburguer y el Mayor Salvador F. Treviño; el poeta Manuel Acuña Narro, el pintor Rubén Herrera Flores, el jurista y fundador de la Facultad de Jurisprudencia, Francisco García Cárdenas; los maestros y figuras señeras del Normalismo como lo son los profesores: Apolonio M. Avilés Muñoz, Carlos Espinoza Romero, Leopoldo Villarreal Cárdenas, Rubén Moreira Cobos, Severino Calderón González, José Rodríguez González, Federico Berrueto Ramón y José García Rodríguez; el humanista e historiador profesor Ildefonso Villarello Vélez, el historiador Carlos Pereira Gómez, los también gobernadores del estado, Nazario S. Ortiz Garza y Oscar Flores Tapia; y el filántropo Antonio Narro Rodríguez, fundador de la Escuela Superior de Agricultura, hoy Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, quienes descansan sus fatigas en dicho recinto, en reconocimiento a su vida y obra en favor del prestigio y grandeza del estado.

A finales del año 2007, un grupo de ex alumnos de diversas escuelas normales rurales del país, solicitaron al entonces gobernador Humberto Moreira Valdés, el reconocimiento de coahuilense distinguido al profesor José Santos Valdés García de León, oriundo del Rancho Camargo, municipio de Matamoros, Coahuila, donde vio la luz primera el 1 de noviembre de 1905, y por consiguiente, la inhumación de sus restos en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos, que reposan actualmente en el panteón municipal de Ciudad Lerdo, Durango, tras su fallecimiento, acaecido el 3 de agosto de 1990, en Gómez Palacio, Durango.

Para ello, las comisiones solicitantes de las escuelas normales rurales de Tamatán, Tamaulipas; Galeana, Nuevo León; Salaises y Saucillo, Chihuahua; Santa Teresa, Coahuila; Aguilera, Durango; Cañada Honda, Aguascalientes; y San Marcos, Zacatecas, hicieron valer ante dicho gobernante tanto los méritos pedagógicos, trayectoria, como la labor realizada en beneficio de la educación y el normalismo rural, por tan destacado luchador social y maestro coahuilense, egresado en 1926, de la Benemérita Escuela Normal del Estado.

Después de casi tres años de gestiones, ya en sus postrimerías, el gobierno de Humberto Moreira, en merecido homenaje al ilustre pedagogo, filósofo, periodista y poeta, con el aval y consentimiento de la familia, sometió a consideración del Congreso del estado, la iniciativa del decreto respectivo; órgano legislativo que con fecha 26 de octubre del 2010, mediante Decreto No. 334, promulgado en el Periódico Oficial No. 99, del Gobierno del Estado, del viernes 10 de diciembre de ese mismo año, autorizó tal reconocimiento.

Hasta ahí todo era miel sobre hojuelas y marchaba sobre ruedas. En el firmamento del estado, no se avizoraba nube alguna que oscureciera su horizonte e impidiera por lo tanto, la pronta realización de lo acordado y dispuesto en el decreto en comento.

Más de pronto, aparecieron densos nubarrones, al surgir el escándalo de la megadeuda, que vino a ser —aunado a la falta de voluntad política—, el pretexto perfecto para que lo establecido en el mencionado decreto se fuera al más oscuro de los cajones de los compromisos olvidados, donde pese a las reiteradas peticiones y largas antesalas efectuadas primero en el despacho del gobernador interino, Jorge Torres López, y después en el encabezado por Rubén Moreira Valdez, permanece hasta la fecha.

Rescatarlo de ahí y cumplir con lo establecido en el decreto de mérito, es tarea ahora de Miguel Ángel Riquelme Solís, a quien, como máxima autoridad del estado, corresponde no solo desagraviar a la familia del ilustre fallecido por tan larga espera —que está a punto de arribar ya a los ocho años—, sino lo más importante: cumplir para honra de Coahuila y su gobierno, con ese compromiso de estado hasta hoy, por desgracia, pendiente.

 
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