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  Edición 631
  La evaluación de fin de año
 
Gabriel Pereyra
   
  Los fines de año, de siglos, de trabajos o de vida. Sirven para pensar y valorar si las decisiones que tomamos o que nos obligaron a tomar las circunstancias en la vida fueron aciertos o errores. Finalmente, querámoslo o no, tenemos que evaluar nuestro comportamiento.

La mayoría de las veces salgo con números negros, datos positivos, satisfacciones emocionales, logros profesionales, minutos de exaltación, momentos de tranquilidad y paz, abrazos de amigos, comentarios positivos, risas desbordantes y abrazos solidarios.

Hace unas semanas, Armando Fuentes Aguirre publicó en los 150 periódicos donde escribe un texto lleno de aprecio y solidaridad. Mencionó a Antonio Harp y a mí, como un par de locos que salimos a la calle cuando la temperatura estaba a tres grados bajo cero, para ir al desayuno semanal, lo que calificó como un auténtico acto de amistad.

No importaba el frío, que en el restaurante no hubiera ni un cliente, que el meteorológico anunciara lluvia, más importante era estrecharnos las manos, conversar, darnos de palmadas en la espalda e intercambiar información, anécdotas y saludos por el puro placer de vernos.

Don Juan Antonio García Villa, quien leyó esa nota, me escribió que era un auténtico himno a la amistad. Yo me encargué de distribuirla entre mis amigos y creo que Toño hizo lo mismo, porque ese texto honraba a quien lo escribió y reconocía los lazos que se establecen entre amigos verdaderos. No hay de otros amigos.

Asisto a ese grupo por invitación de uno de los socios fundadores de número y antigüedad. Mi amigo, jefe y maestro don Eliseo Mendoza Berrueto, quien siempre ha sido solidario conmigo. Creo que soy todavía un socio adjunto, porque aunque no se ha dicho nunca nada de estos temas es evidente que los miembros fundadores tienen derechos inapelables.

Pueden llevar otros socios, marcar los temas, introducir los comentarios finales y marcar la pauta de este desayuno de hombres libres a los que los convoca la amistad. Es un número selecto: Eliseo Mendoza Berrueto, Armando Fuentes Aguirre, José Fuentes García, Ramiro Flores Arizpe, Antonio Harp, Gerardo Hernández y yo.

No hay agenda. Conforme van llegando los desayunadores, van saliendo los temas. El buen humor de Armando y su prodigiosa memoria rompen cualquier tensión con un chiste o una anécdota simpática y oportuna. Tiene razón don José Antonio García Villa, es una auténtica fiesta de la amistad.

Me decía don Jesús Silva Herzog, que la amistad es un don que algún dios compasivo y benévolo regaló a los hombres condolido de sus infortunios y dolores. «Pobrecitos hombres, llenos de tantos infortunios», habría exclamado el dios, «regalémosles la amistad. La amistad es precisamente uno de los bienes más preciados que tienen los seres humanos. Por eso es que los resultados de las evaluaciones que se hacen voluntaria o involuntariamente en estas fechas siempre son positivas, porque tengo amigos que valoran y cuidan la amistad. Transcribo la nota de Catón, «que ésa sí es un auténtico canto a la amistad».

¡Feliz y próspero año 2020!

 
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