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  Edición 629
  ¿De qué vas, democracia?...
 
Esther Quintana Salinas
   
  Cuando esto se publique, en Argentina ya habrá tomado posesión como presidente de aquel país el peronista Alberto Fernández, lo acompaña en la vicepresidencia la señora Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta del país, acusada de corrupción, hay 11 causas abiertas por ese delito.

Asimismo, es la primera vez en 70 años que un presidente no peronista logra terminar su mandato. Se va Mauricio Macri, el presidente que no pudo o no quiso finiquitar un modelo basado en repartir los ingresos a cuantos dijeran «yo quiero», el «modelito» funcionó cuando había para financiarlo… hoy no hay, lo dice un connotado economista argentino, Roberto Cachanosky: «Asume el primer gobierno peronista sin caja inicial para financiar el populismo».

El nuevo gobierno no tiene los recursos para «estimular» a su clientela política, «los apechados de siempre». Hay 20 millones de argentinos que viven de lo que pagan ocho millones de sus compatriotas, exprimidos como limones, vía impuestos. ¿Alguna similitud?

En 1930 inició la debacle de un país que en aquel entonces estaba situado como una de las primeras potencias económicas del planeta, con el golpe de estado a Hipólito Irigoyen. La debacle económica arriba de la mano de Juan Domingo Perón en la siguiente década (1940), un coronel admirador del fascista Benito Mussolini, a quien conoció en Italia en sus años jóvenes. Perón y su mujer, Eva, iniciaron su debut en la vida pública, repartiendo cosas. Fue una bacanal populista, la inflación, aunque suene increíble, fue de 18 dígitos: 256,710,707,607,561,000 %. Esa era la cifra de la inflación acumulada reflejada en los precios y en el valor de la moneda. El peronismo lleva asentado en aquel país muchas décadas, como usted verá. Y hoy lo regresan de nueva cuenta los electores.

Es algo similar a lo que ocurre en México con el priismo, es más que un partido político a secas, su larga estancia generó un «sistema de vida», una «cultura», «una manera de explicarse la realidad». Los estudiosos del tema apuntan que el peronismo predica la solidaridad, pero lo que ha sembrado es el más feroz individualismo. Subrayan también que es una manera de obtener y conservar el poder ¿le suena? Y que en el fondo media Argentina es peronista. De hecho hay una entrevista en la que el mismo Juan Domingo Perón se lo dijo al periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza: «Todos son peronistas». Hay peronistas fascistas, de derecha, de centro, comunistas y anticomunistas, incluso hay quienes critican a Cristina por haberse robado millones de dólares, y al propio Alberto Fernández, por sus vínculos fraternos reafirmados con Nicolás Maduro y Daniel Ortega, dos de los dictadores de estos tiempos.

A muy pocos les interesa lo que suceda con el grueso de la sociedad, siempre y cuando se les asegure una tajada del pastel, y por eso votan por el peronismo… ¿le suena familiar? Se vota, no por los mejores, sino por los que les van a dar algo a cambio de su voto, y para nada les hace ruido el lastre de sinvergüenzadas que traigan aparejadas. Según Transparencia Internacional, la entidad que examina el índice de percepción de corrupción pública, Argentina es la nación número 80 del globo terráqueo, con 40 puntos posibles de 100. México ocupa la posición 138 con 28 puntos… ¿qué tal? Los países escandinavos, Nueva Zelanda, Singapur, están a la cabeza con más de 90 puntos. Todos aquellos que están por debajo de 50 puntos están podridos y difícilmente enfilan hacia el desarrollo de sus pueblos. Es como en la escuela, 100 es la calificación para el más estudioso y de 50 para abajo se está reprobado.

Y usted se estará preguntando ¿a qué viene hablar de la problemática de Argentina si aquí en México andamos por las mismas? Pues a eso precisamente, a que parece epidemia volver, volver a lo de siempre. Toda la corrupción y la impunidad generadas en nuestro país, la «sumisión» de millones de mexicanos al sistema de control vía despensas, y todo el largo etcétera de reparto para volverlos incondicionales del régimen en turno; y la complicidad de otros y la indiferencia de otros tantos, con la promesa de que eso se iba a erradicar, 30 millones de mexicanos fueron a sufragar a favor de López Obrador y séquito que lo acompaña en el primer círculo y en el Poder Legislativo. Y la realidad hoy por hoy es que está repitiendo el mismo patrón y más… ¿Cuál transformación?

Los programas asistencialistas al por mayor, sin reglas de operación, financiados con los impuestos de los mexicanos que sí trabajan todos los días, y ahora adjudicados al presidente para que él mismo los reparta… El 80% del presupuesto federal aprobado en la Cámara hace unos días, así va… Y la integración de órganos autónomos con sus fieles y amigotes, y el mismo Poder Judicial, y el Consejo de la Judicatura… ¿ Quo vadis, México?

Y el yes, sir para el gobierno de Trump… y todo lo que estamos viendo en el día a día, a más de lo que no vemos… Se está repitiendo la misma historia… Y la inseguridad sin control, todos los días hay muertos, la delincuencia organizada hace gala de su organización y las fuerzas armadas «instruidas» para repartir abrazos y no balazos, se van convirtiendo en espantapájaros de milpa, son la burla de los malosos.

Cada día matan a 95 personas y 2019 podría cerrar con un nuevo récord. En los primeros 10 meses de este año se cometieron 29,574 homicidios dolosos, 706 más que en el mismo período del año anterior, según cifras oficiales. Y con cero crecimiento económico. Todavía no nos llega el agua a los aparejos, pero ¿qué va a suceder cuando nos llegue y no haya nada qué repartir a los que están acostumbrados a recibir masticadito y en la boca, aunque sean puras migajas?

No es asunto menor, estamos enrutados hacia el absolutismo y la arbitrariedad. Se está legislando a capricho del presidente de la república, que horror, si la seguridad jurídica depende de que haya leyes que nos la garanticen. La democracia no es garantía ni de equidad, ni de sensatez, ni de buen gobierno. Y esto lo destaco porque el señor López Obrador fue electo democráticamente. Hitler también llegó al poder así… ¿Y qué? ¿Hacia dónde llevó a Alemania? Estamos en un escenario que debiera ponernos a temblar, no hay contrapesos institucionales en México, no hay nada ni nadie que contenga el poder del que se está haciendo López Obrador. Un Estado de derecho se sustenta sobre una plataforma de leyes que sí respondan a la problemática que vive la sociedad, eso es esencial en el orden jurídico. Las normas de esta naturaleza así deben ser pensadas por el legislador.

Hoy se está legislando para darle curso a lo que López Obrador quiere, es fecha que ha ido incapaz de reunirse con los representantes de las otras fuerzas políticas, porque su tozudez y su soberbia se lo impiden, está convencido de que la razón la lleva inmersa en su persona y que la única verdad que existe es la suya. Se niega a aceptar que en México hay voces y pensamientos diferentes a los suyos y que está obligado a escuchar, a dialogar. Eso es hacer política. El soberano es el pueblo, y no se trata de un concepto hueco. Tiene un profundo significado, ahí radica la esencia de la democracia. El presidente sigue empeñado en montarse en su identidad partidista y rechaza que en ese pueblo soberano hay otras opiniones que ni siquiera coinciden con la suya, pero que existen y tiene que darles el espacio, como Jefe de Estado que es. No hay otra forma de construir bien común. La circunstancia de que tenga mayoría en el Congreso y le aprueben cuanto les mandata, no significa que tenga razón. Tener la mayoría nunca ha sido sinónimo de tener razón. Incluso, se han cometido injusticias, inequidades y crímenes al amparo de esas mayorías.

Es tiempo de que los mexicanos asumamos nuestra investidura ciudadana y actuemos en consecuencia. No es posible seguir parapetados en la indiferencia, viendo cómo suceden los hechos y pretender que van a resolverse por obra y gracia de la casualidad. Ya es hora de asumir nuestra adultez ciudadana y hacernos cargo de los servidores que elegimos para que representen nuestros intereses en los espacios del poder público. En nuestro país por ley existe un sistema de partidos políticos y también las candidaturas independientes; no han tenido el eco que se esperaba estas últimas, y los primeros no gozan de simpatías, y deje usted las simpatías, no tienen la confianza de los mexicanos.

Los políticos y la política se han convertido en sujetos de rechazo público. Pero hagámosnos cargo, hay también responsabilidad en quien elige. Tenemos que ejercer nuestro derecho a sufragar, y obligación a la vez, con responsabilidad. Tenemos que aprender a no votar a ciegas, es decir sin conocimiento de la trayectoria del candidato o candidata que va a pedirnos el voto, o no nos quejemos después de que lleguen descastados, sinvergüenzas, vividores, mentirosos y todos los epítetos que se ganan a pulso con su actuación huérfana de ética, o con su mediocridad, o sin el perfil que demanda el cargo para ser ejercido con eficiencia y con eficacia.

Tomemos las riendas de México, México somos nosotros, construyamos fuerzas políticas verdaderamente representativas de nuestros intereses, capaces de defender lo nuestro dentro de los límites del bien común, porque esa es la aspiración de un pueblo sensato y que se quiere a sí mismo. Ya deshagámonos del mugrero en que han convertido a la democracia y a la política una caterva de mediocres logreros de todos los colores. Hay gente honorable en todos los partidos políticos y en el seno de la sociedad. Aprendamos a elegir con inteligencia y bien informados.

Los partidos políticos tienen que entender que la gente no les va a votar a favor cualquier propuesta y por ende tienen que esmerarse en presentar a los mejores. Y cuando apunto mejores, me refiero a los más capaces, comprometidos y honestos. Para eso es la hoja de vida con la que se registran. Y usted indague y pregunte, no se conforme nomás con lo que le digan en el tríptico o en el volante. Van a ser sus empleados, usted los va a pagar, de modo que póngase bien exigente.

En 2021 vamos a elegir diputados federales. Es una elección trascendental, es la oportunidad que tenemos los mexicanos de crear un contrapeso institucional al Poder Ejecutivo. Es de vida o muerte para México que ese contrapeso esté integrado por personas inteligentes, con vocación de servicio, comprometidas con sus representados y con honestidad probada.

Y cierro, deseándoles una Navidad hermosa, con toda la calidez que el amor, la alegría y la paz del advenimiento del Hijo de Dios nos trae, en la compañía y el abrazo de nuestros seres queridos. ¡Feliz Navidad!

 
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