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  Edición 629
  Victoria pírrica
 
Marcos Durán
   
  Entre los militares más conocidos de la antigüedad destaca la figura de Pirro, general griego que derrotó a las legiones romanas y que estuvo a punto de hacerse con la parte meridional de la península italiana. Discípulo del rey macedonio Demetrio I Poliorcetes. Pirro participó como soldado en la batalla de Ipsos, al lado de Ptolomeo, discípulo de Alejandro Magno.

En el año 281 A. C., atendiendo una petición de los pueblos tarentinos, sammitas y lucanos, en guerra con Roma, reclutó un ejército de 25 mil hombres y causó la derrota del ejército enemigo en la ciudad de Heracles. En el 279 A. C. libró otra gran batalla en Asculum en la que, a pesar de imponerse, perdió miles de hombres y gran parte de sus oficiales, lo que fue considerado una gran derrota o una «victoria Pírrica».

La guerra que el gobierno de Miguel Riquelme ha declarado a la delincuencia organizada luego de la matanza en Villa Unión ha sido presentada por la propaganda oficial como una muestra de valentía. El hombre que dio cara al crimen que quería regresar a Coahuila —si es que alguna vez se fue—. Se honran a sí mismos y su grupo se encarga de difundirlo. Ante los yerros del gobierno de AMLO en este rubro y luego del episodio fallido en Culiacán y Ovidio Guzmán, las huestes de Riquelme lo quieren hacer ver como héroe.

Pero desde Saltillo y con 300 escoltas cuidándome, yo soy capaz de declararle la guerra hasta a Trump. Y es que la brutalidad del ataque en Villa Unión dejó una estela de muerte y destrucción con víctimas civiles y de fuerzas policiacas con un saldo de 26 muertos: 20 sicarios, cuatro policías y dos bomberos que fueron secuestrados. Semanas antes, ataques similares en el norte de Coahuila habían dejado también a marinos y policías muertos. En todos los casos, el común denominador fue el mismo: civiles y agentes muertos y bajas colaterales que parecen mínimas para el gobernador de Coahuila.

La fórmula es la misma. Armar hasta los dientes a grupos especiales que de presentarse hechos como el de Villa Unión debe ser abatido en caliente que luego averiguamos. Con records de violencia, la guerra en contra del narcotráfico se perdió hace mucho tiempo y cada año es declarado como el más violento y el 2019 no será la excepción. Enfrentar a los grupos del crimen organizado no ha bajado la violencia.

Quisiera equivocarme, pero lo de Villa Unión y el ataque del cartel que controla esa zona tendrá repercusiones. La experiencia de episodios similares nos indican que los criminales aplican la segunda ley de Newton en una brutal historia de nunca acabar. Casi medio millón de muertos en 13 años y seguimos sin entender que la violencia solo genera violencia. Me podrán decir y con toda razón, que en Villa Unión la única opción era responder con toda la fuerza del Estado. Pero hay suficientes evidencias para creer que las autoridades estatales y federales supieron con suficiente tiempo que una enorme caravana de sicarios se acercaba hacia Coahuila. Que no se acepte es otra cosa. La protección de la población civil por supuesto es la prioridad, pero nadie habla de la prevención, solo de la reacción que ha dado oxígeno artificial al régimen de Riquelme que puede irse olvidando del discurso de que «Coahuila está libre de grupos de la delincuencia organizada».

El país se desangra y en Coahuila los aduladores oficiales aplauden. En la Grecia de la antigüedad, Pirro, rey de Epiro, era un hombre que a pesar de las victorias militares, su posición se volvía cada vez más difícil porque perdía muchos hombres en todos los enfrentamientos. Sus aliados en Italia se mostraban cada vez más reticentes a apoyar su causa y su propio reino estaba amenazado a causa de las luchas entre espartanos y macedonios. Pirro fue un pésimo general y peor estratega. Un gobernante incapaz de aprovechar sus victorias para variar el curso de los acontecimientos. Su huella histórica se reduce al acopio en su nombre de la expresión «victoria Pírrica».

Ante la violencia que no se detiene y con Riquelme obsesionado en su estrategia, podría exclamar lo que dijo Pirro, rey de los Epiros, cuando tras vencer a los romanos observaba en el campo de batalla a miles de sus propios soldados muertos y gritó: «¡Otra victoria como esta y regresaré solo a Epiro!».

 
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