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  Edición 628
  ¿Indignados?
 
Rosa Esther Beltrán
   
  Con la llegada de Evo Morales al país en calidad de asilado, la irritación llenó las columnas y las páginas de la prensa mexicana, «…hasta un avión para Evo», el principal motivo del berrinche y la exasperación fue la pretensión de reelección y el presunto fraude electoral de la reciente elección en Bolivia.

Pocos se fijaron en las agresiones de que fue objeto el expresidente; lo sacó de su país un golpe de Estado perpetrado por las oligarquías de Bolivia, las camarillas usurpadoras que buscan explotar las riquezas con las que cuenta ese país —sobre todo el litio, que será el sustituto del petróleo en muchos productos— y subyugar al 62.2% de los pueblos indígenas, los que suelen ser los más desfavorecidos en ingresos y servicios básicos, además de los ataques contra la familia de Evo.

Estoy de acuerdo con que la pretensión de perpetuación en el poder resulta irritante e inaceptable, Evo debió preparar su salida, no su permanencia, en el poder, su partido podría haberlo hecho, mas el poder es un deleite al que muy pocos pueden renunciar.

El gobierno mexicano ofreció asilo a Evo Morales para darle seguridad y proteger su vida, aunque esto poco importa a sus críticos; la salida del expresidente boliviano no fue fácil, es de comprenderse, pero llegó a México y aquí comenzó su nueva historia: «AMLO me salvó la vida», reconoce. «Seguiré en la política sin cambiar mi ideología», dijo y agradeció el apoyo del pueblo de México.

La congruencia ha sido un distintivo del gobierno de AMLO, pero sus opositores intentan justificar el golpe de Estado contra Evo, en ello están grupos empresariales, factores de poder y algunos medios de comunicación nacionales e internacionales, dejando de lado que durante los 12 años de gobierno de Morales la economía boliviana creció al 5%, siendo el tercer país con el mejor desempeño de América Latina, solo atrás de Panamá y Perú, ya quisiera México haber alcanzado ese crecimiento con los gobiernos del PRIAN.

Al comenzar su gobierno, uno de los principales propósitos de Evo era reducir la pobreza extrema, lo cual logró al pasar ésta de 31.2% a 16.2% y su compromiso en la última campaña era llegar a una reducción del 5% de ese indicador; la inflación fue moderada y mejoraron los indicadores de analfabetismo así como la distribución del ingreso, los salarios crecieron, Bolivia es el país más bajo en jóvenes inactivos, también el comercio exterior se fortaleció con ese gobierno; PAN y PRI, quieren más.

Los grupos conservadores opositores al gobierno de AMLO, molestos por el asilo concedido a Evo, olvidan que durante casi 80 años México ha sido generoso con los perseguidos políticos. El ejemplo del presidente Lázaro Cárdenas con los exiliados españoles es inolvidable, pero igual hubo asilo para chilenos, argentinos, uruguayos y gran cantidad de víctimas de otras naciones perseguidas por gobiernos genocidas. El asilo político es una tradición de la historia nacional del siglo XX, aunque con Vicente Fox, «el comes y te vas» fue una actitud excluyente que no se olvida.

El pripanista Javier Lozano exigió al canciller Marcelo Ebrad que trabaje para los mexicanos y no para hacerle fiestas a un vulgar dictador. Ante la información de que Evo llegó a México sano y salvo, Lozano twitteó: «cosa que me vale toneladas de madres», ¿incluiría la de él? ¡Qué grosero e irrespetuoso!, pero así son los conservadores, excluyentes, racistas, aunque no todos.

Igualmente para Donald Trump, quien considera a los siniestros sucesos en Bolivia como «un momento significativo para la democracia en el Hemisferio Occidental». En cambio, Roger Waters, músico y activista, le deseó al expresidente que su estancia en México fuera corta y volviera pronto porque Bolivia lo necesita.

Evo Morales, bienvenido a México.

Heroínas invisibles

La pregunta de por qué la historia mexicana registra una escasa participación de las mujeres en las gestas heroicas nacionales tiene varias respuestas. Una muy sabida es la discriminación patriarcal, el conocido machismo, el predominio de los hombres sobre las mujeres, la supremacía racial por la que los europeos y los criollos estaban no solo sobre los varones nativos, mucho más sobre ellas.

En la celebración de los 109 años de la Revolución Mexicana fue una fecha conveniente para revivir y rememorar no sólo a las muy conocidas Adelitas y Valentinas sino a otras que fueron cocineras, nanas e incluso participantes en el frente de la lucha heroica de quienes forjaron nuestra historia peleando por los derechos que posteriormente se ganaron: el derecho a la educación pública, a la salud, a la posesión de la tierra, a las 8 horas de la jornada de trabajo, entre otros.

Elenita Poniatowska fue quizá una de las primeras escritoras que se ocupó de las mujeres revolucionarias pero muchas otras permanecen ocultas, aunque fueron soldaderas o soldadas, término que mantiene una connotación negativa que implica mujer vulgar, plebeya, a pesar de que ellas fueron estrategas y espías, pero para tomar las armas y participar en las grandes batallas debían vestirse de hombres y hasta cambiar de nombre. Petra Herrera, entró a las tropas de Francisco Villa con el nombre de Pedro Herrera, tuvo que travestirse y así poder asociarse con él a quien no le gustaba la participación de mujeres en la tropa y por ello la expulsó.

Petra consideraba que la verdadera acción estaba en medio del polvo, la sangre y las balas, justo en la trinchera donde cada día cientos de hombres se jugaban la vida, ella quería estar ahí.

Al ser excluida por Villa, Petra formó un ejército de 400 mujeres que exitosamente intervinieron en la Toma de Torreón, mostrando un liderazgo ejemplar que no fue reconocido, por lo que en 1917 Pedro Herrera, Petra, se alió con Venustiano Carranza con quien sus éxitos continuaron, por ello solicitó ser ascendida a generala, lo que le fue negado, porque aun ese término no era usado, sin embargo más tarde se le concedió el grado de coronel. Es poco lo que se sabe de la procedencia y la vida de Petra Herrera sólo su participación con los Dorados de Villa es lo más difundido.

En la etapa de la Revolución Mexicana la guerra era la vida, el modus vivendi era el conflicto bélico que se extendió por 10 años, pero aun hay luminarias ocultas en la penumbra, multitud de mujeres de las etnias, valientes, rabiosas, leales y trabajadoras que se sumaron al atroz himno de sangre y muerte con que se construyó la historia de nuestra Revolución (Elena Poniatowska).

Petra fue una invitada especial en la conmemoración de los 109 años de la Revolución representada por una locomotora de ferrocarril de 66 toneladas de peso, que formó parte de la Revolución Mexicana, se instaló en el Zócalo de la Ciudad de México y fue el transporte del Ejército Libertador del Sur.

La metáfora de Petra la guerrillera y la locomotora es adecuada, sí, porque Pedro Herrera, Petra, fue eso, una máquina que con su fusil abría paso a las tropas, una pesada máquina que iba hacia adelante colocando dinamita para derribar puentes y muros, mirando al futuro para dejar atrás una realidad que esclavizaba al pueblo y forjar un país de ciudadanos libres.

En la conmemoración del 20 de noviembre se resaltó el papel de otras mujeres de la Revolución, como Carmen Serdán, revolucionaria antirreeleccionista, periodista, enfermera y quien además fue estratega de las batallas revolucionarias.

Los últimos gobiernos del PRIAN quisieron borrar de la historia esta fecha histórica, ahora revive y en ella vemos lo que los mexicanos somos.

 
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