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  Edición 628
  El arduo camino de la creación
 
Edgar London
Twitter: @EdgarLondonTuit
Sitio Web: www.edgarlondon.com
Email: correo@edgarlondon.com
   
  Hoy, cuando la literatura parece fragmentarse en mil y una instancias que se apartan del universo típico y lógico de las letras para darle entrada a otros enseres, acaso parásitos, pero que han de acomodarse de igual y riguroso modo en la alforja del creador, me parece pertinente arriesgar unasíntesis de ese arduo (y moderno) camino que ha de transitar cualquier idea que espere, en un momento dado, convertirse en libro.

Esta difícil locomoción se puede desglosar en elementos o pasos que inician, por supuesto, con el escritor, para darle continuidad con el editor, el diseño, la imprenta, —hasta ahí, lo típico— y continuar con los promotores e Internet, la distribuidora, la comunicación y, aparentemente, concluir al pie de librerías y tertulias.

Una y cada una intentaré, salvando espacios y provocando resúmenes, presentar en esta columna. Acaso para avisar a los noveles escritores sobre los que se avecina o compartir con el desocupado lector los vericuetos que se ocultan en la historia de ese libro que entibian sus manos.

El escritor. Se sienta a escribir —si no emula a Hemingway que solía hacerlo de pie— a diario o cuando la musa lo visita. El resultado que se busca es el mismo. El manuscrito glorioso con que ha de abrir, cual llave mágica, las puertas que hasta entonces permanecen cerradas.

El editor. Más temprano que tarde conoce al responsable de dar el «sí» en alguna editora incierta. Con este enigmático personaje se intercambian ideas, se discuten opiniones y, si es el caso, se aceptará el manuscrito que podrá pasar a corrección.

Diseño. Es el turno de ser creativos para una legión de diseñadores, correctores, dibujantes, investigadores y especialistas en buscar las estrategias para conquistar lectores.

La imprenta. Sea convencional o digital no escapamos de los enormes rollos de papel y el ruido. Ahí se aprende que un libro no es solo un ente abstracto sino un producto en el cual intervienen muchas personas y circunstancias. Casi siempre es en esta parte donde chocamos con la fatídica frase «no hay recursos».

Promotores e Internet. De nada vale escribir un libro si nadie lo conoce. Por eso es tan importante este paso, donde se ayuda a nuestra obra a darse a conocer entre las miles similares que se imprimen cada año. Además de los medios convencionales, resalta el uso de Internet, pues hoy, si no estás en la red de redes, no existes.

La distribuidora. La estrategia de ubicación de los ejemplares implica una organización que muchas veces escapa a la habilidad del autor. Por eso lo mejor es encargársela a quienes dominan el espectáculo de la distribución. Nunca mejor dicho.

La comunicación. A inicios del siglo XXI no basta con pegar un afiche en la vidriería de un negocio para vender una obra. Se necesita buscar la mejor manera de colocar el producto. Conocer el nicho de lectores potenciales y, nunca está de más, saber de qué manera puede ser más efectiva esta ubicación a partir de la comunicación con el usuario.

Librerías y tertulias. Interacción. Muchas veces esa es la clave del éxito. Hoy no gustan los autores fantasmas. Es importante intercambiar experiencias con ellos. Tal axioma justifica con creces este posible último paso en el camino.

 
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