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  Edición 628
  Así no…
 
Esther Quintana Salinas
   
  El lunes 25 de noviembre, en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, asistimos vía televisión a otro espectáculo deplorable de protesta de mujeres que han sido víctimas de este agravio, de las que se suman por sororidad, de parientes de mujeres que han muerto o desaparecido y nunca se ha castigado a los responsables. Como ser humano que soy jamás estaré de acuerdo con una vejación a la integridad de persona alguna. Ni creo que nadie en su sano juicio lo esté.

Lo que exhibieron las mujeres que protestaron en la Ciudad de México, fue exactamente lo mismo que en la marcha de hace unos meses. ¿Utilizar violencia para protestar por la violencia? Es de locura. ¿Así es como han determinado manifestar su repudio a una conducta deleznable que vulnera la dignidad de un ser humano, y cuanto le es caro a su condición de persona? ¿En qué solventa ese salvajismo la situación de las víctimas? ¿Esa es la manera que tienen las feministas de obtener resultados a sus demandas en torno a la violencia machista?

Hay una ideologización de las agresiones a las mujeres con la que se instrumentaliza políticamente el maltrato y que hoy se está utilizando para polarizar posiciones políticas. La llaman violencia de género, tiene profundas connotaciones ideológicas, el término se utiliza para clasificar un determinado tipo de violencia. La expresión violencia de género no abreva lingüísticamente en el castellano, es una traducción del idioma inglés: gender-base violence o gender violence, y empezó a ponerse en boga tras el Congreso sobre la Mujer, celebrado en Pekín por la ONU en el año de 1985. La Real Academia de la Lengua ha sido puntual por cuanto al uso de la expresión, señalando que no era la adecuada, toda vez que la palabra inglesa «gender» se emplea para hacer hincapiéen diferencias sociales y culturales, no en alusión a una condición biológica, como lo es el sexo, y recomendóel que se usara la expresión «violencia doméstica». En España esto no se tomóen cuenta y durante el gobierno socialista de JoséLuis Zapatero quedóde firme en la legislación de la materia, y se adoptóporque son precisamente esas «cualidades» socioculturales que apropia el término, referidas a desigualdades de carácter social, política, laboral, económica, etc., con las que la izquierda de corteidentitarista vincula el género con las «teorías interseccionales», muy «útiles» para sustentar sus tesis de oprimidos y opresores por razón de raza, orientación sexual, sexo, etc., que les dan el motivo ad hoc para promover reformas legales asociadas a postulados cuasi marxistas. De ahí la relevancia de la repetición del dogma, hasta que lo institucionalizaron. Yo discrepo, porque la violencia no tiene género. Tiene autores concretos que deben responder por sus actos penalmente, no por circunstancias biológicas sino porque se trata de conductas tipificadas como delitos. Yo no soy feminista, pero creo que el feminismo genuino reivindica la igualdad ante la ley como manifestación de justicia, no de un privilegio que nace de la venganza. Están a la vista la instrumentalización política del feminismo y del maltrato a las mujeres, tendríamos que estar ciegos para negar lo obvio, pero dada nuestra indiferencia endémica, la hemos dejado correr y la izquierda identitaria la ha ido incrustando en el imaginario colectivo.

La violencia se ha acendrado en nuestros días de una manera escalofriante, se ha vuelto parte de una realidad que debiera estremecernos y ocuparnos como sociedad, no dejárselo nada más a los órganos del Estado. La violencia ha invadido la cotidianeidad, la nuestra. Cada día aumenta la inseguridad de manera alarmante… ¿De dónde están saliendo tantos maleantes? Porque coincidirá usted conmigo, estimado leyente, que su aparición no es por generación espontánea. La Organización Mundial de la Salud (OMS) apunta que cada año más de 1.4 millones de personas pierden la vida debido a la violencia. El incremento de este fenómeno va a la alza.

La violencia hacia las mujeres es un fenómeno in crescendo… ¿Qué lo está acentuando? No se trata únicamente de violencia física, hay toda una gama de la misma: psicológica, patrimonial, económica, sexual. Estamos en pleno siglo XXI, con toda una gama de «avances» producto de la Revolución Tecnológica pero…

La condición de vida de nuestras bisabuelas, abuelas y madres, mujeres del siglo pasado y hasta del antepasado, comparada con la de hoy, pues ha cambiado de manera sustantiva… ¿O no? Al parecer no ha sido suficiente, permanecen vigentes los abusos, las inequidades, las injusticias… Pero ¿por qué? ¿Cómo se está educando hoy día a los niños y niñas de este país? ¿Cómo se les está formando? ¿En dónde está la fisura para que prospere la agresividad en el trato y se llegue hasta los extremos de privar de la vida a otro ser humano?

¿Qué está sucediendo con la familia? Es en su seno donde los seres humanos aprendemos a ser personas, a respetarnos, a convivir con nuestras humanas diferencias, a tolerar, a escuchar, a ser escuchados. Es ahí donde aprendemos a conjugar el verbo amar y cuanto ello implica. ¿No será que hay mucha soledad interior? ¿No será que los padres se han ido lavando sus manos en la formación de sus hijos? ¿No será que la ternura y el comedimiento dejaron de ser parte del trato cotidiano? ¿No será que ahora los «padres» de los menores son el Internet y la televisión sin supervisión alguna? ¿No será que en lugar del diálogo se privilegió el silencio?

¿Usted cree que es fortuito el aumento de divorcios? ¿Usted cree que es normal el número de agresiones físicas que se denuncian ante la autoridad? ¿Usted cree que el fenómeno del llamado «bullying» escolar es algo pasajero e intrascendente? La violencia simple y llanamente: ES INACEPTABLE, no hay justificación alguna. Empieza por pellizcos, por jalones de brazo, por golpecitos aparentemente sin importancia. Pues deben evitarse, ahícabe la intolerancia por ser un trato absolutamente inapropiado. La gente se acostumbra a las agresiones, tanto el que la profiere como el que las recibe. Y precisamente la violencia intrafamiliar se «alimenta» del apego afectivo. Este apego, infortunadamente, la justifica lo explica, lo normaliza en el ánimo de quien la padece. Y esa violencia puede ser física o emocional, ambas son dañinas y destructivas. Si el muchacho la vive en su casa, la asume como ordinaria, se acostumbra a ella y la ejerce.

Los estudios sobre el origen de la violencia, reportan que entre los problemas que se relacionan con ella, está presente la exclusión, y que esto se manifiesta en la escuela desde los 8 a los 10 años de edad y en el comportamiento violento en la juventud y en la edad adulta. Según esta investigación, «los adultos violentos se caracterizaban a los ocho años por: ser rechazados por sus compañeros de clase; llevarse mal con sus profesores; manifestar hostilidad hacia diversas figuras de autoridad; expresar baja autoestima; tener dificultades para concentrarse, planificar y terminar sus tareas; por falta de identificación con el sistema escolar; y por abandonar prematuramente la escuela». Y se plantea que en la exclusión social puede estar el origen de la identificación con la violencia que padecen algunos individuos.

Me queda claro que la violencia de componente machista existe, pero esto no significa que cualquier agresión a una mujer deba reputarse como machista, ni que todos los hombres son agresores potenciales. Lo que sí dice el sentido común es que una persona amada por sus padres, formada con principios y valores, tiene menos probabilidades de convertirse en un monstruo golpeador o en víctima de un individuo con semejante veneno en su conducta.

Es impostergable informarse del tema: jamás dar por sentado que conocemos sobre un tópico. La mayoría de las personas ignoramos aspectos sustantivos sobre la violencia. Al ocuparnos de esto podemos ser capaces de identificar estos patrones de conducta y prevenir situaciones de riesgo. Hagamos nuestro el diálogo respetuoso y la tolerancia para la solución de diferencias, recordemos que hablando se entiende la gente. Y sobre todo, tratemos a los demás como nos gusta que nos traten.

Es momento de plantar posicionamiento como integrantes de una sociedad a la que pertenecemos. Tenemos un deber moral de hacerlo por quienes han sufrido los daños que trae consigo la violencia, para que esas víctimas dejen de ser utilizadas para armar un espectáculo denigrante para nuestra condición de seres pensantes, como el exhibido por las mujeres el pasado lunes 25 de noviembre. Como mexicanos, como ciudadanos, tenemos la obligación de defender el Estado de Derecho, que es el garante de nuestra convivencia civilizada. De no hacerlo, atengámonos al regreso a la ley de la selva.

 
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