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  Edición 628
  Feminicidios sí, crimen organizado no
 
Marcos Durán
   
  Gabriela Kobel Lara, alcaldesa de Juárez, Coahuila, la maestra Juana Mireya Fernández y la jovencita Gabriela Elizabeth Rodríguez Saucedo tienen algo en común. Las tres fueron brutalmente asesinadas. A Gabriela Kobel un hombre le disparó y luego incineró su cuerpo, a Gabriela Rodríguez su pareja la asesinó y luego la destazó. De ella solo han encontrado su torso. Del crimen de la maestra Juana Mireya Fernández sabemos que fue ejecutada de un tiro en la cabeza en pleno desfile de la revolución en una transitada calle de Torreón.

En los tres casos, el gobierno de Coahuila de inmediato echa a andar su maquinaria mediática para decir que se trataban de acciones directas en contra de ellas, rencillas personales imposibles de controlar y lo más importante: que el crimen organizado no tuvo nada que ver en estos hechos. En esa lógica, para el gobierno de Miguel Riquelme, un feminicidio es menos grave que uno cometido por el crimen organizado.

Y es que empeñados en dibujarnos un Coahuila en donde los carteles del narcotráfico no tienen presencia, el gobierno de Riquelme de inmediato sale a aclarar algo que nadie le pidió, en un intento desesperado por reafirmar su propio concepto de seguridad, que es el cuento de que aquí no opera el crimen organizado, y minimizando cifras terribles como los 100 suicidios que hasta ayer sumaban en Saltillo y la zona metropolitana o los 23 feminicidios en el estado durante el 2019, los innumerables robos de autos, los asaltos. No, aquí de lo que se trata, es decir: Feminicidios sí, crimen organizado no, suicidios sí, crimen organizado jamás.

Pareciera que luego de dos años en el gobierno, en el olvido ya, la falta de legitimidad en su arribo al Palacio Rosa, un gobierno federal opositor y que pudiera dar en cualquier momento un manotazo en Coahuila, ahora, el último reducto de gobernabilidad ante los coahuilenses es la seguridad, pero en especial, la no presencia de grupos del crimen organizado en el estado sería la premisa. El propio secretario de Seguridad Pública del estado lo declaró hace unos días y lo cito textual: «Coahuila está libre de grupos de la delincuencia organizada». Hemos pasado pues de la época conocida como «De la seguridad me encargo yo» de Rubén Moreira a «La seguridad soy yo» de Miguel Riquelme.

Así que partiendo de eso, una vez que convencen a su minúsculo grupo de que el crimen organizado no existe, entonces por lo tanto en Coahuila estamos seguros.

Pero los suicidios y los feminicidios y aun las acciones del crimen organizado están ahí, aunque se les minimice. No se trata de hechos aislados, es algo tan común que cada dos días una persona se suicida en Coahuila y una mujer es asesinada cada 20 sin que pase nada. Para eso no hay grandes anuncios ni banderazos de salida. Tampoco cortes de listones ni mucho menos alguna licitación a la que le puedan poner interés… de menos económico.

Por eso, hace unos días que se celebró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en una sociedad como la de Coahuila, en donde se les discrimina y un gobierno estatal para quien los crímenes en contra de ellas, importan poco o nada, por lo que no debería de sorprendernos entonces, que en un mundo en donde las mujeres sufren los convencionalismos y estereotipos sobre la masculinidad y la feminidad, que éste y otros efectos se hayan integrado por siglos en las mentes y la sociedad, dando paso primero al sexismo, y después a la subestimación y la idea definida de que las mujeres no merecen las mismas oportunidades laborales y educativas que los hombres. Esa es la mejor forma de perpetuar la violencia y las desigualdades… Y lo seguimos haciendo.

La violencia y el sometimiento de las mujeres son un acto tan antiguo que todo se ha convertido en una norma sociocultural profundamente arraigada y aceptada en el mundo. Un acto tan antiguo que se incluye hasta en el libro del Génesis.

Lograr algún cambio, significaría algo tan profundo como la refundación misma de la sociedad y el papel que en ella jugamos mujeres y hombres. 23 mujeres han pagado con su vida el querer alejarse de la violencia, y para ellas la única oportunidad de igualdad con el hombre en un estado como Coahuila ya es solo una: La muerte.

 
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