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  Edición 628
  Saltillo y su alcalde
 
Francisco Aguirre Perales
Twitter: @aguirreperalesf
   
  El resultado de la estrategia implementada por el alcalde de Saltillo para lograr que la ciudad que gobierna avance con signos de progreso reside en gran parte en que supo escoger a sus colaboradores con base en un equilibrio de fuerzas específicas, no tanto políticas, que formaran la primera línea de mando y dejar que él fuera el centro de una exposición política al mismo tiempo que el director del conjunto oficial.

Formó un gabinete heterogéneo con funcionarios de diversas disciplinas, que encarrilados le han dado sentido de equipo de manera que no se permitan guerras intestinas que provoquen antagonismos, produzcan hostilidades y lleguen a su punto de inflexión.

Aquí quiero abrir un paréntesis para comentar lo que un lector, en forma por demás frívola, expresó sobre el comentario que hice del alcalde de la ciudad de Torreón, en donde hago referencia de lo que considero son prácticas que se puede pensar que se obtienen ventajas en algunos casos de carácter económico, o incumplimiento por parte de la autoridad municipal en satisfacer solicitudes ciudadanas sobre alguna obra o servicio público, por lo que según mi lector piensa que estoy haciendo proselitismo político al alcalde saltillense a costa de señalar fallas del presidente de esa ciudad. Cierro.

Quiero expresarle al lector lo que en otra ocasión he manifestado en el sentido de que no conozco personalmente al presidente de Saltillo, jamás he cruzado palabra con él ni me mueve el más mínimo interés en halagarlo, mentirosamente, para obtener alguna ventaja subyacente.

Lo que escribo sobre su trabajo como alcalde es lo que a los ciudadanos nos consta y sobre todo lo que organismos nacionales consignan en sus evaluaciones, en donde Saltillo sobresale en renglones tan importantes como: ciudad para vivir mejor; un ambiente laboral que permite a los inversores voltear la vista hacia esta ciudad; a gozar de una seguridad que permite realizar actividades en horarios nocturnos; a transitar por una ciudad iluminada al 100%; a deambular por vías limpias y arregladas con un mobiliario urbano ordenado; a preservar una cultura de primera de la que nos sentimos orgullosos; en fin eso solo es un esbozo de las responsabilidades que se cumplen y que dan como resultado que el humor social de satisfacción predomine.

Por otro lado, también es de reconocerle su pulcritud en el manejo de las finanzas municipales; de la transparencia con la que se trabaja; de ser un municipio cuya deuda no es preocupante; y seguramente se me escapa algún otro logro que no lo tengo en este momento registrado.

Debe ser difícil y extremadamente laborioso conducir una ciudad de un millón de habitantes y con casi 400 mil vehículos que cotidianamente buscan la vida, de igual manera saber congeniar con grupos cuyos intereses le dan más peso a los pesos y tener la capacidad de disipar discrepancias con el fin de que se equilibren las fuerzas para que no incidan en la marcha de nuestra ciudad, etcétera.

Del mismo modo la autoridad municipal ha mostrado interés para no dejar de lado un asunto vital por tratarse de la identidad de nuestra ciudad, y es el que se refiere a su Centro Histórico cuyos edificios, casas y monumentos le imprimen la frecuencia necesaria en su mantenimiento de manera que se salvaguarde su historia con el objeto de que el turismo y los propios saltillenses admiremos esa área dedicada a conservar nuestras raíces.

Estemos orgullosos de que nuestra ciudad tiene más de 400 años de vida, lo que quiere decir que tenemos historia, de lo que precisamente no se pueden jactar algunas ciudades jóvenes que apenas sobrepasan los 100 años.

Dejemos atrás los sentires ligeros que sin conocimiento de causa profieren y aceptemos los resultados que en forma irrebatible nos señalan los expertos nacionales, no oficiales.

El camino en los medios es muy interesante, muy apasionante, y gratificante agregaría, nada más que conlleva responsabilidad, pero cuando se produce con sustentabilidad, honestidad, veracidad e imparcialidad ayuda a soportar señalamientos que en un momento dado se puedan imputar ante la inconveniencia de su emisión.

La verdad dicha debe ser nuestra compensación.

Se lo digo en serio.

 
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