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  Edición 627
  En movimiento por la Amazonia
 
Rosa Esther Beltrán
   
  Es un saber común que la selva de la Amazonia es el bosque tropical más extenso del planeta que destaca por ser una de las ecoregiones de mayor biodiversidad de nuestro planeta, declarada una de las siete maravillas del mundo (2011), y que gracias a ella se mantiene el equilibrio climático.

Los incendios en esa zona comenzaron en agosto de este año y los expertos en biodiversidad consideran que muchos de los daños provocados a la fauna y la flora son irreversibles, estiman que la recuperación tardará cientos de años.

Ante la tragedia, en un encuentro de 21 días de octubre de este año, se celebró el sínodo «Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral», convocado por el papa Francisco con el fin de «identificar caminos, especialmente para los indígenas, frecuentemente olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, también como resultado de la crisis de los bosques amazónicos, pulmón de capital importancia para nuestro planeta», estableció el Papa.

Fueron 87 mil participantes en un intercambio abierto, libre y respetuoso de los obispos, misioneros, misioneras, laicos, laicas, de los pueblos indígenas y representantes de diversas iglesias de la Amazonia que realizaron el evento eclesial marcado por la urgencia y la dramática situación de destrucción que afecta a esa zona que comprende nueve países y representa una realidad pluriétnica, pluricultural y plurireligiosa.

Los jóvenes, los migrantes, las mujeres fueron voces y rostros presentes, realidades incluidas en los nuevos compromisos para la participación activa porque la madre tierra tiene rostro femenino, por lo que urge reconocer y promover su participación en defensa de sus derechos en las iglesias, se dijo.

En la asamblea sinodal de la Región Paramazónica, el documento final destaca 20 puntos significativos señalados como urgentes para marcar la ruta de las iglesias, estos fueron puestos en manos del Papa Francisco y algunos son:

El rechazo al proselitismo y la inculturación colonialista y en cambio se propone el estudio de las tradiciones de los grupos étnicos amazónicos para defender su identidad y cultura a través de acciones educativas.

La ecología integral como el único camino posible para salvar a la región, pues no hay otra senda viable más que ir en contra de la explotación ilimitada de la «Casa común» y de sus habitantes asumiendo la defensa de los derechos de los indígenas.

Compromiso en la defensa de los derechos humanos con denuncias en voz alta sobre la explotación de las multinacionales en la destrucción extractiva, apoyando campañas de desinversión de esas industrias relacionadas al daño socioecológico de la Amazonia. Exigir la creación de un fondo mundial para cubrir parte de los presupuestos de las comunidades presentes en la Amazonia que promueven su desarrollo integral y autosostenible con el fin de reparar la deuda ecológica que tienen los países con la Amazonia.

Reclaman que se confieran y desarrollen ministerios para hombres y mujeres y sea instituido el ministerio de la mujer dirigente de la comunidad; que se fomente también la formación de mujeres en estudios de teología sistemática y derecho canónico, valorando su presencia en organizaciones y liderazgo dentro y fuera del entorno eclesial.

Abrir la posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres idóneos y reconocidos de la comunidad pudiendo éstos tener familia legítimamente constituida y estable.

Las conclusiones del sínodo abren una puerta de consecuencias impredecibles ya que se pone sobre la mesa la tradición del celibato y la posible sublevación de los sectores más tradicionalistas de la Iglesia católica, pero ante su crisis, puede ser una herramienta para iniciar cambios reales más allá de su efímera puesta en escena vaticana.

Olga Tokarczuk

Otro Nobel para una mujer. El talento femenino sigue brillando, su luz va alumbrando al mundo, el Premio Nobel de Literatura 2018 –cuya entrega fue retrasada por un escándalo sexual– le fue concedido a una sencilla y sonriente mujer nacida en Sulechow, Polonia: Olga Tokarczuk, psicóloga, mujer de izquierda, conocida también por su proselitismo político contra los movimientos de ultraderecha, feminista radical; vegetariana, mejor dicho vegana, activista climática y ecologista, castigada en su país como «traidora».

Olga Tokarczuk ha limpiado vestíbulos pero también conciencias. Trabajó como afanadora en Londres y como psicoterapeuta en un centro mental en Breslavia, Polonia, esa voz se convirtió en la decimoquinta mujer en recibir el sobresaliente galardón.

Tokarczuk destaca por un perfil humanista que trata las sombras de la historia de su país con un discernimiento que no esquiva el humor al mostrar una época antisemita de la Polonia del siglo XVIII que le granjeó amenazas de muerte por parte de grupos extremistas, incluso se vio obligada a presentar el texto, Los libros de Jacob, acompañada de guardaespaldas.

Sus biógrafos subrayan que siendo niña Olga vivió los sucesos de las rebeliones estudiantiles de 1968 y además quedó marcada por la posterior represión del gobierno comunista.

En su libro Los errantes, la escritora se aproxima al nomadismo actual como modo de vida atareado por la velocidad y el aburrimiento que finalmente aguijonea y fustiga a la humanidad posmoderna. Esta es una novela inquieta e inquietante, móvil y frecuentemente perturbadora, se revela también como una novela esencialmente física: «en ella se habla del cuerpo, sí, pero también del mundo, y de las estrategias siempre insuficientes (la ciencia, los mapas) con las que intentamos cartografiar lo existente, apresar lo inasible que contiene «lo raro e irrepetible, lo insólito y monstruoso», y lo expone en un despliegue de inventiva cuya nómada libertad formal oculta una «calculadísima coherencia temática» (fragmento): he aquí una novela única, ligera y honda a la vez, que indaga en las posibilidades del formato como los exploradores más audaces.

Olga se describe a sí misma como bastante bien hecha, dice que casi no usa cosméticos, no toma medicamentos ni hormonas, tiene hígado y páncreas sanos.

La escritora polaca no reniega de su origen social humilde, en alguna ocasión acudió a la recepción de un premio Internacional con los aretes que usaba en sus días de empleada doméstica.

Uno de sus libros, Sobre los huesos de los muertos, es una novela que trata acerca de la complejidad y las contradicciones del ser humano, la autora relata la crueldad de cazar y matar animales, la falta de compasión y de respeto hacia la naturaleza. Sus textos narran la tensión entre opuestos culturales, razón ante locura, naturaleza ante cultura, hombre frente a mujer, hogar ante alienación.

La galardonada tiene ahora 57 años, es autora de al menos 12 libros y es considerada la escritora más talentosa de su generación. El galardón lo dedicó a su nación a la que ha cuestionado su fallida democracia, aunque se la considera una voz necesaria.

En alguna de las numerosas ferias del libro a las que concurre ha expresado que, para ella, «la novela es uno de los géneros más sublimes de la literatura: tiene el poder de embelesar al lector y llevarlo a una especie de trance (…) Forja un vínculo emocional con quien se sumerge en sus páginas, y estimula los mecanismos que generan la empatía. Es, pues, una forma de comunicación total», afirma la galardonada.

 
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