Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Gobierno Sociedad Política Medios Luces y sombras Opinión Firmas El pez en el agua
 
 
  Edición 627
  Para vivir iguales… nada más…
 
Esther Quintana Salinas
   
  He tenido la oportunidad de viajar, gracias a Dios, por ello estuve en Chile, en Santiago, la capital… y también conocí Valparaíso, ahí está la sede del poder Legislativo de aquel país, y es también la tierra natal de mi bisabuelo Hilario Salinas, llegado a México junto con otros compatriotas allá por los años 70 del siglo XIX, atraído junto con otros paisanos por la fiebre del oro de la California estadounidense, pero el barco se les descompuso y tuvieron que desembarcar en Acapulco para arreglarlo, y arreglado fue, pero muchos ya no siguieron el viaje, entre ellos el joven Hilario. Se quedaron en el puerto, y el legado de aquel grupo al estado de Guerrero fue la influencia de su música, las alegres piezas conocidas como «chilenas». Bailadas con pañuelo en mano, con zapateado y mucho salero, igual que en la tierra de Pablo Neruda. Y esto viene a cuento por lo que ahora está sucediendo en el país de origen de mi antepasado.

Hay una canción, no sé el nombre del autor, solo que es chileno. Se dicen en ella los sueños rotos y el drama de una generación que se estampa contra la realidad, no la de mi bisabuelo, sino la de los muchachos de hoy, los que andan en las marchas por delante:

«Nos dijeron cuando chicos: jueguen a estudiar, los hombres son hermanos y juntos deben trabajar. Y no fue tan verdad, porque esos juegos, al final, terminaron para otros con laureles y futuro, y dejaron a mis amigos pateando piedras».

Muchos jóvenes han acabado pateando piedras, sin futuro por delante. Cuando estuve en Chile quedé fascinada con su gente, muy educada, considerada, amable, respetuosa; con el ambiente generalizado de tranquilidad que allá se respiraba. La ciudad impecable, pulcra, ordenada. Su policía, ejemplo de trato a la ciudadanía; me quedé estupefacta con los comentarios sobre los carabineros, la gente no solo los respetaba, sino que los quería, «ver un carabinero, le hace a uno sentirse seguro, protegido», me contaron con quienes platiqué al respecto.

«Pinochet fue un trago amargo del que salimos ya», era frase común… ¿Y qué pasa ahora? Un buen amigo chileno, me ha dicho que: «La prosperidad lo es en todo sentido, cuando hay para todos».

Y Colombia no está mejor. Es cierto que tienen educación, seguridad social, salud, infraestructura y autoridad, pero el problema es que no le llega a todos. Hay municipios en aquel país, y así se consigna en su realidad cotidiana, en «los que no se consigue un policía si lo amenaza la delincuencia, las consultas con médicos especialistas hace rato pasaron el límite de los tres meses, la gente de escasos recursos no puede aspirar a que sus hijos entren a una universidad. Y así…»

Y entonces cobra sentido el por qué la gente estalla y se vuelca a las calles a protestar. La gente se moviliza porque tiene necesidades sin resolver y quiere llamar la atención de la autoridad. Lo que es inadmisible es el vandalismo, la destrucción de bienes públicos y privados, como lo hemos visto en nuestro país también. Pero la protesta sin estos impases oscuros, es perfectamente legal.

En países como Finlandia, como Noruega, la bonanza llega a la población, porque el piso está parejo, las oportunidades son las mismas, verbi gratia, la educación que recibe el niño que estudia en Helsinki, es exactamente la que recibe el que vive al norte, al sur, al este o al oeste de aquel país. Las ganancias obtenidas por el petróleo les han significado bienestar a todos los noruegos. En México, nunca ha podido ser así.

En nuestro país, en el texto constitucional dice que la democracia más que forma de gobierno debe ser una forma de vida, pero no es ni lo uno ni lo otro. El retroceso democrático es descorazonador. La corrupción está incubada en todo el sistema político, las campañas políticas están plagadas, ha permeado a todos los partidos políticos, en unos más, en otros menos, pero ahí está, y van las multas… pero a la siguiente se repite, porque hay que ganar «tope en lo que tope».

 
Otras publicaciones
Así no…
Los gobiernos son de paso
¿Hay nuevos valores…?
Una historia que no debemos olvidar
En su mundo…
¿Volver a la selva?
Los lenguaraces están de moda…
Renovarse o morir, no hay de otra
Dos venenos redivivos: Fascismo-populismo y fanatismo
¿Y los de adentro…?
Necesitamos estadistas
De lo que estamos faltos…
Mucho ruido y pocas nueces
Se parecen…
Primero es México
Educación y política
Hoy así... ¿y mañana también?
La Guardia Nacional de Andrés Manuel
¿Quién paga?...
Educación con principios democráticos
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2019. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba