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  Edición 627
  Hasta nunca Franco
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  Los restos de Francisco Franco fueron exhumados el pasado 24 de octubre del Valle de los Caídos. De manera particular, considero dos cuestiones: creo que es una vergüenza para España y para el mundo el que se haya tolerado por tanto tiempo un mausoleo público dedicado a un dictador; y segundo, revivir viejas heridas, no sé si es prudente para una sociedad que sufrió mucho en esa época, porque recordar, no necesariamente sirve para no olvidar.

Después de 44 años, el gobierno español advirtió a los familiares que no podían colocar la bandera preconstitucional dentro de las instalaciones de lo que fue una breve y parca ceremonia, ya que de lo contrario se les abriría un expediente sancionador.

Fue desde junio de 2018, cuando Pedro Sánchez, presidente del gobierno, anunció su propósito de exhumar a Franco. Los herederos y la Fundación Francisco Franco llevaron una batalla legal, para impedir esta decisión, a lo que finalmente el poder judicial, después de 16 meses, dio un revés y concedió re-inhumarlo.

El presidente del gobierno resaltó en sus palabras que con este acto «se pone fin a una afrenta moral: el enaltecimiento de un dictador en un espacio público».

Ningún otro dictador tenía un monumento. No lo tienen Hitler, ni Mussolini. Dentro del Valle de los Caídos, yacen los restos registrados de 33 mil 847 personas, víctimas de ambos bandos, personas que fueron llevadas en 491 traslados desde fosas y cementerios de todas las provincias de España, desde el año de 1959 hasta 1983.

Sin embargo, ese día se vivió un clima de tensión, ya que los familiares ignoraron en varios momentos la prohibición de llevar banderas franquistas. Por otro lado, también la familia se resistió, a cambiar de ataúd, a pesar de mostrar desperfectos en la madera.

Una decisión cuestionada ha sido la que va en que el gobierno correrá con los gastos del mantenimiento de la nueva tumba, aunque ahora no es un espacio público, ni se trata de un monumento, ni obliga a miles de víctimas a compartir espacio con su verdugo, el pueblo español seguirá pagando los gastos por el mantenimiento de su espacio particular.

Hasta nunca Franco. España levanta esa losa que cargaba con una carga ideológica fuera de todo contexto democrático y llena de dolor para todos los hijos y nietos de las víctimas del franquismo.

A su traslado, unos 250 franquistas entonaron cantos y rezaban por el dictador mientras lo depositaban en su nuevo sitio. Esas manifestaciones palidecieron y ya no existen ante las dimensiones de esta decisión histórica.

 
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