Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Política Reportaje Salud Medios Luces y sombras Opinión Firmas  
 
 
  Edición 627
  Desventajas de la especialización médica
 
Ignacio Espinosa Solís
Sitio Web: www.kiskesabe.com
   
 

Parte II

De antaño, Göebbels, propagandista de Hitler, decía que una mentira repetida miles de veces se convierte en verdad. Obviamente esto no es cierto, aunque le funcionó durante algún tiempo y quiso corroborarlo cuando ya el Reich estaba en llamas marcando el final del nazismo alemán.

El fenómeno mediático, con la tecnología avanzada actual, permite que a una falsedad repetida miles de veces la sociedad la acepte como verdad. No obstante, el que toda la humanidad lo acepte, la realidad, la verdad, siempre está presente.

Ahora comento un ejemplo, de miles de casos semejantes, en que la especialización médica no necesariamente conduce a una perfección en el ejercicio de la medicina, como mediáticamente se está haciendo creer a la sociedad: en mis primeros años de eterno aprendiz de «matasanos», como nos dicen jocosamente; allá por 1972 a 1974 en que hice la residencia de Medicina Interna, una madrugada de esas ajetreadas guardias de 36 horas, en pleno Centro Médico Nacional del IMSS, «lo máximo» en medicina en aquellos tiempos (y en la actualidad), llegó un joven de unos 25 años de edad en estado de coma superficial, somnoliento, con poca respuesta a estímulos, con el vientre distendido, sin movimientos intestinales, con aumento de la frecuencia cardiaca, y de la frecuencia respiratoria, fiebre, con ligera ictericia (derrame de bilis), disminución de la cantidad de orina, con menos de 30 mililitros por hora, los estudios de sangre-orina, radiografías simples de tórax y abdomen, gamagrama hepático de aquellos tiempos —no había ni ultrasonido ni tomografías ni terapias intensivas como las de ahora—, pero hacíamos mucha medicina clínica humanista e intensiva, pegados a la cabecera del enfermo, vigilando y midiendo los signos vitales «personalmente en persona» cada 15, 30 o 60 minutos, según evolución y necesidades. Vigilábamos intensivamente al enfermo, no a la enfermedad, como actualmente se hace.

La historia clínica completa de este enfermo que me tocó la responsabilidad de elaborar concluyó lo siguiente: se trató de un íleo adinámico (parálisis intestinal) con insuficiencia orgánica múltiple, de origen metabólico (no quirúrgico), de cerebro manifestada por el coma cerebral, de hígado manifestado por la ictericia con elevación moderada de enzimas hepáticas, insuficiencia renal por la disminución de filtración de orina y elevación leve de creatinina sérica, insuficiencia respiratoria pulmonar y desequilibrio Hidro-electrolítico severo y aquí lo más importante, la causa: se trataba de un drogadicto y alcohólico con una intoxicación agudizada. Un dilema era si se trataba de un vientre quirúrgico o no; mi conclusión fue que no, tomando en cuenta la causa y que no había datos de una peritonitis bacteriana que ameritara intervención.

El cirujano general, Dr. Proal, revisó mi nota médica, exploró al enfermo y coincidió en el diagnóstico y en que no era quirúrgico, sino que debía ser sometido a tratamiento médico intentando corregir o evitar el avance del deterioro orgánico general, y comentamos que someterlo a una laparotomía exploradora «para asegurar qué hay dentro del abdomen», podría ser fatal porque someterlo a una anestesia general, ante las alteraciones metabólicas generales provocadas por la intoxicación aguda de alcohol y otras drogas, simplemente empeoraría. Aún sin la cirugía, el pronóstico no era reservado sino grave y alto riesgo de ser mortal. Esta fue la decisión de este aprendiz de internista y del cirujano y con amplia experiencia.

A eso de las 7 de la mañana, sin haberme despegado de la cabecera del enfermo en cuestión, vigilando signos vitales y regulando dosis y goteo de las soluciones con medicamentos, fui desplazado amablemente de la atención de ese paciente, el cual fue rodeado por no menos de diez excelsas personalidades de la medicina de aquellos años.

No me sorprendió, porque el joven enfermo era el hijo nada más y nada menos, que del Dr. Bernardo Sepúlveda G., director general en función del servicio de enseñanza nacional del IMSS.

Todos los connotados jefes de servicio de todas las especialidades, más de diez, del hospital general del CMN (hoy siglo XXI) reconocidos nacional e internacionalmente, se dieron cita a la cabecera del enfermo: Dr. L. Landa, jefe excelso de Gastroenterología, especialista además en hígado. Emilio Exaire, jefe de Nefrología; Flores Izquierdo, jefe de Angiología; Luis Cervantes, mi jefe en ese entonces del servicio de Medicina Interna; Dr. Stoppen, radiólogo imagenólogo; Dr. Guarner, especialista en esófago; Dr. Álvarez Cordero, jefe de Cirugía Digestiva, y otros no menos ilustres, que por el momento escapan a mi memoria. ¿El Dr. Alzheimer?

¡Puro «machuchón» de aquellos tiempos!

Concretando, después de discutir el caso, obviamente, entre ellos, sin la presencia de «ignorantes residentes», decidieron realizar una laparotomía exploradora; es decir, abrir el abdomen para verificar la posible causa del grave estado del enfermo. Obviamente el cirujano fue el «mero machuchón» jefe de Cirugía, y entró como segundo ayudante el Dr. Proal, con el que recibimos al enfermo.

Del quirófano salieron vivos los cirujanos, el enfermo se convirtió en cadáver.

El Dr. Proal me informó que habíamos tenido razón en el diagnóstico de vientre no quirúrgico. No había ninguna enfermedad quirúrgica: apéndice perforada, vesícula con cálculos, divertículos perforados, entre otras causas. No era necesaria la cirugía decidida por muchos superespecialistas.

Más, no siempre es mejor.

¿Alguno de esos genios tuvo la humildad de decirle a un ignorante residente de medicina interna, que su diagnóstico era acertado? ¡Ni «máiz» paloma! Uno de esos jefes, el Dr. Landa, de Gastroenterología, se sentía tejido por la mano de Dios: simplemente era incapaz de dirigir la palabra, ni siquiera permitir que un residente de baja jerarquía se dirigiera directamente para dialogar. ¡Seguramente tenía miedo de contagiarse por la ignorancia que derrochamos los residentes!

Lea Yatrogenia: www.kiskesabe.com

 
Otras publicaciones
Diabetes buena o mala
Tipos de diabetes
Cómo prever la diabetes
Provocando miedo diabético
Periodismo médico
Desventajas de la especialización médica
¿Le conviene un médico internista?
¿Qué es la medicina interna?
Macario y la microeconomía
Los de abajo
La mañanera y la salud
Laparoscopía difícil de vesícula
Dilema: cirugías necesarias o innecesarias
Extirpaciones de vesícula y apéndice innecesarias
Huachicol en diabetes
Huachicol en leucemia
¿Huachicol en leucemia?
¿Huachicol en leucemia?
¿Huachicoleo en diálisis?
¿Huachicoleo en diálisis?
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2020. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba