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  Edición 627
  La Casa de las Flores
 
Sergio Arévalo
   
  ¿A usted todavía le gustan las telenovelas?

¿Qué veían ustedes de niños? ¿Qué telenovelas llegaron a ver acompañados de algún miembro de la familia? ¿Crecieron con la barra de telenovelas de las cuatro de la tarde a las nueve de la noche? Todo eso ya es historia. Las telenovelas han sufrido una serie de modificaciones, lo que pide el público es otra cosa, la cual Manolo Caro se atrevió hacer y triunfó en la plataforma Netflix.

Mamá jura que la última que vio fue Cuna de Lobos, aunque de vez en cuando separa en alguna donde le surge el interés. Papá, por su parte, en algún momento llegó a ver la de las ocho, solo —según él— porque no había nada más entretenido. Para los mayores de 40 años las telenovelas, sobre todo las nacionales, son algo más que sagrado, un tipo de televisión que merece respeto porque significó algo muy importante en su vida. Porque allí surgieron sus primeros amores platónicos, historias con las que se identificaban o las que soñaban protagonizar.

Pero ahora la historia es otra. Los temas pudieran ser lo mismo, pero en algunos casos vistos a mayor profundidad o desde otra perspectiva. Un ejemplo de un culebrón evolucionado puede ser La Casa de las Flores, la cual es la primera serie de televisión de Manolo Caro, joven treintañero que ya ha dejado huella en el cine, el teatro y ahora plataformas streaming, responsable de éxitos como «No sé si cortarme las venas o dejármelas largas», «La vida inmoral de la pareja ideal» y «Straight».

La Casa de las Flores es un culebrón mexicano que empezó a crear polémica por la controvertida participación de Paco León interpretando a un personaje transexual, dentro de su elenco principal, sin ver la transición como eje principal, sino el día a día dentro de la vida personal y profesional. En la primera temporada también se pudo observar a una familia irreverente y disfuncional que se enfrentaba a distintos temas que en la actualidad afronta la sociedad: la homosexualidad, el empoderamiento femenino, tabús en torno a las drogas y en varias ocasiones guiños de crítica hacia una sociedad llena de prejuicios.

Manolo Caro, un creativo que nos recuerda a Ernesto Alonso «El Señor Telenovela», en la segunda temporada mantiene su esencia. Es de esos productos que te permiten abrir conversación en una reunión y tocar temas en la sobremesa o en el café, sin tapujos, pues plantea temáticas que permean México.

Algo interesante que ofrecen las nuevas propuestas de plataformas digitales es el que las casas productoras graben una o dos temporadas «de golpe», para así asegurar la continuidad, que el elenco sea el original y, claro, preparar una campaña de marketing adecuada. Los actores ya grabaron una tercera y última parte que saldrá en 2020.

Me gustan todavía las novelas, pero las de antes, no los refritos de productos extranjeros, por lo que representaron a mis padres, mis abuelos y hasta las anécdotas que como sociedad mexicana se tiene. Cómo el fanatismo por una Lucero o un Fernando Colunga hacía mover masas. Las novelas son parte de nuestra cultura, ahora se está dando paso a nuevos formatos pero, ¿estamos listos para dar el paso o solamente será algo momentáneo?

 
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