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  Edición 626
  El alcalde de Torreón
 
Francisco Aguirre Perales
Twitter: @aguirreperalesf
   
  Las actitudes parsimoniosas del alcalde de Torreón Jorge Zermeño, dan la apariencia de que con esa tranquilidad conduce los asuntos públicos de su municipio y deja en el camino, a su suerte, necesidades que pueden empeorar situaciones o quedarse en el baúl de lo antiguo, de lo añejo.

Vicios arraigados como la obtención de recursos económicos, no se puede pensar de otro modo, residen, entre otros, en lo que se refiere al control vehicular, y que a pesar de la insistencia ciudadana, las maniobras que deben hacerse para limpiar ese sistema, a fin de que se dé buena cara a residentes y turistas que visiten esa ciudad, no se ponen en práctica.

Eterno problema de salud es el arsénico que existe en los pozos que suministran de agua a la ciudad y que provocan peligrosos problemas de salud en la población, pues a pesar de tantos años y tecnologías avanzadas en la materia no se ha podido erradicar ese veneno que tanto ha afectado, por lo que el alcalde debe tocar puertas en los otros órganos de gobierno, o en instituciones internacionales de manera que lo solucione. Otro problema, y grave, son las inundaciones.

Otro asunto que es políticamente importante, y que puede obstruir el desarrollo, es la antigua posición de que, perteneciendo a un partido distinto al del gobernador, observa de reojo los programas a los que el Ejecutivo Estatal le interesa apoyar en esa ciudad de la que es originario, programas aparte de los que están instituidos, y por los que derivados de ellos les atrae ingresos extras que ayudan al municipio para que se impulsen servicios para la ciudad, a fin de que vaya evolucionando, dejando de lado su criterio, que al aplicarlo se convierte en una involución.

Esa actitud inmadura de los alcaldes ha surgido a través de los años que se enconchan y no admiten el punto de vista del gobierno del estado porque el gobernador pertenece a otro partido político o, todavía peor, cuando es de origen saltillense, hace que se construya una muralla que pueda frenar apoyos en detrimento del avance de la ciudad.

Dentro de su equipo de primera línea han existido, y siguen experimentando roces que han incitado a que surjan algunos cambios, pues éstos no han sido por una estrategia que persiga un equilibrio de fuerzas, sino por rencillas entre ellos, como actualmente sucede por la inconformidad de que el ayuntamiento pretende aumentar los valores catastrales y las tarifas de agua, entre otros, que son de las principales cargas que soportan los habitantes de esa ciudad.

Hay otro asunto que se ha alimentado durante muchos años, quizá alentados por las propias autoridades municipales, en el sentido de influir en la memoria ciudadana que ha promovido una rivalidad inexistente con Saltillo, pues a cada ciudad la empujan ciudadanos y empresarios valiosos; igualmente cada ciudad tiene su propia identidad, su propia dinámica, pues en Torreón, por razones de la condición de la tierra, su entorno natural hace que su inclinación sea más agrícola que industrial.

En cambio Saltillo posee desde hace muchos años una vocación de servicios y un clúster industrial de gran magnitud, además de que le favorece su cercanía con la frontera y con la ciudad de Monterrey, que es de un extraordinario empuje, cualidades que han sido muy bien aprovechadas, lo que ha permitido que haya un crecimiento poblacional y económico que proporcionan calidad de vida, amén de su inmenso prestigio cultural, circunstancia ésta que ha provocado que se le conozca en forma internacional, como la Atenas de México.

Déjese de lado esa animadversión por la capital del estado, pues en esta ciudad realmente no se pone interés en ese tipo de distanciamientos que se pretende.

El señor Zermeño se ve que es una persona ecuánime, respetuoso y respetable y da muestras de que le interesa su ciudad, de eso no hay duda, nada más que su aporte a Torreón también puede ser en otros renglones de la actividad pública si es lo que le apasiona, como por ejemplo ocupar una curul, una delegación federal o en la cátedra, lugares donde es menos el tráfago cotidiano, en lugar de enfrentarse a los problemas que acarrea una ciudad tan importante y cuya dinámica impone jornadas arduas que demandan una vitalidad significativa.

Se lo digo en serio.

 
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