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  Edición 625
  Consternación
 
Rosa Esther Beltrán
   
  El dolor padecido por los niños violados en el kínder Guadalupe Borja, de Saltillo, y la indignación de toda su familia y el resto de los padres de los infantes es un problema muy grave y desolador. Cuando leí los hechos, no puedo negar que sentí mucha pena por esas criaturas inocentes y el brutal ataque que, luego vimos que —al parecer entre líneas— se iba configurando la versión de que no hubo violación, cuando existen testigos de la introducción de una vara en el recto del niño, según los primeros reportes y de las quejas y dolores de la criatura.

Los padres de familia de esa escuela se organizaron y pidieron la destitución de la directora y la profesora del grupo al que pertenece el alumno afectado, lo cual estimo acertado porque a esa edad los niños están totalmente indefensos y los progenitores los confían a las autoridades escolares.

Si se toma en cuenta que el abuso sexual infantil es una de las formas más graves de violencia contra la infancia y que conlleva efectos devastadores para toda la vida de los y las niñas que lo sufren, porque no sólo se transgreden las normas sociales, sino que su impacto y las consecuencias negativas que tiene en la existencia y el desarrollo de las víctimas desatiende que el niño es un sujeto de derechos.

El abuso sexual infantil incluye el contacto sexual y también actividades sin contacto directo como el exhibicionismo, la exposición de los o las niñas a material pornográfico e implica la transgresión de los límites íntimos y personales de los infantes en un contexto de desigualdad de poder. Habitualmente, a través del engaño, la fuerza, la mentira o la manipulación (Save the Children, México).

Entre los 10 derechos fundamentales de los niños está el de la educación, que dispone: «Todos los niños deben recibir educación que contribuya a crear su propio futuro y tienen derecho al disfrute de la vida social que les da la escuela. El derecho a la educación constituye un elemento esencial para el desarrollo social, psicológico y económico del menor».

La vida de los niños abusados en el kínder en cuestión ya no será igual. Su desarrollo psicológico y social está marcado por las violaciones y, como bien dice la psicóloga especialista en niños María Luisa Gaytán, estos casos son un foco rojo para las autoridades educativas, porque estas conductas antisociales tienden a propagarse entre los infante. ¿Qué medidas tomarán las autoridades educativas para prevenirlas?

Preocupan las vacilaciones y deficiencias detectadas en todos los casos de acoso y violaciones sexuales a infantes a la hora de determinar el interés superior del niño y la falta de rapidez en los procesos de protección y justicia.

Ahora las autoridades educativas y civiles deben mostrar y demostrar que tienen elementos para prevenir y proteger a nuestros niños, sabemos de la deficiente administración de la justicia local y de las instituciones para la infancia, por lo que en estos casos suelen no investigar los incidentes diligentemente optando fácilmente por cerrar los sucesos, dejando a los infantes en graves situaciones de riesgo y desprotección.

Los expertos subrayan que es notable la falta de especialización de los profesionales que atienden los casos de abuso sexual infantil, tanto los abogados de oficio como jueces, fiscales, equipos psicosociales y forenses presentan deficiencias de conocimiento en la materia, tenemos una Ley para la Protección de los Derechos de los y las Niñas y adolescentes, una Procuraduría para promover y proteger los derechos de éstos, pero parece que ya está siendo rebasada por la frecuencia de las agresiones a infantes.

Una pionera

Mary Ellen Richmond (1861-1928), nació en Belleville, Illinois, Estados Unidos; quedó huérfana desde muy niña, por lo cual tuvo que vivir con su abuela, quien era una activista por los derechos políticos de las mujeres para ganar el derecho al voto, además de ser una feminista radical, lo que influyó en Mary para formar una personalidad con opiniones propias y actitudes críticas sobre las carencias de la atención a los pobres y discapacitados.

Fue la abuela quien la educó en el hogar hasta los once años, y por no creer en el sistema de educación tradicional obligó a Mary a optar por el autodidactismo. Leía cuanto caía en sus manos, que no era poco, y logró inscribirse en la escuela secundaria para señoritas, Easter Female High School de Baltimore, graduándose en 1878.

Trabajó como contadora para sobrevivir, aunque más tarde laboró como tesorera de las Sociedades de Organizaciones de Caridad (COS), siendo la primera mujer en ocupar ese cargo y gracias a su eficiencia fue nombrada secretaria general de la organización, cargo que ejerció durante 10 años, ahí adquirió los principios e ideas para su contribución a lo que después sería el trabajo social como profesión.

Por su trabajo en las COS, Richmond asumió que no era posible ayudar a los pobres sin más, que era imprescindible buscar las causas de la pobreza de las personas para erradicarla y fomentar su independencia, ir más allá de las buenas intenciones y profesionalizar su intervención, ese fue el punto nodal de su intervención, por lo que señaló la necesidad de capacitar a trabajadores sociales profesionales para que fueran capaces de gestionar y cambiar las circunstancias de las familias necesitadas.

Al crearse la Escuela de Filantropía aplicada en Nueva York, se integró como docente, actividad que le hizo ver que el trabajo social debía ser una profesión con información sistematizada sobre teorías, metodologías y técnicas de investigación, y posteriormente publicó su primer texto sobre técnicas y métodos del trabajo social, titulado: El diagnóstico social, basado en su investigación de 15 años sobre dos mil 800 casos.

Posteriormente publicó: ¿Qué es el trabajo social de casos?, obras ampliamente conocidas por los trabajadores sociales. Mary tenía sólidas convicciones de que la cooperación de los trabajadores sociales con profesionistas como las y los educadores y personal del sistema de salud era decisiva para ayudar exitosamente a las personas vulnerables, además sostenía que el bienestar social era una responsabilidad cívica.

Mary Richmond vivió en una época de gran ebullición social, de cambios intelectuales y el abrupto surgir de un nuevo orden mundial con un espíritu entusiasmado por la defensa de la mujer, de manera que ella con su tenaz estudio sobre la naturaleza de las necesidades sociales dio un salto cuántico al reflexionar y establecer que la simple «ayuda, en sí y por sí, no tiene ninguna calidad moral», que hay que transitar hacia el análisis del contexto de los pobres mostrando modalidades de intervención y organización, por lo que ella colaboró en la elaboración de reformas legislativas sobre la problemática de las esposas abandonadas, el trabajo infantil y en la creación de tribunales para menores, entre muchas otras.

Dar unas pinceladas sobre la biografía de la fundadora del Trabajo Social como disciplina es en honor a la Facultad de Trabajo Social de la UAdeC, que recién cumplió 60 años de trabajar formando profesionistas, facultad en la que laboré como docente por varios años; la actividad de los trabajadores sociales se ha hecho imprescindible, extendiéndose a innumerables instituciones que trabajan por un nuevo humanismo.

Posdata

Manifiesto mi solidaridad al destacado académico y periodista Sergio Aguayo, tras la nueva sentencia de que ha sido objeto por 10 millones de pesos por parte de un juez de Saltillo, tras la demanda de Humberto Moreira Valdés.

 
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