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  Edición 623
  La Vía Chilena
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  Salvador Guillermo Allende Gossens fue un médico cirujano y político chileno que fue presidente de su país desde el 3 de noviembre de 1970 hasta el día de su muerte, el 11 de septiembre de 1973. De padre abogado, Salvador, desde joven viajó mucho y por las vivencias que observó se empezó a interesar por la política. Allende participó más efusivamente en la política al comenzar sus estudios en la universidad.

Presidente de la república en 1970, en una reñida elección. Como un suceso histórico, se convertiría en el primer presidente marxista del mundo en acceder al poder a través de elecciones en un Estado de Derecho. El gobierno de Allende se destacó por proyectos como la nacionalización del cobre, la estatización de algunos sectores de la economía y la profundización de la reforma agraria. Todo esto no fuera tan importante, de no ser porque en el mundo existía una polarización política internacional llamada Guerra Fría y por la crisis interna que padecía su país.

En América, desde la época de independencia, los países han tenido un gran vínculo histórico, compartiendo identidad en sus luchas de autonomía y de libertad. Particularmente, esa afinidad revolucionaria encuentra una estrecha similitud y una cercana coincidencia entre México y Chile. Ambas naciones han padecido disputas constantes contra el yugo de las oligarquías, que durante mucho tiempo concentraron un solo coto de poder en unos cuantos, y que además crearon una abismal desigualdad bajo estrategias tecnócratas y opresoras como las tiranías, dictaduras y partidos políticos de derecha.

¿Cómo logró Chile romper esa brecha? ¿En qué consistió la llamada Vía Chilena al Socialismo? El proyecto político de la Unidad Popular para acceder al objetivo del socialismo fue dentro de los marcos de sufragio, a través del uso de la institucionalidad vigente, de democracia, pluralismo y libertad. También fue llamado como Vía pacífica, Vía no armada, Vía no insurreccional. A pesar de que el modelo era muy deficiente en muchos de sus aspectos, funcionó hasta el golpe de Estado militar al mando de Augusto Pinochet.

México y Chile han contado con parámetros históricos muy paralelos, en donde el pensamiento libertario es prácticamente uno. Hoy, estos ejemplos como el de Allende en Chile y como el de Benito Juárez en México —al que Allende reconoció como un hombre libertario— deben de ser un fuerte dique en contra de las ideas que polarizan a la sociedad y que solo generan resentimiento. Sirvan estas líneas por su reciente homenaje tras 46 años de haber perdido la vida por defender los intereses de los chilenos mayoritarios, aquellos que no pertenecían a la oligarquía.

 
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