Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Gobierno Reportaje Justicia Medios Luces y sombras Opinión Firmas El pez en el agua
 
 
  Edición 622
  La política en la encrucijada
 
Jaime Torres Mendoza
   
  Si caecuscaecoducatumpraestet,

ambo in foveamcadunt.

Resulta claro que la reputación de que goza la política en México, en cuanto disciplina intelectual y como medidas de acción de los gobiernos en turno, es de un lamentable patetismo difícil de aceptar.

Para un elevado porcentaje de ciudadanos con una formación académica media de licenciatura, la política no satisface los más mínimos estándares de la vida, sobre todo en su relación con las promesas de bienestar que se han hecho en el pasado reciente; lo mismo ocurre con la masa anónima que tiene una formación por debajo de la línea mencionada antes.

Sin lugar a dudas, se puede argumentar, con sólidas razones, que la política no alcanza en sus objetivos las certezas de representar las realidades del mundo, por lo que es absolutamente necesario renunciar a toda confianza en que el contenido de las tradicionales afirmaciones políticas gozan del aval de todos los ciudadanos.

Por principio la política debiera ser veraz, libre y crítica. Al mismo tiempo debiera de confrontarse, sin espejismos de por medio, con las realidades de todo lo que constituye el mundo, sobre todo, con las necesidades humanas interpretándolas eficazmente a fin de darles la respuesta adecuada sin menoscabo de su dignidad.

Debería atreverse la política a emplear los mejores métodos de explicación respecto a las exigencias de su entorno. Es decir, convertirse en un ejercicio de exploración abierta en la que nada lleve la marca de no revisable.

Una diversidad de criterios y procedimientos políticos hacen que no se satisfagan los más elementales vínculos de relación entre política y ciudadanía. Veamos algunos.

Primero, no existe confianza en ningún partido político a quienes el pasado se les veía como una especie de oráculo, como si sola la existencia de ellos pudiera dirimir todas las cuestiones que nos plantea la contemporaneidad.

El ciudadano de a pie suele creer que un político puede solucionarlo todo, pues para eso se le eligió y, además, se les paga. Sin embargo ignora el ciudadano, y también los políticos, que esa práctica es una construcción social a través de un proceso crítico de revisión a lo largo de la experiencia de las generaciones anteriores.

Segundo, no existe una confianza en la comunidad política del país porque la comunidad política sólo se escucha a sí misma y habla sólo para sí misma, por lo tanto, todo el corpus de sus procedimientos se apega a la gramática de su propio discurso interno, sin exponerse jamás a juicios externos —ni internos— de razonabilidad.

Tercero, no existe una confianza en la verdad sostenida por la política a través de sus políticos. En efecto, muchos de los políticos sostienen una base de verdades a priori, que no son sino una especie de fundamentalismo que les impide ver el entorno.

En consecuencia, si la política sólo le confía al sufragio su legitimidad, si apela a nociones de lenguaje que construyen verdades a priori, si pretende satisfacer los estándares intelectuales de nuestro tiempo utilizando la única concepción de sí misma, resulta claro entonces, que la política está en una encrucijada.

Y la nuestra lo está, realmente. La política que lleva a cabo el presidente AMLO (hablo de ello porque es el gobierno en turno, pero no hay diferencia con los gobiernos del pasado) parece moverse en un espejismo peligroso.

Popularidad no significa ni confianza ni apoyo y, por supuesto, nada tiene que ver con los principios democráticos de una sociedad del siglo XXI que aspire al desarrollo.

El epígrafe que sirve de sostén del presente artículo es de San Juan de la Cruz, el gran místico español y representante máximo de la poesía mística española. Dice el epígrafe: Si un ciego guiare a otro ciego, entrambos caen en la hoya.

Luminosa verdad. Hoy seguimos a un ciego, a un representante genuino de la política chafa, la que teniendo ojos no ve, la que teniendo oídos no oye, la que teniendo estatus de razón prefiere la construcción falaz del espejismo.

Hoy, frente a la fiesta del primer informe de gobierno me siento, quizá como muchos ciudadanos, fuera de lugar, fuera de la realidad, fuera del mundo. Como muchas otras veces, en la soledad de mi biblioteca me pregunto: ¿esto es la política?

Desde el remoto pasado del pensamiento occidental se viene repitiendo de manera incansable que la política es pasión y sacrificio por servir al otro, que es un sacrificio ritual en el que los políticos son los sacerdotes de un rito de austeridad y templanza del espíritu.

Y vuelvo a preguntarme: ¿hay austeridad (no de dinero, por supuesto) y templanza en este gobierno atestado de hombres y mujeres que mantienen como principio la alharaca? Y mi respuesta es no. Veo un núcleo de afeminados (en el peor sentido de la palabra) políticos que se muestran tal y como son, sin recato ni pudor ante los problemas sustanciales del país. Sujetos serviles que adulan el fracaso a cambio de beberse gratis una miserable copa de falso triunfalismo en la construcción de un país.

Lo más indignante es que el coro de sirvientes canta a más no poder para justificar la derrota contra la violencia, el desempleo, el desabasto, los asesinatos contra las mujeres, la sumisión frente a los gringos, los migrantes a quienes hoy perseguimos como si fueran delincuentes y otros males mayores, apelando al argumento chafa de que no se tiene la culpa pues la grande culpa viene del cochinero del pasado.

Finalizo con lo siguiente: no reclamo credibilidad para la política mexicana de nuestro tiempo en razón de su prolongada historia de mentiras y fracasos. Pero lo que sí reclamo con urgencia y a nivel de exigencia, incluso, es que la política (esta de AMLO, las otras ya pasaron) tiene que hacer frente a los retos actuales con una auténtica visión de estado que le permitan afrontar problemas globales para que tengan su impacto en los hechos concretos de los ciudadanos.

Es decir, hay muy pocas cosas para presumir, mejor trabajar para construir. Esa es la encrucijada de la política en México.

 
Otras publicaciones
Política de la razón vs. política de la emoción
Forma y fondo
La encrucijada de la política
De liderazgos y otros males
La verdad sobre nosotros mismos
Tiempo de incertidumbre
Drama y terror
Pablo Neruda: visión de México
Asunto humano
Obediencia y docilidad
El arte: la otra perspectiva
El gobierno del mal
Por cuarta vez
Como quería Octavio Paz
¿Y los intelectuales?
¿Clientismo político al estilo romano?
Las penurias del espíritu
Una pregunta más
Del acto político al acto poético
La verdad de este país
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2019. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba