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  Edición 622
  Renovarse o morir
 
Marcos Durán
   
  George Eastman puso el negocio de la fotografía al alcance de las masas. Hasta ese momento, la invención concebida por los franceses Joseph Nicéphore Niépce y Louis Daguerre, era un complicado proceso químico que lo ponía muy lejos del uso popular. Fue el 3 de septiembre del año 1888 cuando George Eastman recibió la patente de la «Cámara Kodak 100 Vista», artefacto que utilizaba un rollo de película con la capacidad de capturar 100 imágenes, sustituyendo de golpe el daguerrotipo.

Su logo publicitario: «Usted apriete el botón y nosotros hacemos el resto» se aplicó de tal forma que para el público consumidor la fotografía dejó de ser complicada lo que le permitió convertirse en la gran dueña de ese mercado a escala global por más de 100 años. Los márgenes de ganancia de Kodak eran superiores al 70%, dominando más del 90% del negocio en el mundo. En la década de los 80 sus ventas superaban los 10 mil millones de dólares y daba empleo a más de 145 mil personas. Kodak fue la Apple de su era. Ellos no inventaron la fotografía ni tampoco la cámara fotográfica, como Apple tampoco inventó la computadora, el teléfono celular ni el reproductor musical, pero innovaron de tal forma que lo hicieron sencillo y al alcance de todos. Con ganancias tan grandes, Kodak jamás reparó en invertir en desarrollo tecnológico, inventando en 1975 la fotografía digital, área en la cual registraron más de mil 100 patentes. Se trataba entonces de un prototipo de cámara fotográfica del tamaño de un tostador de pan que tenía una capacidad de resolución de la entonces escandalosa y bien definida calidad de 0.1 megapixeles.

Pero muy rápido, esta compañía que se enorgullecía por su inversión tecnológica y por estar a la vanguardia se mostraba sorprendida con la primera cámara electrónica a cargo de Sony. En un intento por despertar, lanzan al mercado en 1996 la cámara Kodak Advantix que tenía una resolución de 1 megapíxel y que permitía revisar las imágenes antes de decidir cuál imprimir. En sus manos tenían las patentes y desarrollo del mundo de las imágenes digitales, pero se aferraron al negocio que dominaban: la impresión de fotografía. A pesar de ello, en ese mismo año Kodak llegó a ser la cuarta compañía mejor valuada del mundo junto a Disney, Coca-Cola y Microsoft. Tan solo 16 años después, en enero del 2012, se declaró en bancarrota.

Por décadas, la empresa Kodak dominó el mercado de la fotografía, invirtió en desarrollo tecnológico e incluso innovó al inventar la fotografía digital, pero jamás supo adaptarse y renovarse en un mundo que prefería ver de inmediato sus fotografías publicadas en línea, compartirlas y guardarlas. Sin la fotografía digital, sitios como Instagram y Facebook serían impensables.

Hoy las grandes máquinas impresoras de fotos, en las que uno podía dejar sus rollos con la promesa de revelado en una hora —que se hacía eterna— se convirtieron en cosa del pasado, un pasado al que Kodak decidió aferrarse. El cambio en el uso hacia la fotografía digital fue tan vertiginoso y brutal que no lograron adaptarse a los gustos de los nuevos consumidores.

Sacudida por la competencia extranjera, Kodak tuvo durante más de 10 años una ventana de oportunidad para prepararse ante el cambio, pero decidieron hacer nada. Incluso cometieron el mismo error que su fundador a la llegada de la fotografía a color impulsada por Polaroid: George Eastman, obcecado, afirmaba que el mundo jamás migraría de la fotografía en blanco y negro.

La caída de Kodak es el ejemplo de que ser los líderes del mercado no basta. Que las grandes inversiones en ciencia, tecnología e innovación tampoco son suficientes. Con una organización casi monolítica e inflexible, Kodak innovó pero no se renovó. Producía tecnología pero no la aplicaba.

La frase de la fotógrafa de origen estadounidense Berenice Abbott podría resumir en un solo click el pasado, presente y futuro de una compañía que con un pasado orgulloso no pudo sobrevivir al futuro: «La fotografía sólo puede representar el presente. Una vez fotografiado, la fotografía se convierte en pasado».

 
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