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  Edición 621
  ¿Volver a la selva?
 
Esther Quintana Salinas
   
  “La violencia es el último recurso del incompetente”. Isaac Asimov

El viernes 16 de agosto, hubo marchas en varios estados de la República, en las que distintos colectivos de mujeres salieron a protestar contra la violencia de género. En la marcha llamada «No me cuidan me violan», hubo mujeres radicales que dañaron el Ángel de la Independencia, grafiteando la base de la columna, acabaron con el pasto; rompieron vidrios en el andén del Metrobús en la glorieta de los Insurgentes, lanzaron un bote lleno de bolsas de basura en llamas a la Estación de Policía en la calle Florencia y se fueron contra policías mujeres que protegían el inmueble; se golpeó a un reportero. La marcha inició a las cinco de la tarde, en el trayecto hacia el Ángel pintaron vehículos de la policía que estaban estacionados. La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México reportó que eran al menos mil manifestantes. El Gobierno se pronunció a favor de las manifestantes pacíficas, condenó los actos de violencia que no adjudicó a colectivo alguno y señaló que no caería en provocaciones, por eso no intervinieron y las dejaron ser, hacer y deshacer. Transcribo el comunicado oficial: «Respetamos a la mayoría que lo hicieron de manera pacífica, para ellas las puertas de la Ciudad de México están siempre abiertas para el diálogo franco, sin embargo, no se puede justificar la violencia de unas y unos cuantos solo empañan la defensa de los derechos de las mujeres». No emitió ningún posicionamiento sobre los daños a sus instalaciones y unidades, y tampoco se informó sobre detenciones.

¿La protesta era válida? Por supuesto. ¿Cómo no va a ser válido reclamar a la autoridad su incapacidad para solventar lo que es el primer deber deésta, proteger a la ciudadanía, porque las mujeres son ciudadanas con derecho aque se salvaguarde su integridad personal, y a que se castigue con todo el peso de la ley a quienes la violenten de cualquier manera? Las agresiones hacia el género femenino no sólo se traducen en violencia física, también psicológica, patrimonial, económica y sexual. La violación es uno de esos ultrajes que en este país se perpetran y se quedan por lo general, sin castigo. Las mujeres son las víctimas más proclives de este infamante delito, de todas las edades. El director del Observatorio Nacional Ciudadano (ONC), Francisco Rivas, ha explicado que el problema de la violencia en México no es endémico, y que hay posibilidades de revertir los índices: «Es un problema que tiene que ver con las debilidades institucionales, que cada vez están más expuestas. En la medida en la que se corrija la debilidad institucional, vamos a ir corrigiendo este nivel de violencia». El especialista ha expresado que la disminución de los delitos debe de ir acompañada de una construcción institucional, ya que de no ser así, se reduce por un momento, pero vuelve a aumentar. No me parece que la autoridad responsable esté asumiendo su responsabilidad como tal.

La violencia es un tema complejo que también nosotros como sociedad debemos plantearnos y conocer el grado de implicación directa o indirecta que tenemos. La pobreza, el maltrato, la discriminación, no son más que expresiones de nuestra propia miseria sin resolver. Estamos ciertos de que ha habido avances en materia de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en los últimos tiempos, sin embargo subsiste el modelo social que se basa en la adjudicación de roles diferenciados atendiendo al género. Y esto coadyuva a que los criterios, los valores, las normas, perpetúen la posición de inferioridad de las mujeres, que al final del día, se configura como la razón última de la violencia de género. La violencia de género es sin duda la manifestación más descarnada de las desigualdades sociales. Y si cuando ocurre no se atiende por parte de quienes tienen la obligación legal de hacerlo, pues es explicable que se den estas expresiones de legítima protesta. Lo que no se vale, es que quienes lo hicieron el pasado 16 de agosto hayan actuado exactamente igual que la caterva de desalmados, de delincuentes a quienes están exigiendo que se castigue, es decir, que hayan hecho una exhibición mezquina de lo mismo que condenan: Violencia.

La violencia es un tema que daña a todas las sociedades, no discrimina e infortunada y tristemente fragmenta en todos los estratos sociales los vínculos familiares y culturales que le dan cohesión a una nación. Sabemos de las devastadoras estadísticas e historias escalofriantes de mujeres y niñas que son golpeadas, violadas, mutiladas y denigradas por la sola circunstancia de ser mujeres. Y sabemos también que eso genera un temor constante a ser asaltadas o convertirse en víctimas de crímenes que nadie debiera experimentar.

La violencia de género es una epidemia que está vulnerando gravemente la vida de millones de personas. Me aterra la idea, lo confieso, de que la incapacidad de la autoridad, el reclamo a esa ineficiencia que la caracteriza, se pretenda resolver con destrucción, con incendios, con una falta de conciencia absoluta, con irracionalidad… ¿En qué vamos a convertir nuestro espacio territorial? ¿Vamos a volver al imperio de la ley de la selva o a reinstaurar la del Talión? Hace miles de años que fueron desechadas por inservibles, porque no contribuían en nada a la vida en comunidad, sino todo lo contrario, alentaban el crimen, el dolor y la muerte. El 16 de agosto en la ciudad de México vimos cerrazón, vimos furia, vimos vandalismo, vimos abusos, vimos desprecio por el orden jurídico, vimos destrucción, en las imágenes distribuidas en redes sociales, en la televisión… ¿Eso quieren las organizadoras de la marcha que sea su emblema? ¿Qué ganaron? Los daños causados van a tener que solventarse con dinero público, es decir, con dinero de los contribuyentes… Dañaron bienes públicos… ¿con qué derecho? ¿Cuál van a invocar para sustentar la destrucción que sembraron? ¿De verdad creen que a la autoridad le quita el sueño lo que le hicieron a un monumento histórico, o la quebrazón de vidrios de la estación del Metrobús, o el incendio en la estación de policía? Les vale una pura y dos con sal… quizá si eso mismo le hubieran hecho a la casa en la que vive Claudia Sheinbaum, o a la de alguno de los notales del gobierno de la ciudad de México, habría otro tipo de respuesta. Pero es obvio que por ahí no se canaliza la «indignación». Es más, en el comunicado del gobierno no hay reclamo alguno por el vandalismo ejercido. Pecata minuta.

Organismos internacionales han encendido las alarmas debido al incremento del fenómeno de la violencia. Pero aquí en México parece que andamos a mil cuadras del desfile. Ya sabemos que en nuestro país se «hace como que se hace, pero en realidad no se hace nada», eso forma parte de la cultura del mexicano, y lo aceptamos, ya nos acostumbramos a vivir de esa manera. Por eso al gobierno le vale m… Con la actitud asumida nos debe de quedar muy claro. De modo que a lo que se ve, vamos directos a la anarquía, tenemos un gobierno que simpatiza con el desorden. Nomás «amor y paz». ¿Se imagina en que va a convertirse esto? La ley del garrote aprobada en Tabasco pareciera ser el preámbulo de lo que viene. Y es que según los cánones entrados en vigor con la transformación de cuarta que tenemos, a nadie se le va a impedir que manifieste sus desacuerdos con la autoridad, pasándose por debajo de las extremidades inferiores lo dispuesto en la ley de más envergadura, la propia Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. No hay cargos contra nadie, en lo sucedido el 16 de agosto la autoridad abdicó de su autoridad y se dedicó a ver pasar las cosas. Las únicas que recibieron algo de lo exhibido por la vándalas, fueron las policías de la estación de Florencia, de ahí «pal real»… Pero… pero…también la sociedad tiene su parte. Los violadores, los asesinos, los que perpetran los crímenes sin castigo, motivo de la marcha de la agresividad, no llegaron de Marte ni de Júpiter, vienen exactamente de la misma sociedad de la que todos somos parte… ahí gestaron su conducta criminal, su indiferencia al dolor que causan, y esto lo apunto porque los expertos que estudian a estos individuos, dicen que el grueso no muestra ningún signo de arrepentimiento cuando se les cuestiona si son responsables o no del delito cometido. Lo aceptan con absoluta frialdad.

Nadie nace criminal, eso dicen los conocedores del tema, y lo comparto. Habrá excepciones, quizá. Uno aprende a ser persona en su casa, uno es el resultado de lo que vio en su casa, uno es hechura del amor o desamor de sus progenitores, de los valores que te inculcaron, del ejemplo que te dieron. Y si lo que recibiste fue la nada… es muy factible que te fabriques tus propios instrumentos de navegación en la vida. Y habrá quien lo haga bien, porque conozco personas y usted también, estimado leyente, que se crecen ante la adversidad, pero también hay otros que se hunden en sus propias miserias y arruinan sus vidas y también las de quienes tienen el infortunio de cruzarse en las suyas… aunque sea una sola vez. Es necesario volver a tratarse en el seno de la familia con amor y respeto, desde ahí debe promoverse la no violencia y la tolerancia a las diferencias.

Hay familias en las que el fenómeno de la violencia ya está presente, pero hay programas implementados desde el propio gobierno y también de instituciones privadas, para ayudar a esas personas a salir del trance y sanear sus vidas. Claro que para esto se requiere una estrecha colaboración, organización y voluntad política. A ver si esto es posible alcanzarlo, porque de otra suerte la violencia de todo tipo, y la que se ensaña con las mujeres, seguirá a la alza. Y no, definitivamente, la violencia no se combate con violencia, como lo hicieron las mujeres asistentes en la marcha del pasado 16 de agosto en la ciudad de México. El mal no se abate con mal.

El grave problema de la violencia necesita ser trabajado desde muy temprano con niños, niñas y jóvenes, «centrarse en cambiar las normas sociales que toleran y condonan la violencia contra las mujeres», como lo expresa una alta dignataria de la ONU.

 
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