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  Edición 620
  Urge reforma electoral en Coahuila
 
Juan Antonio García Villa
   
  Hasta hace cinco años, desde que el sistema político mexicano se tornó competitivo, los líderes parlamentarios en ambas Cámaras del Congreso de la Unión tenían que estar jugando con el score de las elecciones estatales. A lo largo de todo el año y todos los años había comicios locales.

Algunos de esos comicios podían ser en enero o febrero y otros en mayo o septiembre y aun en diciembre, bien fueran para gobernador, ayuntamientos o diputados locales, pues casi nunca coincidían. Mientras, por el enfrentamiento y encono que suele teñir las campañas políticas, quedaba paralizada en el ámbito federal la función legislativa; imposible llegar construir consensos si afuera, en la provincia, estaba desatada la «guerra electoral». Se esperaba a que terminara el proceso comicial de Hidalgo y venía luego el de Veracruz, y Tamaulipas, posteriormente el de Yucatán o Sonora, y así sucesivamente. Entre tanto, las Cámaras estaban paralizadas.

Hasta que la reforma constitucional federal en materia electoral de 2014 (publicada en el Diario Oficial el 10 de febrero de ese año), propuso una fórmula de solución a este problema. Por dicha reforma quedó establecido en el artículo 116, fracción IV, de la Carta Magna, el siguiente par de disposiciones:

1. Que las elecciones locales deben «tener lugar el primer domingo de junio del año que corresponda» (inciso a), y

2. Que de las tres elecciones de corte estatal (para ayuntamientos, diputados y gobernador) «se verifique, al menos, una elección local en la misma fecha en que tenga lugar alguna de las elecciones federales» (inciso N).

A su vez las elecciones federales, según lo dispone el artículo 22 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, «deberán celebrarse el primer domingo de junio del año que corresponda», cada tres años para diputados federales y cada seis para senadores y presidente de la República.

A partir de dicha reforma constitucional de 2014 —con la excepción de la presidencial de 2018, de acuerdo al Segundo Transitorio de la propia reforma—, todas las elecciones federales y locales han de celebrarse precisamente el primer domingo de junio «del año que corresponda».

En los términos de los Transitorios Segundo y Cuarto de la misma reforma constitucional de 2014, los estados debieron a partir del año siguiente armonizar su legislación al contenido de aquella.

El grupo gobernante en Coahuila decidió que sólo una de las elecciones locales, la de ayuntamientos, sea coincidente con las federales. Con el debido acomodo y los ajustes pertinentes en el tiempo o bien en la duración de los mandatos, pudieron haber sido las tres elecciones estatales de Coahuila concurrentes con las federales.

Así lo hicieron varios estados, por las ventajas presupuestales, al hacer coincidentes las elecciones; amén de que esta modalidad propicia índices más altos de participación electoral, a la vez de que evita el hartazgo que en los ciudadanos produce tanta campaña electoral.

Por haber seleccionado en Coahuila sólo una elección —los ayuntamientos— para ser empatada con las federales en la década que va de 2020 a 2030, el estado tendrá ocho procesos electorales en otros tantos años, según se puede observar en el cuadro que acompaña a este texto. El estado sólo estará libre de elecciones en los años 2022, 2025 y 2028.

Si a partir de las elecciones del próximo año 2020, que son únicamente para diputados, se empiezan a hacer los ajustes para hacer que los tres tipos de comicios coincidan con los federales, en la misma década 2020-2030 Coahuila sólo tendría necesidad de organizar y desarrollar (y «padecer» dirán no pocos ciudadanos) seis procesos electorales.

Pero si esos mismos ajustes se hubieran decidido y llevado a cabo después de la reforma constitucional de 2014, en la misma década 2020-2030 Coahuila sólo habría tenido que llevar a cabo cuatro procesos electorales, como se observa en el recuadro. Y así sucesivamente en el futuro, y habrá décadas en que sólo serán tres procesos electorales.

Como dice El Quijote, «el problema es empezar». Si a partir del año próximo iniciamos el proceso de ajuste con las elecciones para diputados locales (que por esta ocasión sólo se elegirían por un año), más pronto saldrá el estado de este problema.

Sólo la mezquindad y cretinismo de algunos podrá impedirlo frente a la decisión de una mayoría ciudadana. Volveré sobre el tema.

 
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