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  Edición 620
  Persecución y acoso
 
Rosa Esther Beltrán
   
  Don Raúl Vera, Obispo de la Diócesis de Saltillo ha sido y es acosado, perseguido y amenazado, con él y algunos de sus colaboradores nos hemos cerciorado de que las convicciones son más fuertes que las metrallas, cualquier clase de proyectiles y hasta los males transmitidos por brujería.

En 1997, siendo obispo coadjutor de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Raúl Vera López defendió con ahínco a los pueblos originarios de Acteal y advirtió a Ernesto Zedillo del baño de sangre que se anticipaba para esas etnias, lo cual sucedió y fue calificado como crimen de estado.

En noviembre de 1997, los dos obispos de Chiapas, don Samuel Ruíz y don Raúl Vera, coadjutor, sufrieron un atentado al realizar un viaje de evangelización con un grupo de catequistas.

El nombramiento de don Raúl como obispo de la Diócesis de Saltillo cimbró al episcopado mexicano y a la feligresía católica, sobre todo a la de Coahuila, que claramente se dividió en progresistas y conservadores.

Desde que el señor Vera llegó a esta Diócesis, que entonces era mucho más grande porque comprendía toda la zona centro, la del desierto y la del norte, comenzó la defensa de los derechos humanos de los migrantes, algunos de los cuales fueron entonces asesinados con saña por parte de los guardias del ferrocarril; en Ciudad Acuña se abrió la Casa Emús para proteger a los migrantes, y poco después en Saltillo se inauguró la Posada del Migrante, Belén, cuyo renombre se ha extendido internacionalmente, pero que también ha recibido 52 agresiones.

Hay un hecho que marcó la actividad del Obispo Vera como defensor de los derechos humanos de las mujeres en Coahuila: el 11 de julio de 2006, en la ciudad de Castaños 13 mujeres que trabajaban en los bares El Pérsico y La Playa, instalados en la zona de tolerancia fueron atacadas por soldados del 14º Regimiento Motorizado, a algunas los soldados las desnudaron y las obligaron a bailar mientras les apuntaban con sus armas, las ultrajaron sexualmente, además las formaron contra la pared y simularon un fusilamiento.

Hasta entonces fue el único caso en el que los soldados fueron juzgados por la vía civil, ya que antes se amparaban en el fuero militar, aunque al parecer cuatro están prófugos.

Don Raúl fundó el Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios, el que fue asaltado en 2007 con violencia, el Obispo aseguró que no se trató de un acontecimiento aislado, sino que son amenazas que se inscriben en el contexto de una campaña de acoso en su contra desatada tras las denuncias que hizo por el caso Castaños, por las 13 mujeres que fueron violadas por efectivos castrenses y aseguró que con ello se confirma que en México corre más riesgo quien denuncia abusos contra los derechos humanos que quien los comete, y se refirió al caso del entonces gobernador de Puebla que fue absuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación a pesar de que se demostró su intervención en contra de la periodista Lidia Cacho.

En julio de 2011 se colocaron tres mantas en el atrio de la Catedral amenazando a don Raúl y hostigándolo por su activismo social, y recientemente el señor Vera también fue intimidado por elementos militares.

Si alguien no está solo es don Raúl Vera. La Coalición de Trabajadores de la Educación, Jubilados de la UAAAN y de la UAdeC, el Grupo Sí a la Vida, que están en contra del basurero Tóxico, instalado en el ejido La Noria de la Sabina, de General Cepeda, y una larga lista de coahuilenses que han recibido la solidaridad de Don Raúl, repudian el acoso y exigen alto a la persecución del obispo.

De la abundancia a la escasez voluntaria

Se vislumbra una nueva tendencia, van surgiendo grupos de personas conscientes de que la humanidad cava su propia tumba, de que el súper consumismo se alimenta de una mercadotecnia que controla las conductas a través de los cerebros más influyentes, imponiendo a las masas adormecidas por la vida cotidiana un hiperconsumo irracional depredador, y esto no es nuevo, nos acercamos a un siglo y medio de un capitalismo salvaje que ha alcanzado la mundialización; subrayo, no hay nada nuevo en el párrafo anterior.

Sin embargo, con lentitud, pero van aumentando los grupos de consumidores que se rebelan contra el consumo que los empuja a comprar y comprar sin que se justifique y sin razonar en que se ha arrastrado a nuestro hermoso planeta a un nivel insoportable de súper producción, consumo y basura, esos grupos descubren que acumular, poseer y consumir no los hace más felices. Insisto, esta no es una actitud nueva, ante la abundancia material, el confort y el bienestar, hace ya cientos de años los ermitaños y monjes tibetanos, budistas y cristianos optaron por renunciar a los bienes materiales y vivir en la pobreza , pero eso es otra cosa.

Hoy es evidente, ante los grandes problemas de la humanidad no hay insensibilidad generalizada o indolencia. Crecen los grupos que buscan soluciones para limpiar los océanos y la tierra del plástico, así como el agua, detener la contaminación en todos los ámbitos, atender el cambio climático, promover energías limpias, entre otros casos urgentes de cuidar.

No hay planeta B. Aunque el optimismo de las investigaciones espaciales ofrecen la vida en Marte, ese es un sueño imposible aún, y a pesar de que las élites económicas y políticas mundiales se afanen en ocultarlo, tenemos enfrente el agotamiento de los recursos naturales.

Por otro lado, la búsqueda de la felicidad es casi frenética. Proliferan los libros y documentales sobre cómo ser feliz con menos y crece el interés de la conciencia colectiva en la indagación sobre el consumo responsable, sustentable y orientado a su reducción, y surgen preguntas sobre esta elemental e incipiente búsqueda de cambio en nuestros patrones de consumo, frente a las teorías del merecimiento, «es caro, pero lo merezco, lo valgo, por qué no».

Parece que la voracidad material aún sobrepasa con creces a esa capacidad de disfrute de la abundancia de salud física y espiritual, de paz personal y familiar, esta abundancia parece absurda, poco se cultiva, aunque según los científicos sociales, como Jason Hickel, sostienen que prospera el consenso en grupos que creen que una vez alcanzado cierto nivel material su incremento no aumenta de manera relevante la felicidad.

Los promotores más agudos e importantes del consumo minimalista están en los Estados Unidos, ellos fomentan la vida con sentido, teniendo menos, «ama a las personas, usa las cosas» —no a la inversa— exclaman y promueven; vivir reduciendo compras, lo cual ayuda al planeta y al alma, es su filosofía.

Hay gente que experimenta consigo misma y ha pasado hasta un año sin comprar sino únicamente lo necesario y así aprender a frenar el impulso constante de obtener cosas nuevas, muchos maridos mexicanos ricos desearían que sus esposas accedieran a entrar en experimentos de este tipo y vaciaran sus closets de vestidos, bolsas y zapatos que no usan.

Contener el hiperconsumo es algo que muchas personas —no sabemos cuántas— se van proponiendo una vida minimalista, vivir menos con la influencia de la mercadotecnia y más con la satisfacción de sí mismas y la felicidad. No es poco.

En México, en donde más del 50% de la población vive en pobreza, ya practica el minimalismo por obligación, así como una clase media que mengua constantemente, de manera que estas prácticas se juzgan esotéricas, pero conviene saber de su existencia y hasta intentar practicarlas, por el propio bien y el del planeta tierra.

 
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