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  Edición 619
  La inmortal ópera y la maestra Beba Rodríguez
 
Francisco Aguirre Perales
Twitter: @aguirreperalesf
   
  Remontémonos al Saltillo de los últimos años del siglo XIX, en donde era común la efervescencia de todo lo relacionado con las bellas artes, asiento de la cultura, corriente que se ha prolongado hasta estas fechas, por lo que nuestra ciudad ha adquirido el nombre de la Atenas de México.

Saltillo ha acumulado grandes pintores, poetas, escritores, actores, cuyo fluido por su cuerpo lleva ríos de sangre preñada de cultura, y eso nos enorgullece a los saltillenses.

En ese entonces, en un apacible Saltillo, era normal que damas y caballeros asistieran a los recintos culturales a admirar las funciones de ópera, de teatro, de zarzuela; de igual manera eran acostumbradas las reuniones de intelectuales, donde las pláticas, entre cigarrillos y copas de buen vino, fascinaban por la erudición de los temas que abordaban.

Por las calles céntricas de la ciudad era frecuente admirar el desfile de los personajes que asistían al teatro García Carrillo ya a principios del siglo XX, engalanadas con sus espléndidos vestidos largos las damas, y los caballeros ataviados con un frac impecable y algunos con sombreros de copa, cuyos asientos los esperaban para escuchar los conciertos de ópera.

El fuego y la incuria oficial se olvidaron de este teatro que hasta esta fecha sigue enhiesto como testigo mudo de la ineficiencia gubernamental, y que ahora se usa con otros fines que el mercantilismo ofrece.

En Saltillo en este mes de julio, como cada año, nos congratulamos porque aquí se lleva a cabo el Encuentro Internacional de Ópera, que una extraordinaria y entusiasta dama fundara hace 18 años, quien con maestros de varias partes del mundo encausa a hombres y mujeres en el difícil arte de la ópera y que ya egresados pisan escenarios de teatros de varias partes del mundo, pues al estudiar en Artescénica —la institución formada por la maestra Teresa Rodríguez— gozan de fama internacional por la calidad de la enseñanza que le ha dado prestigio en el mundo operístico.

Todo ese amor por la música, a la Beba Rodríguez le aflora y lo comparte sin egoísmos, pues desde niña ya ofrendaba su arte en los primeros años de su vida, ya que desde los cuatro años endulzaba el oído con las melodías que salían del piano.

Con el paso del tiempo, siempre con su adicción a la música, emigró a París con la idea de estudiar dirección de orquesta que lo hizo con delicadeza, esmero y calidad haciéndola merecedora del título de Caballero de las Artes y las Letras de Francia, y después nuestra ciudad la distinguió otorgándole la presea cuyo nombre es el de nuestro inolvidable poeta saltillense Manuel Acuña.

Ahora, en este 2019, han surgido acuerdos ignominiosos de la política ramplona actual que han mermado los apoyos que antes se recibían en materia cultural, lo que ha disminuido la dinámica de Artescénica, nada más que el aliento de seguir adelante ha sido gracias al empeño y la reciedumbre que la Beba imprime a ese esfuerzo, por lo que no ha dejado que su proyecto desfallezca, inyectándole más oxígeno para seguirle dando vida a esa institución de las que no existen en otras partes del país.

Es irracional que se formen tempestades económicas aplicando mayores presupuestos a gente que ni trabaja ni estudia y en cambio lo disminuya a instituciones que dan gloria a nuestro país.

Devolvamos a Artescénica algo de lo mucho que en este renglón de la ópera le ha dado a Saltillo preparando alumnos que recorren otros países en donde la institución es reconocida.

¿Y qué podemos hacer? Pues asistir a sus presentaciones, que es una forma de incentivar moralmente a maestros y alumnos. Y las empresas, que aquí hay muchas, apoyar económicamente, pues no debemos dejar morir a Artescénica que le da lustre a nuestra ciudad y a México.

Este tipo de espectáculos son caros, sin embargo, aquí en Saltillo los tenemos gratis. Estimulemos a los alumnos asistiendo a sus funciones como respuesta a su dedicación, y rubriquemos su trabajo con lo que todo artista espera al final de su actuación, el aplauso que lo alimenta, pero especialmente reconozcamos a la Beba Rodríguez, que sin tener necesidades de otro tipo, trabaja denodadamente en algo de la que es maestra. La ópera.

Se lo digo en serio.

 
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