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  Edición 619
  La increíble y triste historia
 
Marcos Durán
   
  Ni aún la cándida Eréndira, protagonista junto a su abuela desalmada de una de las novelas clásicas de Gabriel García Márquez, recibió tantas humillaciones y violaciones a su dignidad como los videos de jovencitas que son grabadas sosteniendo relaciones sexuales que de inmediato se vuelven virales, superando por cientos de miles de vistas a los videos que llaman a prevenir el cáncer; o a los que quieren mejorar nuestra educación.

Si usted lo ha visto, lamento decirle que fomentó la pornografía infantil pues, ante su éxito, un sitio especializado en ese tipo de vilezas lo exhibe.

Hoy día, la trata de personas y la pornografía son, después del narcotráfico, el segundo ingreso ilícito más lucrativo del mundo. El tercero es el tráfico de armas. Se calcula que este negocio reporta a los involucrados ganancias de más de 32 mil millones de dólares en el mundo. ¿Hasta dónde nos hemos degradado como humanos? Pues, en pleno 2019 aún esclavizamos a más de 40 millones de personas, mujeres y hombres entre ellos niños y niñas, muchos, obligados a prostituirse. De estos, 25 millones realizaron trabajos forzosos —obligadas bajo amenazas o coacción— y 15 millones fueron obligados a contraer matrimonio.

La ONU marca al 30 de Julio como el Día Mundial Contra la Trata. Las estadísticas aterran: Un millón de menores de edad, la mayoría niñas, pero también niños, caen todos los años en las redes del comercio sexual. En México, de acuerdo con cifras de la UNICEF, son explotados sexualmente entre 80 y 85 mil niñas y niños, y ocupamos el primer lugar en difusión de pornografía infantil en el mundo. En nuestro país se han detectado 47 bandas dedicadas a la trata sexual de personas.

De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para el control de las Drogas y la Prevención del Delito (ONUDD) somos fuente, tránsito y destino de la explotación sexual y trabajo forzado. Los más vulnerables son mujeres, niños, indígenas y migrantes indocumentados. Por supuesto, la impunidad y pobreza son obstáculos para combatir esta infamia.

Hace algunos años, el Senado mexicano aprobó reformas a la ley en combate a la trata de personas para añadir agravantes, más conductas delictivas y sanciones más severas. La reforma preveía combatir la trata como la explotación con fines pornográficos, el turismo sexual de menores de edad, el matrimonio y embarazo forzados, la servidumbre forzada, para extraer órganos y el reclutamiento forzado en un grupo armado. La ley incluía obligaciones para la autoridad que asista a las víctimas y agrega principios internacionales como la protección a la vida, la dignidad humana, la libertad, la seguridad y derechos de las víctimas, y establece que se proteja su identidad e información que pudiera volver a victimizarla.

Pero, como siempre, las leyes sirven para eso, para no aplicarse. Y es que los reportes de trata de personas, de acuerdo con varios estudios, solo aumentan. Cuarenta y siete grupos criminales dedicados a la trata, muchos de los cuales están asentados en Tlaxcala, Chiapas y las fronteras norte y sur del país, que aprovechan la pobreza, marginación y violencia intrafamiliar que sufren muchas personas para engancharlas con promesas falsas de trabajo o relaciones amorosas.

De acuerdo con dicha organización internacional, la trata genera que en 21 de los 32 estados de la República haya centros de turismo sexual, en los cuales existe una conexión directa entre comunidades de México y ciudades de Estados Unidos, así como que 47% de la población pueda ser vulnerable frente a dicho fenómeno de esclavitud.

Así pues, la vida real se sigue imponiendo, pues en México se prostituye a niños y a niñas esclavizándolos y repitiendo día a día el viento de sus desgracias, pues algunos adultos, enfermos, solo así logran satisfacer sus vidas miserables, su inmundicia.

Esta es la increíble y triste historia, pero no de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. Esta es una historia no del realismo mágico, esto es realismo trágico, pues día a día, miles de niños y niñas son obligados a la depravación y, tal como Eréndira, quisieran correr contra el viento más veloces que un venado y que ninguna voz de este mundo los pueda detener. Llegar más allá de los vientos áridos y los atardeceres de nunca acabar y que jamás se vuelva a tener la menor noticia de ellos y ellas, ni se encuentre jamás el vestigio más ínfimo de su desgracia.

 
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