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  Edición 618
  A las carreras con la Guardia Nacional…
 
Carlos Aguilar
   
  Para entender el reciente conflicto generado por la reacción de integrantes de la Policía Federal con el gobierno nacional y su consecuente adición a la Guardia Nacional, es necesario analizar el conflicto desde varias vertientes, pero con la premisa de la intención original de la nueva administración: eliminar este cuerpo policiaco dentro del nuevo esquema de seguridad federal.

La concepción original de la Guardia Nacional registró su primer desencuentro cuando el presidente y su gabinete la presentaron y negociaron como una letra de cambio ante la oposición, que negoció su creación e incluso parecía su aprobación como un acicate de presión para, en el futuro, generar presión en el tema de mayor preocupación para los ciudadanos: la seguridad.

Por un lado, el gobierno federal defendió a ultranza que la Guardia Nacional no se militarizaría e incluso que los mandos serían civiles, situación que al final se cumplió sin olvidar que quien hoy la dirige es un militar presuntamente retirado y se generaron coordinaciones que representan a la Sedena, la Semar y la Policía Federal; es decir, la guardia no es miliciana, pero más de la mitad de sus integrantes si lo son.

La prisa y el apuro son constantes cuando se menciona a la Guardia Nacional, primero en su planteamiento al poder legislativo, luego en su aprobación y operación que en forma simbólica ahora hace presencia en varios puntos del país que se supone son los mas críticos en el tema de la seguridad.

Hasta ahora los pocos elementos que se observan son militares o marinos con uniformes diferentes a los que portaban antes; es decir que es imposible pensar en nuevos elementos, porque no se realizó una capacitación previa ni tampoco un entrenamiento que diferenciara al nuevo cuerpo de seguridad de los que ya existen.

A la Policía Federal le tocó bailar con la más fea, porque la nueva administración la identifica como cuerpo leal a anteriores gobiernos federales; porque después del Ejército Mexicano y la Marina, es la demarcación policial con el mejor nivel de aceptación ciudadana, además que hay una histórica división y recelo entre las fuerzas armadas y la Policía Federal en todas sus versiones.

La esperada molestia de los elementos de la moribunda Policía Federal es reacción al cambio, pues no les agrada ahora subordinarse al poder militar y naval por las diferencias históricas que incluso tienen antecedentes de violencia.

Además del error garrafal de primero de primaria del gobierno federal de no estar preparados para eventuales protestas, amparos y negativas por falta de igualdad en sueldos, prestaciones y respeto de antigüedad a cargos y rangos. Otra muestra de que no hay ni había planeación.

En resumen, lo que mal empieza mal acaba, la concepción de la Guardia Nacional no plantea plazos fatales ni estrategias que permitan enfrentar hoy a un monstruo de más de 5 cabezas visibles como grupos delincuenciales de alto impacto que tienen tomados estados del país.

La estrategia debe ser motivo de diversión y risas constantes para muchos integrantes de la delincuencia organizada que, como muchos ciudadanos, observan que la iniciativa es más de lo mismo, solo se le cambió el nombre y aún no todos los uniformes a quienes se dedican desde hace algunos años a combatir a los delincuentes.

En contraparte, el esfuerzo por mejorar a las policías locales parece estéril y pasa a segundo término, como si la muy mencionada y cuestionada Guardia Nacional fuera a solucionar los problemas que no se enfrentan desde la raíz.

Hay que seguir en espera, no para observar si funciona, sino para ver qué más sorpresas ofrece un cuerpo de seguridad que empezó mal, que sigue mal y que, por consecuencia, puede terminar mal.

 
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