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  Edición 617
  Una segunda oportunidad
 
Gabriel Pereyra
   
  En toda sociedad, hay grupos de vivales que tratan de sacar una ganancia extra aprovechando la flexibilidad de las reglas, la buena fe y la confianza. Esto ocurre en todo el mundo y agrupaciones. La sociedad ha creado una serie de instituciones consideradas de buena fe y calidad moral como las iglesias, las universidades, la Cruz Roja, las Naciones Unidas, los grupos humanitarios, las organizaciones de los derechos humanos y los gobiernos. Todos son dirigidos por personas con calidad moral que juran guardar la ley y cumplirla. Cuando se descubre algún problema en estos sitios de un funcionario o desquiciado que comete algún delito contra las personas o el patrimonio de estos espacios, inmediatamente salen una serie de desorientados a defender al infractor con el garlito de defender a las instituciones.

Estamos viviendo el caso de la Iglesia de la Luz, con sede en Guadalajara, cuyo sacerdote supremo a resultado un presunto pillo de siete suelas violador de hombres, mujeres y niños, y como no rinde cuentas a nadie, ha de tener acumulada una serie de delitos patrimoniales y deudas con la SHCP.

En estos seis meses de gobierno, donde ha salido la luz pública una serie de irregularidades que se cometían al amparo de la autoridad de los gobiernos, iglesias, universidades, guarderías, grupos de periodistas, medios de comunicación y diversas áreas del quehacer público, las voces de protesta han ocupado el espacio político. Se olvidan que en estas instituciones también existe pillos, malandros, gente que viola las reglas de la propia institución y de la sociedad en su conjunto, personas que no respetan las normas establecidas para obtener un beneficio ilegal o una ventaja que no les corresponde. Cuando se señala a estas personas se les acusa como personas, no se acusa a la institución, no hay una generalización de que sea una iglesia, universidad, o institución de beneficencia la que esté mal.

Un caso que sigue siendo motivo de protesta ciega es el de las guarderías. El mecanismo fue creado por el gobierno de Felipe Calderón, con la buena intención de tener una serie de espacios donde las madres trabajadoras dejaran seguros a sus hijos. El modelito funcionó varios años. Extrañamente, los dueños de esas guarderías eran panistas y en algunos casos las directoras estaban ligadas a Margarita Zavala y a Josefina Vázquez Mota, de negro historial. Estas personas formaban una base electoral que animaron a los Calderón a crear un partido político. Al llegar los administradores de AMLO y hacer una revisión de ese modelito de guarderías se encontró que era uno de los fraudes bien organizados que beneficiaban a un sinnúmero de personas, era casi un huachicoleo de niños. La mecánica era muy sencilla, el gobierno le pagaba a las directoras, amigas de Margarita Zavala, una cuota por cada niño que atendían. Las directoras tenían fe pública, si decían que tenían 200 niños, se les pagaba por 200 niños, si decían que tenían 150 se les pagaba por 150. Al hacer la primera inspección se descubrieron cifras súper infladas; sólo tenían el 40% o 50% de los niños que facturaban. El gobierno pagó más de 10 años cifras fabulosas a una serie de directoras corruptas, independientemente del servicio que prestaran a los menores. Esa es la razón para que, sin decir «agua va», el gobierno de la Cuarta Transformación restableciera una nueva mecánica para mantener estos centros trabajando, pero evitar el fraude.

La mecánica de pagar a la guardería el número de niños registrado se terminó. De ahora en adelante, los padres recibirían el monto de la colegiatura y ellos serían libres de seguir en el mismo plantel, cambiar de institución, o pagarle a un familiar para que cuidara a sus hijos.

La protesta no se hizo esperar, el negocio de cobrar por cuidar niños inexistentes se acabó. Ahora cada padre recibe el monto de la colegiatura, y son libres de seguir en ese lugar o se llevan a sus niños a su casa y pagan a algún familiar para que los cuide. Es una opción saludable porque muchas familias incrementan el ingreso de toda la familia con ese estipendio.

Esta fue una de las primeras acciones del presidente Andrés Manuel López Obrador para defender nuestros impuestos y el presupuesto nacional. No más atracos vía las guarderías.

Así ha pasado con las universidades, se descubrió que estas instituciones no tenían un control de los recursos económicos y había fuga de recursos en investigaciones, materiales de construcción, sueldos, y aquellas obras y mejoras de largo plazo. Se denunció y se pidió que hubiera más control en estos centros de estudio, el escándalo fue menor, pero se utilizó el planeamiento que se hizo de las finanzas de las universidades para atacar de nuevo a López Obrador.

El escándalo de los periodistas fue mayúsculo, las plumas más prestigiadas cobraban en sus medios y en distintas dependencia del Ejecutivo y en la dirección de Comunicación Social de Presidencia, cientos de millones de pesos por escribir sobre una realidad incompleta o inexistente, o por dejar de mencionar los casos de corrupción que estuvieran cerca de la presidencia o de los secretarios de estado.

En estas semanas, se presenta el asunto de las becas que se daban a los creadores. La publicación de las listas resultó una cloaca de malos manejos. Había gente que tenía más de 20 años cobrando treinta mil pesos mensuales. Las becas eran eso, becas, un apoyo y un primer impulso para que aquellos que tenían facilidades para escribir, componer o crear en el sentido amplio pudieran dedicarse a esas tareas sin preocupaciones económicas, con el tiempo era necesario que volaran con sus propias alas, que encontraran una remuneración por sus tareas. No fue así, siguieron de becarios toda la vida, con un recurso que estaba destinado a apoyar a los alumnos y jóvenes que están en desarrollo y formación.

Tuve una experiencia, una escritora me ofreció escribir un texto sobre cultura en un estado del norte, me pidió mil pesos mensuales como apoyo. Ella dedicaría la edición al Consejo Editorial que dirigía, con la mejor buena voluntad y el acuerdo del gobernador, le entregué religiosamente y mensualmente el dinero que me había solicitado. Un año después no me había mostrado ni una cuartilla del texto prometido, le pedí que se incorporara a la planta de trabajo ya que recibía mil pesos y no había proporcionado nada de lo ofrecido. De buena gana se presentó y me apoyó en algunas de las tareas. Al poco tiempo renunció a la beca. Cinco o seis años después me encontré con la edición que había hecho y en las primeras páginas daba las gracias a más de 80 instituciones que la apoyaron para escribir ese libro que no pasaba de 50 cuartillas. Imagínense ustedes cuanto dinero obtuvo durante cuatro o cinco años. Me pareció uno de los más interesantes negocios que se hacen sobre la magia de escribir un texto.

Me sorprendió la lista de becarios publicada, hay gente que no necesita esos treinta mil pesos y los cobra desde hace 18 o 20 años. Lo más grave es que los enemigos de AMLO en lugar de ver que hay una serie de pillos metidos en estas becas lo acusan de que está en contra de la creación y de la inteligencia.

La lucha contra la corrupción tiene como enemigo el tema negro de la generalidad y una bien orquestada campaña que cuenta con mucho dinero en efectivo, algunos son visibles, como Ciro Gómez Leyva que ha convertido su noticiero en una nota roja de la televisión nocturna, para dar la impresión de que todo el país esta bañado en sangre y todo el país está mal a partir de la llegada de la administración de AMLO. A partir de diciembre todo es violencia, mentiras, equivocaciones. Vivimos, según Ciro, los escenarios más absurdos, lo más negativos. Creo que finalmente le presta un servicio al país al denunciar lo malo, pero no es cierto que el país esté podrido. Gabriel García Márquez escribió que «las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra».

 
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