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  Edición 616
  Migraciones y realidades
 
Gabriel Pereyra
   
  El canciller Marcelo Ebrard, desde Washington, anunció que se logró evitar que impusieran a las mercancías mexicanas un impuesto del 5%; pero lo que realmente anunció es que nos convertimos en la frontera sur de Estados Unidos y que seremos antesala para refugiados en la condición de «tercer país».

El compromiso de México es fortalecer nuestra frontera sur, limitar el tránsito de centroamericanos, impedir el de africanos y haitianos que han tomado como propio el corredor hacia la frontera norte.

Hay un compromiso que considero verdaderamente trascendente, se logró involucrar a los Estados Unidos en el acuerdo de desarrollo integral que firmó México, los países centroamericanos y la CEPAL para desarrollar el sureste de nuestro país y la región centroamericana; esa zona que está expulsando millones de personas por la miseria e inestabilidad en que viven. Por primera vez se incluye en un convenio con los Estados Unidos un compromiso para atacar las verdaderas causas de la migración.

La decisión de Donald Trump de aplicar ese impuesto no era solo por motivos migratorios, era política vinculada a su reelección. Quizás más cerca del proceso electoral americano, si Trump no se siente seguro de ganar la elección, nos aplicará un nuevo calambre y aumentará la presión sobre México, al que ha escogido como ponchimback para hacerse oír en su país. Tras estos acuerdos, México se compromete a actuar como espacio de contención de los flujos migratorios hacia el norte. Como en Europa donde algunos países norafricanos han debido transformar sus espacios limítrofes con la externalización de la frontera Schengen en Marruecos y otros países del Norte de África.

¿Cómo surgieron estas masas de emigrantes que pusieron en crisis las relaciones de Estados Unidos y México? La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, declaró que no parecía muy espontáneo el modelito de caravanas iniciado con la idea de un locutor de unirse para defenderse, al transitar por nuestro país, de policías corruptos, asesinos profesionales, bandas de delincuentes y crimen organizado que asaltaban y explotaban a migrantes. La idea fue adoptada de inmediato por los centroamericanos y a corto plazo aprovechada por enganchadores, traficantes y criminales para ganar dinero, plantear nuevos problemas a los dos gobiernos y utilizar a los indocumentados.

La movilidad humana crece por el hambre, la violencia, guerras internas, desastres naturales y efectos negativos de las economías de mercado subdesarrolladas. Los flujos son tan grandes en el mundo que las fronteras de muchos países se cierran y los gobiernos encaran la crisis migratoria como un problema de seguridad y riesgo a su soberanía nacional. Las migraciones ponen en peligro a las elites de gobernantes que no están a la altura de los nuevos retos.

Los movimientos migratorios del fin del siglo XX y de la era de la globalización causaron graves problemas de xenofobia en Europa. En Londres, la llegada de musulmanes ha desplazado a ingleses de sus barrios y trabajos y se han creado nuevos problemas, actualmente hay más iglesias musulmanas que de otros credos en esa ciudad.

Los franceses y belgas, que son verdaderamente fascistas en ese tema, han endurecido sus leyes migratorias y el Mediterráneo es una tumba colectiva por el número de migrantes ahogados. A la migración por motivos económicos, que predominó en la segunda mitad del siglo XX, se ha sumado el desplazamiento forzado por violencia política y social, guerras, desastres naturales o el avance de las economías de mercado que generan concentración de la riqueza y subdesarrollo.

Trump, con esta bravata, da una vez más el ejemplo de que los estados tienden a definir sus posturas y reacciones señalando a la migración como problema y fuente de inestabilidad política, económica y social. La perspectiva xenófoba que hoy lidera Trump, encuentra eco en muchos líderes conservadores del mundo que han expresado su abierta oposición a la inmigración y al asilo de refugiados.

La campaña del Brexit en Inglaterra estuvo marcada por la xenofobia, como varias elecciones en Europa y la misma elección de Trump se basó en una campaña contra los mexicanos. En los últimos años, las elecciones tuvieron como protagonistas a candidatos con discursos abiertamente xenófobos, los cuales alcanzaron altos grados de popularidad, cuando no el triunfo.

Producto de estas políticas restrictivas, contrapuestas a realidades migratorias, se ha multiplicado la situación irregular de un alto número de migrantes en América Latina y el mundo. Millones de personas empujadas a usar rutas clandestinas para cruzar las fronteras padecen niveles crecientes de violencia y muchas veces hallan la muerte.

Desde el Mediterráneo, que enterró a más de cinco mil migrantes en 2016, hasta Arizona, donde han desaparecido centenares de personas tragadas por el desierto, la geografía de la violencia migratoria se multiplica en el planeta.

Naciones Unidas calcula que el flujo de personas que han tenido dejar de manera forzada por diversas circunstancias su país supera los 65 millones en todo el mundo.

En América Latina, el cambio que va a adoptar México transforma el panorama de las políticas migratorias. De una inicial apertura hacia la inmigración que experimentamos. México y países como Argentina, Ecuador y Brasil inician la aprobación de medidas y marcos legales más restrictivos que dejan a la población migrante en una situación complicada, principalmente a las mujeres y niños que en los últimos años forman parte importante de las caravanas en América Latina. Hemos asistido a una creciente feminización de las migraciones, incluyendo niños y adolescentes y cada vez más importante de grupos indígenas, lo cual los hace más vulnerables.

Habrá que cuidar que los derechos de los migrantes no se desvanezcan y sus oportunidades de acceso a países desarrollados se regulen sin cerrarse. Los desplazamientos humanos son de los grandes desafíos para los gobiernos y habitantes de ciudades fronterizas y para las democracias contemporáneas. Es ahí donde Andrés Manuel López Obrador, el presidente humanista de México, tiene un gran reto ante la realidad de que cada vez más personas y familias siguen resistiendo y construyendo proyectos de vida basados en movilidad, como lo han hecho durante siglos. En Oaxaca, los retos se hacen presentes, somos el segundo estado del país en expulsión de personas. Fin.

 
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