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  Edición 616
  Sobre la «vicepresidencia» de México
 
Juan Antonio García Villa
   
  A propósito de otro tema, hace alrededor de un año y medio escribí el texto que a continuación se transcribe. No incluye su último párrafo original, que en esta ocasión se sustituye por los dos párrafos finales que aquí aparecen. Lo demás va tal cual, incluido el título del artículo, sin quitar ni poner cosa alguna.

«Lo que a continuación se contará ocurrió hace alrededor de quince años, en el gobierno de Vicente Fox, durante el cual los primeros cinco años fui subsecretario de Economía. Tenía esta dependencia como Comisario por la hoy denominada Secretaría de la Función Pública a un profesional de la arquitectura metido a la función de contraloría, de apellido Carrera.

«A pesar de su formación, el arquitecto mostraba conocimientos enciclopédicos en materia de administración pública. Tenía, en su trabajo, un gran dominio de los métodos, procedimientos y organización burocráticos. Además de ese cargo en la Secretaría de Economía, era asimismo Comisario de Comunicaciones y Transportes y Sagarpa, si recuerdo bien. Hasta que llegó el momento de su jubilación, hace más o menos tres lustros.

«Tengo presente que un buen número de funcionarios de esas tres dependencias de las que él era Comisario nos organizamos y le ofrecimos una despedida, con brindis y bocadillos, en el restaurante La Cava, ya desaparecido, cercano a Ciudad Universitaria. Estaba tan relajado, contento y liberado el arquitecto comisario, que pronunció en tono cordial y amistoso un singular discurso de despedida que a todos nos sorprendió.

«Al principio no podía yo creer lo que oía. Fue la suya una pieza oratoria bien dicha, no leída, en tono persuasivo y con sólida argumentación, que no quedaba más que ir asintiendo y llegar al convencimiento de que lo que él decía lo acreditaba nuestra experiencia, pero que por una u otra razón no se había caído cabalmente en la cuenta.

«Expresó que el gobierno mexicano no podría llegar a ser verdaderamente eficaz, ágil y dinámico, con respuestas rápidas, oportunas y apropiadas según las circunstancias —a veces muy cambiantes—, mientras siguiera existiendo una extraoficial pero muy poderosa vicepresidencia de la república. ¿Qué quiso decir con semejante afirmación el señor arquitecto y gran conocedor de los meandros de la administración pública federal?

«Con los ejemplos que fue desgranando quedó claramente de manifiesto que en su discurso de despedida el orador se estaba refiriendo a la Secretaría de Hacienda, a la cual calificó como una especie de vicepresidencia. Es incuestionable que las finanzas públicas se deben manejar con orden y disciplina. De esto no cabe ni puede caber duda alguna. Pero otra cosa muy diferente es que la dependencia que administra los ingresos y el gasto pretenda tomar las grandes decisiones en materia de políticas públicas y frecuentemente en asuntos de menor relevancia y hasta otros francamente insignificantes. Pero así es la gente de Hacienda. Cualquiera con experiencia burocrática lo sabe perfectamente.

«Santo y bueno que se trate, como en buena medida así es, de funcionarios muy profesionales que hacen carrera en el área hacendaria, en simbiosis con los del Banco de México. Hasta ahí está bien. Pero otra cosa muy diferente es que se hayan convertido en una casta privilegiada y todopoderosa con pretensiones de decidir todo, aunque no sea de su competencia desde el punto de vista legal y político. Muy mal».

El 21 de mayo, Germán Martínez renunció a la dirección general del IMSS. En su extensa carta de renuncia sobresale la denuncia que hace de la «perniciosa injerencia» de la Secretaría de Hacienda en la gestión no sólo financiera sino incluso administrativa del IMSS, con tremendas consecuencias para la salud de los más pobres de México. ?Quien tenga alguna experiencia en el ámbito de la administración pública federal sabe que en efecto, en mayor o menor medida, tradicionalmente así ha sido. Lo más probable es que ahora tal injerencia se ha exacerbado por el talante autoritario del titular del Ejecutivo, que utiliza a Hacienda como instrumento idóneo para llevar a cabo todas sus decisiones, así se trate de caprichos y arbitrariedades.

 
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