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  Edición 616
  México: dinosaurio digital
 
Edgar London
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  La confrontación entre Estados Unidos y China a causa de Huawei —que en realidad se trata del dominio de la tecnología 5G— me ha hecho reflexionar sobre la capacidad no solo de México, sino de la mayoría de los países al sur de Río Bravo para aprovechar las potencialidades que brinda la Internet, pero en un sector muy particular: los medios de comunicación impresos.

En primera instancia, pudiera pensarse que todo marcha bien o, al menos, tiende en esa dirección positiva, cuando la realidad es bien distinta. Con excepción de honrosos casos como Reporte Índigo, los representantes de los medios de comunicación impresos, especialmente en México, consideran que la tarea está hecha siempre y cuando su periódico o revista cuente con un sitio web. Imagino que siguiendo el paradigma del siglo XXI, «si tu negocio no está en Internet, no existe», ellos se conforman con garantizar la presencia de sus encabezados en el mundo virtual. Craso error.

Puede que integrarse a la red fuera una excelente idea a finales del siglo pasado o inicios del presente, pero hoy queda muy claro que, si de Internet se trata, «estar no basta». Hay que explotar las diferentes variantes de esta presencia en la red y, de camino, utilizar los cada vez más numerosos recursos que ofrece. La simple reproducción de los contenidos que, originalmente, aparecen en el impreso, ahora en el sitio web, no cumple con las expectativas de los cibernautas.

Inmediatez, interacción e información son las tres «i» claves para implementar un medio de comunicación virtual exitoso. Hoy, la noticia de la mañana, ya es vieja para la tarde. Si esa noticia viaja en papel, resulta imposible actualizarla o darle mayor seguimiento. En el mejor de los escenarios pudiera lograrse al día siguiente. El problema es que 24 horas simbolizan una eternidad en un mundo dinámico y cambiante como el nuestro. Por tal motivo, quienes operan un periódico digital tienen la obligación de nutrir con nuevos datos los elementos informativos que manejen, apenas estos surjan. No importa si en una hora o al minuto siguiente de haberlos colgado en la red.

Por otro lado está el fenómeno de la interacción. No se trata de, sencillamente, abrir un canal de comentarios al final de la noticia para que los usuarios escriban. Es importante ofrecerlo, por supuesto, mas no resulta suficiente. Hay que promover, a veces provocar, esos comentarios. Del mismo modo, averiguar quiénes están dispuestos a recibir notificaciones. Esta interacción no se debe restringir al ámbito de una computadora, el espectro que ponen a nuestra disposición las tablets y los celulares no debe ser pasado por alto. Súmese a ello el uso de las redes sociales que conforman el medio interactivo más popular de nuestro tiempo.

Y respecto a la información. ¡Cuidado! No me refiero al contenido informativo per se, sino a la gama estadística y analítica que muy pocos atienden a pesar de que la mayoría de los proveedores de dominio la incluyen en el panel de control sin costo alguno extra. Conocer qué noticias son las más impactantes, a qué hora se conectan más los cibernautas, desde qué zona geográfica nos visitan, son, por apenas citar algunos ejemplos, datos que pueden ayudar a esbozar una agenda más efectiva dentro de un medio de comunicación.

Olvidar que las generaciones presentes y futuras optan (y optarán) más por los medios digitales que por los tradicionales impresos al momento de mantenerse informado es sinónimo de llevar a la bancarrota a cualquier negocio informativo, sin importar cuán afamado sea o bien establecido hoy se encuentre. Puede que, al menos en México, las empresas y las entidades de gobierno, cuyos líderes aún se aferran al papel, sean más propensos a comprar espacios publicitarios en opciones físicas que en su contraparte digital, pero esta costumbre, más temprano que tarde, terminará por desaparecer.

La atención está en los medios virtuales. Allí se concentran cada vez más los lectores. Allí, entonces, irá a parar el dinero. Que no lo dude nadie. Internet y sus infinitas derivaciones no tiene reversa. Vino a quedarse. El mundo evoluciona. O evolucionamos con el mundo o nos convertiremos en los primeros dinosaurios que se extinguirán en la era digital.

 
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