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  Edición 616
  ¿Quo Vadis?
 
Marcos Durán
   
  Quo Vadis, que en latín significa ¿A dónde vas?, es una expresión utilizada para preguntarse el rumbo que se está siguiendo. El término proviene de las palabras que Simón Pedro dijo a Jesús al encontrarlo camino a Roma. El primer obispo de la iglesia huía de la ciudad en llamas y de la persecución a los primeros cristianos a causa de las obsesiones del emperador Nerón. Hoy México enfrenta su propio Quo Vadis. Hoy deberíamos hacernos la pregunta de hacia dónde va el país que hace algunos años llegó a ser la novena economía del mundo. Los índices de pobreza, más que miedo nos dan vergüenza; records históricos se baten en cada medición: 53.4 millones de personas pobres, 9.4 millones están en pobreza extrema, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). De acuerdo con el más reciente reporte del Coneval, el porcentaje de la población en situación de pobreza en 2016 fue menor que el reportado en 2014 cuando fue de 46.2%, en 2012 de 45.5% y que en 2010 de 46.1%.

¿Hacia dónde va nuestro País que no logra generar los empleos que requiere?. Hoy somos una nación en donde desde finales del año 2000 se han creado siete millones 862 mil 600 empleos, cuando en la práctica necesitábamos al menos de 14 millones de empleos formales. Este déficit se comprueba cuando se revisan los datos de empleo informal, pues más de la mitad de los trabajadores (57%) se encuentra laborando en ese sector. Este sector concentra a los ocupados que trabajan bajo condiciones vulnerables que no les garantizan sus derechos laborales (vacaciones, aguinaldo o acceso a instituciones de salud) y es en éste mismo donde se produjeron 23 de cada 100 pesos del PIB de México.

La informalidad en el país incluye a todo trabajador que se encuentre laborando en micronegocios que no cuentan con los registros legales para operar, a los trabajadores domésticos, a los trabajadores de la agricultura, comerciantes o cualquier empleado que no esté protegido en términos laborales, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

¿Cuál será el rumbo de México que hoy enfrenta los embates del crimen organizado que ha ocasionado un baño de sangre que ronda medio millón de muertos en 12 años y cientos de miles de desaparecidos? Hoy ha quedado comprobado que la violencia sólo genera más violencia, pero empeñados en combatir las causas y no los efectos seguimos al pie de la letra la Iniciativa del Plan firmado hace unos días entre el Gobierno mexicano y el de los Estados Unidos, en donde en la práctica, nos convertimos de facto en el muro al que tanto alarde hacía Trump.

Modificar la estrategia de combate al crimen y de control de migración, no implica desistir de los propósitos fundamentales a los que todos aspiramos: Comunidades seguras en donde se pueda transitar con libertad y en donde se aplique la ley.

¿Hacia dónde va el País que en educación, que debería ser nuestra principal preocupación, las cosas simplemente no avanzan? Y es que según la OCDE, México es uno de los países del mundo con peores resultados en pruebas de lectura y matemáticas. Tenemos el más pobre desempeño entre los países miembros. A eso sumemos a los «ninis», que hoy parecen importar a muy pocos y suman ya más de ocho millones de mexicanos. Son jóvenes de entre 15 y 29 años que no reciben educación y no forman parte de la fuerza laboral ocupada. Fantasmas que caminan sin rumbo en nuestra sociedad que los desplaza.

Mezclemos todo esto al polvorín de diferencias sociales que sufre México, lugar en donde la discriminación social y racial, la intolerancia y las divergencias políticas y religiosas abonan para encender las divisiones entre los mexicanos. Nuestro país reúne todo para ser una nación fuerte, independiente, autosuficiente, desarrollada, solidaria. Tenemos la oportunidad, la esperanza y la voluntad de que unidos podemos hacerlo mejor.

Perseguidos por orden de Nerón, los primeros cristianos huyen de Roma. Simón Pedro, sobre quien Jesús edificaría su iglesia, se escabulle de una ciudad envuelta en fuego. En su huida, encuentra a Jesús por la Via Appia y le pregunta: ¿Quo VadisDomine? El príncipe de paz le responde: «Voy a Roma a ser crucificado por segunda vez porque mis propios discípulos me abandonaron».

 
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