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  Edición 616
  Extirpaciones de vesícula y apéndice innecesarias
 
Ignacio Espinosa Solís
Sitio Web: www.kiskesabe.com
   
  En estos tiempos modernos, la medicina clínica tradicional ha sido rebasada por la tecnología biomédica y ha sido impregnada de técnicas mercantiles, convirtiendo a los enfermos en un consumidor de bienes y servicios claramente superfluos ante la falacia de prolongar la cantidad de vida individual con estrategias dizque de prevención de enfermedades y tratamientos ultramodernos, muchos de ellos invasivo-agresivos, con alto riesgo de daños irreversibles e incluso mortales. No es casual que la tercera causa de muerte alrededor de nuestro maltratado planeta, sean precisamente los errores médicos tanto por excesos de medidas preventivas y curativas con medicamentos o intervenciones en la intimidad de nuestro portentoso cuerpo humano.

Tradicionalmente y apegados al sentido común, a las intervenciones quirúrgicas invasivas y por tanto agresivas, se debe recurrir siempre y cuando se haya intentado resolver el problema con tratamiento médico higiénico y farmacológico lo menos lesivo posible, y que ante un diagnóstico y tratamiento bien planeado por parte del médico y bien cumplido por el enfermo, no haya respuesta y el proceso avance poniendo en peligro la calidad de vida y la vida misma del enfermo, dependiendo esta decisión de el estado clínico del enfermo y de la disponibilidad de opciones de tratamiento dependiendo de la naturaleza de la enfermedad.

Actualmente se cuenta con muchas opciones para el tratamiento de los problemas más frecuentes. Hay enfermedades para las que se cuenta con opciones muy limitadas, ya farmacológicas o quirúrgicas y otras en las que no se dispone de ninguna de las dos, esto es lo menos frecuente.

He aquí algunos hechos comunes.

Antes, en una cirugía para extirpar la vesícula se debía determinar fehacientemente que portaba cálculos, siendo esta la principal causa de decisión quirúrgica en el 99% de los casos. Los cálculos se determinaban con los datos clínicos: dolor intenso insoportable tipo cólico en cuadrante superior derecho del abdomen, de aparición brusca, muchas veces acompañado de náuseas y vómitos o de ictericia ocular (derrame de bilis), que se controla con analgésicos en forma más o menos inmediata pudiendo repetir el cuadro o desaparecer por tiempo variable, semanas o años. En ocasiones, este cuadro doloroso se acompaña de fiebre lo que sugiere una infección agregada, complicación de la presencia de los cálculos infectados en la vesícula (colecistitis aguda litiásica). Esta complicación la mayoría de las veces se controla con antibióticos sin necesidad de la cirugía urgente.

Este diagnóstico se confirmaba anteriormente con un estudio radiológico de contraste: colecistografía oral, procedimiento para el cual se le prescribían al enfermo unas tabletas y un par de horas después se tomaban unas placas radiológicas de abdomen donde se dibujaba con mucha nitidez y precisión la vesícula anatómica casi al 100%, el conducto colédoco y los cálculos, si los había.

En caso de realizarse la cirugía, esta se hacía a cielo abierto con una herida quirúrgica amplia mediante la cual el cirujano y sus ayudantes podíamos ver, palpar una y otra vez con bastante exactitud las condiciones anatómicas y patológicas y efectuar el procedimiento quirúrgico necesario: extirpar la vesícula, en ocasiones revisar el conducto colédoco, abrirlo si era necesario para extraer cálculos en ese conducto, revisar y supervisar las áreas sangrantes y, al final de la cirugía, el período postoperatorio —aunque algo doloroso— transcurría la gran mayoría de las veces sin las complicaciones propias de estos procedimientos: infección o hemorragia en el lecho quirúrgico, ligadura accidental del conducto colédoco, o cálculos residuales en el conducto colédoco, no detectados durante el procedimiento.

En otras palabras: las reintervenciones eran extremadamente raras. Y un hecho muy importante, con esta estrategia de la colecistografía oral, la exactitud diagnóstica, es decir, la confirmación de la presencia de cálculos era casi del 100%.

Hoy, en la época de la cirugía robótica —laparoscopía— y del ultrasonido —la colecistografía oral desapareció—, es raro ver enfermos de más de 35 años, principalmente mujeres, sin una cicatriz quirúrgica por extirpación de vesícula, cesárea, extirpación de matriz y ovarios o apéndice, así como biopsias o cirugía de próstata.

Ojo: la sencilla y común y corriente colitis nerviosa o síndrome de intestino irritable con estreñimiento crónico es la causa más frecuente de confusión con enfermedades de vesícula, apéndice u ovarios, y hasta de próstata, inexistentes.

La mayoría de las personas, principalmente mujeres —los cálculos en vesícula son en ellas más frecuentes— a las que se les ha extirpado la vesícula «no les han mostrado» los cálculos por los que fueron operadas, lo que por deducción lógica aristotélica nos lleva a concluir, con alto grado de certeza, que no tenían cálculos, luego entonces la cirugía debió ser innecesaria por un mal diagnóstico o por… fines comerciales.

El ultrasonido es menos exacto que la desaparecida colecistografía oral.

Lo anterior aplica a la extirpación de apéndice, cesáreas, extirpación de ovarios. Muchos casos son operados sin necesidad pero a la mayoría les dicen que son cirugías de urgencia… ¿Para los cirujanos?

Y otro dato relevante y de orientación para quienes les proponen cirugías de las mencionadas. Actualmente, con la cirugía por laparoscopía de extirpación de vesícula, con mucha frecuencia se tienen que reintervenir por segunda y hasta en tres ocasiones porque, al no tener una visibilidad anatómica completa, mucho menos oportunidad de palpar directamente «con las manos» las vísceras abdominales, es frecuente dejar cálculos residuales en el conducto que lleva la bilis de la vesícula al duodeno (colédoco), o de ligar este conducto accidentalmente bloqueando el drenaje de la bilis que obliga a una segunda o tercera intervención, aumentando los riesgos y el costo de la atención médica.

Lo anterior lo digo no para que me crean porque sí, sino porque me consta, puesto que he sido ayudante quirúrgico en cirugías de centenas de pacientes.

 
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