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  Edición 615
  Renuncias y nuevas designaciones: ajustes y desajustes
 
Carlos Aguilar
   
  Los ajustes y cambios entre los integrantes de un equipo de trabajo son normales y esperados, sobre todo porque siempre hay aspectos perfectibles y además porque no siempre todos los que conforman un grupo laboral entienden a cabalidad los objetivos planteados, sin embargo, cuando las modificaciones son tempranas e inesperadas, como le sucedió al gobierno federal, las apreciaciones y expectativas de cambios positivos se limitan y son altamente criticables.

El presidente Andrés Manuel López Obrador hoy enfrenta la renuncia de dos funcionarios de alto nivel, que más allá de sus perfiles y pasados políticos y curriculares significan razones similares en el origen de la dimisión: falta de presupuesto.

La exsecretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), Josefa González-Blanco Ortiz Mena, hija del exgobernador de Chiapas Patrocinio González, habría declarado en una ocasión al ser cuestionada sobre la falta de recursos económicos para enfrentar incendios forestales: «Tienen razón. No tengo dinero para hacer nada», según una publicación del periódico El Universalen la columna Bajo Reserva del 26 de mayo pasado.

Ciertamente la baja de la primera secretaria del gabinete legal federal, se debió a un presunto acto de influyentismo y prepotencia al demorar la salida de un avión de la línea de Aeroméxico después de hacer una llamada con la solicitud a un alto ejecutivo de la empresa.

Hay que reconocer la respuesta del presidente López Obrador que aceptó la renuncia y declaró que en su administración: «Nosotros no podemos fallar, en nada, y que cuando se comete un error así, tiene uno que aceptarlo y renunciar a una responsabilidad, aunque pueda parecer que es una medida drástica y enérgica, repito, nosotros no tenemos derecho a fallar en nada»; «no podemos ser tolerantes en actos de prepotencia, cero corrupción, cero influyentismo, cero nepotismo, ninguna de esas lacras de la política».

Sin embargo, aunque la reacción presidencial es buena, solo denota la falta de conocimiento de un funcionario proclive a un acto de esta naturaleza y la falla recae también en quien designó a la persona, que, dicho sea de paso, pues no tiene una trayectoria o curriculum amplio que destaque de otros muchos mas candidatos al puesto que tienen más y mejores cartas de presentación.

En fin, hoy el más afectado con el caso de la ex titular de SEMARNAT es el presidente y su administración. En tanto, el caso de Germán Martínez no es tan diferente y deja aún más clara la división del gabinete y la falta de comunicación y capacidad de negociación con la Secretaria de Hacienda, so pena además, de que el propio López Obrador sabía de las desavenencias por los presupuestos y su control en el Instituto Mexicano del Seguro Social, es decir a pesar de que sabía la situación no estableció orden y dejó que las cosas pasarán, tal vez incluso, eso era lo que el presidente deseaba para quitarse compromisos de encima y en ambos casos minimizó la situación, cuando seguramente en otra posición y época, hubiera criticado vehemente y políticamente el problema.

La pregunta para muchos mexicanos, aunque al gobierno federal no le agrade, es quién sigue en este proceso de un gobierno joven que aún no llega a la mitad de su primer año, y que ya contabiliza al menos cinco bajas, incluida Clara Torres, secretaria del Bienestar, que dimitió por la polémica de la cancelación de recursos para guarderías.

El sector salud hoy enfrenta uno de sus peores momentos por la falta de insumos en hospitales públicos y de alta especialidad, porque ahora la secretaria de Hacienda controlará las compras, por ello, no hay que sorprenderse si el próximo en aventar la toalla podría será el secretario de Salud Jorge Alcocer que, aunque aguantó los primeros embates, es posible que tarde o temprano recule para no cargar con el muertito de este gran problema.

La otra figura que se menciona constantemente es Alfonso Romo, jefe de Gabinete, muy cercano al primer círculo del presidente, y que, en teoría y apego a los hechos recientes, tampoco es capaz de controlarle el gabinete al Ejecutivo Federal.

Por el bien del país y del presidente de la República sería bueno que sus designados cumplan a cabalidad con el encargo y si no se retiren ahora antes de que las críticas y problemas de gobernabilidad sean más serios e incontrolables.

 
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