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  Edición 614
  Llévele llévele, ya llegó la FILC
 
Sergio Arévalo
   
  Recuerdo cuando de la escuela primaria nos llevaban a la Feria del Libro en el Museo de las Aves, un paseo interesante, en el que existía sin duda una emoción infantil. Uno esperaba comprarse algo, aunque fuera un recuerdo, un sueño un poco imposible debido a la celeridad con la que las maestras o los organizadores te daban el tour además de la falta de claridad de saber ¿qué leer? Entre tanto libro ¿dónde estará el correcto? Y sobre todo ¿qué alcanzo con los 20 pesos que me dieron para gastar?

Mi primer libro comprado en una feria fue uno de la serie de Escalofríos de R. L. Stine. Recuerdo haber creído que no lo alcanzaría a leer y moriría de miedo por la referencia que tenía de la serie de televisión (que en aquel entonces me daba miedo, ya no… bueno poquito), para después crear una relación amor-odio con la feria, amor porque me encanta ir, odio porque parece que no alcanza el dinero para tanto libro que uno se quiere llevar.

El número de ferias del libro registrado en nuestro país es cercano a los 100, desde las internacionales hasta las delegacionales, de instituciones públicas o privadas. De hecho, el Sistema de Información Cultural (SIC México) de la Secretaría de Cultura, registra actualmente 153 ferias en el país. Muchos hemos ido a una feria del libro, tal vez por un título que no hemos podido encontrar, tal vez porque habrá eventos que nos interesen o quizás queremos conocer a alguno de nuestros escritores predilectos.

Los sitios web especializados concuerdan en que las principales a nivel mundial son la de Frankfurt, la de São Paulo, la de Guadalajara, la de Buenos Aires, la de Londres, y la de Madrid. En México al hablar de ferias del libro podemos mencionar, además de la de los tapatíos que se acostumbra que se realice a finales de noviembre, que también se encuentra la feria de Palacio de Minería, la cual es la más antigua de todas en nuestro país. Se organizó por primera vez en 1934 por iniciativa de José Vasconcelos (vamos a googlear, porque nos suena a boulevard importante), y se acostumbra realizar a finales de noviembre. Por otro lado, si lo que están buscando es una más enfocada en los jóvenes, existe la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en Ciudad de México, a la que podemos acudir en el mes de noviembre.

Al norte del país encontramos la Feria Internacional de Monterrey, que está por cumplir su edición número 23, organizada a finales de agosto y termina a principios de septiembre. Ofrecen más de 600 sellos editoriales, celebran temas diferentes como Día de la Tecnología, Día del Cómic y Día del Trueque. En Coahuila podemos mencionar la de Monclova y claro la ¡Feria Internacional del Libro Coahuila!

La Universidad Autónoma de Coahuila fue sede de la fiesta de las letras. Siempre aliada de la cultura y la promoción de la lectura, una vez más fue sede en Ciudad Universitaria Campus Arteaga de la Feria Internacional del Libro 2019, que participa como coordinadora de uno de los eventos culturales y de lecturas. Este año con el tema Migración: Historia e identidad, teniendo como país invitado a Japón y al estado Sinaloa.

Las ferias del libro son o deben de ser (según nos toque la experiencia) un espacio de encuentro y diálogo entre lectores, escritores, editores, traductores, gestores culturales, artistas, en fin, una oportunidad para acercarse y reflexionar en torno a temas trascendentes como en analfabetismo, la discriminación, el acceso desigual a la cultura, las estrategias para el fomento de la lectura, la censura y el apoyo a creativos nacionales.

En un país donde, según el INEGI, al año 2015 existían 4 millones 749 mil 057 personas analfabetas, es decir, personas de 15 o más años de edad que no saben leer ni escribir, es necesario enfatizar la responsabilidad que tienen eventos de esta naturaleza, hay que ir a las ferias de libros. Ya sea por un clásico, de un nuevo escritor, de romance o terror como los de Escalofríos. El chiste es encontrar ese cómplice de aventuras, amante nocturno o compañero de viajes y de esperas momentáneas, tranquilos, seguimos hablando de libros.

 
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