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  Edición 611
  ¿Huachicoleo en diálisis?
 
Ignacio Espinosa Solís
Sitio Web: www.kiskesabe.com
   
  Parte II

Cuando un ser humano pierde la capacidad de indignarse ante las injusticias de sus semejantes, pierde uno de los valores esenciales del humanismo: la dignidad.

Los conflictos de interés en medicina han erosionado la humanística relación médico-paciente. Varias son las formas: solicitar estudios de laboratorio o prescribir medicamentos no necesarios y recibir prebendas económicas, aceptar dinero por reclutar enfermos para protocolos de investigación; enviar pacientes a otros colegas y exigir participación económica. En otras palabras: recibir «mochada» adicional a nuestras decisiones médicas y en consecuencia rebajar la calidad de la atención médica, más claro: «huachicoleo» en medicina.

Y esto es un fenómeno común, tanto que, en el último lustro, la FDA de Estados Unidos, equivalente a la SSA de nosotros los mexicas, así como la OMS (Organización Mundial de la Salud), han tenido que llamar la atención tanto a la industria farmacéutica así como a las asociaciones médicas sobre este grave problema.

No obstante lo anterior, este aberrante fenómeno sigue vigente.

A una mujer de 59 años, en enero del 2014, en una institución pública le propusieron diálisis peritoneal al encontrarle elevación de la creatinina a 5 miligramos % (normal 1.2) sin retención de líquidos ni síntomas clínicos, siendo las manifestaciones clínicas sin respuesta a tratamiento, la indicación para dializar. Le propuse tratamiento médico, aceptó, exactamente tiene cinco años de evolución se encuentra asintomática, con creatinina en 2.5, llevando una calidad de vida magnífica durante ese lapso hasta el momento actual. A otra mujer de 73 años en enero del 2015, con creatinina ligeramente elevada de 3 miligramos %, (normal 1.2), sin datos de retención de líquidos ni síntomas de intoxicación por esa creatinina, le propusieron diálisis. Le propuse tratamiento médico sin diálisis porque su calidad de vida estaba bien. Haciendo uso de la libertad, buscó otra opinión en la especialidad de nefrología. La convencieron para someterla a tratamiento dialítico. Murió dos años y medio después, con una calidad de vida pésima durante ese lapso, con hospitalizaciones frecuentes por peritonitis y desequilibrios metabólicos propios de la diálisis.

Casos como este son muy frecuentes. Indican la diálisis antes de que las condiciones clínicas la requieran. La diálisis no cura la lesión renal, solo mejora o controla algunos datos clínicos y de laboratorio anormales. Pero si los pacientes no tienen síntomas clínicos que alteren su calidad de vida, la diálisis, invariablemente provocará un giro de 180 grados en esa calidad de vida empeorándola de tal manera que pone en peligro la vida.

A un hombre de 61 años, con 4.9 de creatinina (normal 1.2), sin retención de líquidos ni síntomas tóxicos, le propusieron diálisis, solicitó mi opinión, le propuse tratamiento médico, se mantuvo con buena calidad de vida por dos años. La creatinina se elevó por encima de 10, presentó síntomas tóxicos, le informé que no había otra opción más que la diálisis. La aceptó, sobrevivió otros dos años con diálisis y buena calidad de vida. Hasta participaba en torneos de billar durante ese periodo de diálisis. Finalmente, murió hace un par de meses.

Recuerdo otro paciente que durante la diálisis, una vez se desmayó jugando softbol festivalazo. Era mi compañero de equipo. Lo asistí en el terreno de juego.

El tratamiento que utilizó no es nada personal, es un anabólico proteico nandrolona inyectable, disponible en todas las instituciones públicas y privadas, con un costo de unos 700 a mil 400 pesos mensuales. Su mecanismo de acción es aumentar la síntesis de proteínas en el hígado y con ello disminuye el catabolismo (destrucción) de proteínas, responsable de la producción de toxinas como la creatinina y la urea que deben eliminarse por los riñones. Los colegas internistas y nefrólogos menosprecian este antiguo medicamento, económico, viejo conocido y eficaz. Algún nefrólogo me mandó a decir con un paciente que ya estoy viejo y anticuado por utilizar ese medicamento. No importa, me ha dado buenos resultados, a un precio muy bajo y con buena calidad de vida para quienes aceptan mi punto de vista.

Dializar a un paciente, por ejemplo, tan solo en las soluciones de diálisis se gastará unos 500 pesos diarios, multiplicado por 30 días, son 15 mil pesos al mes. ¿Habrá conflictos de interés entre la industria farmacéutica?

Hace un año, de una lejana ciudad, un joven trabajador administrativo en el ramo farmacéutico de una institución pública, me trajo a su mamá a quien le propusieron diálisis con 3 miligramos de creatinina, con magnifica calidad de vida. Le expliqué que no coincidía con la opinión del nefrólogo.

Me preguntó suspicazmente cuáles serían las posibles causas por la que proponen diálisis sin ofrecer otra opción de tratamiento. Le dije que son varias: criterios reducidos de la especialidad de nefrología, desconocimiento de otras opciones de tratamiento como el que propongo y tercero, conflictos de interés.

—Bien me dijeron que usted me iba a orientar adecuadamente, doctor, en realidad hay conflicto de interés en este rubro, me consta. Mi trabajo, le confieso, me permite enterarme de ese fenómeno.

Ni duda, hay “huachicoleo” en medicina. ¡Uuuufffff! Desde que empecé a ser médico, hace ya 50 años.

 
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