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  Edición 611
  La burla es hacia nosotros mismos
 
Gabriel Pereyra
   
  Qué está pasando con la comunicación que mantiene el presidente de México don Andrés Manuel López Obrador que en menos de 72 horas se organiza una campaña contra una misiva que le envió a Felipe, rey de los españoles, para que ahora que se celebren los 500 años de la conquista y 200 de la Independencia de México se preparen festividades conjuntas, se revise la historia y se reconozcan los crímenes cometidos en esa etapa de nuestra historia común. La reacción parece ser que estuvo armada. Si no lo fue, pareció un «compló». El gobierno de España reaccionó verticalmente, rechazando la posibilidad de que su rey Felipe tenga que pedir perdón como lo han hecho otros pueblos, y la misma España, con los judíos últimamente.

Algunos de los llamados intelectuales de habla hispana se ponen a pegarle de golpes en la prensa. Primero fue el imbécil de Pérez Reverte, quien publicó un texto breve y ofensivo. Al calor de la intolerancia que se da en todas partes escribí. «El imbécil de Pérez Reverte es el que tiene que pedir perdón. De mecha corta, pelado, con sus instintos a flor de piel, no duda en insultar a una persona que tiene una visión diferente sobre la historia. Creí que era un hombre inteligente, y lo es, pero también es un imbécil que desde su ubicación política y geográfica se expresa intolerante, como un franquista en la guerra civil española.

«Ha demostrado que una cosa es la inteligencia y otra muy distinta sus instintos. Encomendero moderno, ante un pensamiento diferente, enloquece, agrede e insulta», hasta ahí quedo mi respuesta, que le envié a su correo, a la cual no le quito ni una coma.

Si algo nos faltara, Mario Vargas Llosa se mete a la pelea desde Buenos Aires, donde está presentando un libro. Vargas Llosa me da la impresión de esas mujeres que han dejado de ser bellas, pero que se niegan a retirarse del escenario. Sin duda que mantiene destellos de inteligencia, a pesar de su nuevo matrimonio. Pero su relación con los países del tercer mundo y con los gobiernos de estos países que no siguen exactamente el neoliberalismo salvaje en lo económico es dramática, no pierde oportunidad de agredirlos. Tiro por viaje contra ellos. En parte porque le pagan por esa actitud grandes capitales y de paso estar en las planas de los diarios.

Hombre inteligente, creador de la Ciudad y los Perros, Pantaleón y las visitadoras, y otras más, algunas extraordinarias, otras no tanto, perdió la perspectiva y el eje de su quehacer cuando intentó participar en política en su país como candidato a la presidencia de la República. Ahora se mete en todas las elecciones y naciones. Era tan inteligente, tan encantador, cuando nos explicó la dictablanda mexicana. Ahora parece una de esas mujeres gordas y abandonadas que han dejado de ser bellas físicamente, viven en las casas donde trabajaron y cada que entra un cliente mantienen la esperanza de que se fijen en ellas. Trata de meterse en todo.

Aquí en México, nos enteremos que uno de los jefes de la mafia que organizaba campañas, daba línea ideológica y contrataba personal para actuar contra el candidato a la presidencia de la república Andrés Manuel López Obrador era Enrique Krauze, ése, el de las series históricas y la revista Vuelta, quien al frente de algunos escritores e historiadores participaba activamente en la política mexicana preelectoral. Krauze, heredero directo de Octavio Paz, al menos así se presenta, juega a intelectual y lo es. También es un excelente comerciante de la historia de México. Es uno de los jefes de un grupo de «mafiosos» que abunda en México. Son una cofradía, una sociedad de elogios mutuos, un círculo estrecho al que muy pocos pueden entrar. Digo que son mafiosos porque actúan como mafiosos. Hablan como mafiosos y se comportan como mafia. Tienen objetivos comunes, sólo los iniciados participan y tienen que entregar parte de su posición política e ideológica en aras del grupo y de sus socios. Forman parte de la muy privilegiada burbuja económica de los medios de comunicación que privilegiaron su relación con el poder, su aquiescencia de ponerse de acuerdo y ser funcionales unos a otros. En lugar de buscar construir audiencias, crear lectores libres, tener amplios públicos, generaron una agenda subordinada a los intereses del gobierno y participaron de esa gran farsa que nos vendieron los neoliberales.

Ahora, Krauze se ha rajado, le dice a López Obrador que siempre lo atacó de frente, en público y en sus escritos, es cierto, pero también operó en las sombras con grupos de choque intelectual y material contra la candidatura de Andrés Manuel, apoyado por fabulosas cantidades de dinero de grupos privados.

Evidentemente, Andrés Manuel López Obrador, que conoce la historia de México, trató de establecer un diálogo con los españoles peninsulares para preparar una agenda conjunta sobre estas celebraciones con la mejor buena voluntad. La respuesta tanto de los monárquicos peninsulares y criollos ha sido desmedida y con claros tintes políticos en contra del presidente de México.

La brutalidad contra seres humanos en cualquier lugar y en cualquier tiempo es condenable, son crímenes que no prescriben. Burlarnos de un acto de buena fe del presidente para revisar la historia en forma conjunta, es vil, denota una raíz podrida y grandes intereses económicos detrás. Porque nos burlamos de una de las más grandes tragedias que sufrió nuestro país, es burlarnos del sufrimiento de los judíos en la Alemania nazi; de los habitantes del Congo que padecieron el colonialismo belga, es burlarse de la discriminación que sufren nuestros grupos indígenas, es burlarnos de nosotros mismos.

 
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