Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Gobierno Sociedad Política Medios Luces y sombras Opinión Firmas El pez en el agua
 
 
  Edición 611
  Mucho ruido y pocas nueces
 
Esther Quintana Salinas
   
  Suele decirse que en «el amor y en la política todo se vale»... ¿Será? Pues al margen de la interrogante, al presidente de México le encanta encender fuegos y tronar cohetes. Hace unos días, armó la de Dios es Cristo con su carta enviada al jefe de estado español, o sea a don Felipe VI, para que se disculpara por todas las afrentas causadas con motivo de la conquista en1521 y los tres siglos de sojuzgamiento venidos de la península ibérica a los pueblos mesoamericanos. La pregunta que me viene a cuento es si con ello, ¿estaba buscando solución a un problema concreto que agobiara a la república? Y con todo respeto para su investidura, pues no. Se trata entonces de que hay políticos que tienen fascinación por la frivolidad mediática, por estar en todos los altavoces, por levantar una ola de opiniones diversas... y que además salen bien baratas, porque ruedan solas, se apropian del debate público, toman sitial de privilegio en la alharaca nacional e internacional, le dan vista en panavisión y a todo color. Luego se van desvaneciendo... pero potencian la marca electoral. López Obrador es un «maestro» en levantar polémica, sabe incendiar los ánimos.

El año próximo habrá elecciones en México y el mesías de Macuspana un día sí y otro también le mete candela a la hoguera para estar en boca de todos, ni siquiera es Morena en sí, bueno... él es Morena. Esta estrategia rinde dividendos en los comicios aunque haga polvo las democracias de los países en las que se recurre a ellas. Explotar el hartazgo, el coraje, la impotencia, chillar las pasiones le dio muy buenos resultados a Hitler, a Mussolini, a Castro, a Chávez, hoy a Bolsonaro y al hecho en México.

Ponerle dinamita a la indignación ciudadana, polarizar a la sociedad, en lugar de acciones para la prevención de estos eventos, hoy lo provocan los propios políticos... ¿Por qué?, porque en el caos se rompen los consensos, se erosiona el statu quo, se mueve la geografía política y entonces cualquier cosa puede suceder. Y el «ganón» de la debacle provocada empieza a «vender» la «leyenda» de su indispensabilidad. Este «súper político» es experto en generar perspectivas extremas, en su paleta de pinta desm... solo existen el blanco o el negro, no hay gama de gris. Esto se denomina desde hace siglos: fanatismo.

En la antigüedad, verbi gratia, las sacerdotisas de Cibeles se entregaban a manifestaciones religiosas colmadas de violencia en el templo, hiriéndose los brazos para rociar con sangre el altar. Y es que el fanático lo es por sus creencias, no por sus ideas. De ahí que el raciocinio esté desterrado de su ser y entonces su conducta se vuelve, valga la redundancia, irracional. Y es que una creencia se arraiga en una adhesión incondicional que lleva al individuo a creer a pies juntillas el estás conmigo o contra mí, no se admiten términos medios. Al líder se le idolatra, sus seguidores se vuelven súbditos de su autoritarismo. De esta concepción extrema de sumisión sectaria devienen las conquistas bárbaras, las guerras cruentas, los genocidios, de ahí el homini lupus homini, que se le atribuye al pensador inglés Thomas Hobbes. Llevar esto a la política de nuestros tiempos es una perversión... ¿inyección de fanatismos alentada por políticos? Hay una abdicación estremecedora de la ética más elemental con tal de controlar cabezas y corazones y ponerlos al servicio de su voracidad, de su hambre insaciable de poder para dominar.

Y mientras que se desarrolla esta lucha por el dominio del poder, el ciudadano de a pie libra su combate cotidiano con la realidad, que se traduce en conservar un empleo como su fuente de ingresos para la vivienda, la alimentación, la educación, la salud, el bienestar en sí de su familia y el propio, y esa realidad se ve amenazada por la delincuencia, por la inseguridad en general, en la que ha fallado la tarea primigenia del estado. Y súmele a este escenario tan «alentador» el deterioro de la naturaleza y del medio ambiente como otra amenaza real para la vida personal y la de los suyos. Ante una actuación huérfana de esfuerzo y de compromiso por parte de los gobernantes en el poder para generar condiciones que le permitan vivir como persona que es, la política pierde su legitimidad y su razón de ser. Se convierte en el caldo de cultivo propicio para que prenda el discurso populista, que le dice a mañana, tarde y noche, que ellos si van a atender y resolver la problemática.

El populista «juega» con la insatisfacción presente. López Obrador ganó en julio del 2018 la elección, porque la gente se hartó de las raterías del PRI, más desvergonzadas que nunca en el sexenio de Peña Nieto, y en la tibieza de un PAN que tuvo 12 años en sus manos la oportunidad de llevar a México por otro derrotero y no lo hizo, faltó determinación, y eso decepcionó a la sociedad que votó primero por Fox y luego por Calderón. Me duele admitirlo como panista, pero es un hecho y lo hemos pagado con creces. Es cierto que no se tuvo mayoría en el Poder Legislativo en ninguno de los dos sexenios, y que eso sin duda afectó de manera sustantiva para no romper con la inercia de un sistema político obsoleto para el siglo XXI, podrido de cuanto hace a un gobierno repudiable. Nos faltó a los panistas la cercanía que genera confianza de la población hacia sus gobernantes, esa que se traduce en sentirse escuchado y respaldado por sus autoridades. Es cierto que el manejo de la macroeconomía fue impecable y le dio al país solidez y solvencia reconocidas, pero no bastó, la gente necesitaba verlo reflejado en sus bolsillos. Y tampoco... tampoco vimos que se castigara a los peces gordos y tepocatas que robaron hasta hincharse el dinero de los mexicanos y que siguen hasta la fecha, libres como el viento y gozando ellos y su descendencia de toda esa fortuna mal habida. Y un buen número de esos impresentables lo respaldaron para que llegara y/o forman parte de su gobierno ¿Y? Pues nada, sus pecados les han sido perdonados y a la gente a la que agraviaron no le importa ni un comino su pasado, se «regeneraron» en su conversión a morenistas...

La democracia mexicana es muy sui generis, transita entre la legalidad y la legitimidad, por eso la reestructuración debe hacerse de abajo hacia arriba, no hay otra forma de recuperar la confianza perdida en la polarización de fuerzas y el desencanto provocado por la ruindad de gobernantes sin patria y sin «matria» que han desvalijado a placer al país entero. Y no se le ve trasunto de que vaya a haber modificación. Me explico. Hoy se tiene un fiscal General de la República recién nombrado, pero no se reformó el artículo 102 constitucional para quitarle al presidente la facultad de removerlo. Y es este fiscal el que nombra al fiscal Anticorrupción. Todavía no se ha dado el gran salto cuántico para desmembrar el presidencialismo que tanto daño le ha causado a la división de poderes, mientras eso no suceda el país no tendrá instituciones de estado que fortalezcan a nuestra enteca democracia. Hoy gobierna un hombre que está obsesionado con la centralización del poder. El cordón umbilical no se ha cortado. Todo esto se explica, el presidente López no conoce otras formas más que las aprendidas en el sistema del que él fue parte y al que sirvió durante muchos años. De modo que desconoce la construcción de una legitimidad surgida de la horizontalidad y el asociativismo del derecho humano vinculado a la participación ciudadana, que debiera primar no nada más en la fiscalía sino en todas las estructuras institucionales y políticas del Estado.

Si el ciudadano con escolaridad y conocimientos, no asume de una vez por todas que debe sumarse con su participación a la concreción de propuestas viables y pensadas en su calidad de destinatario de las acciones del gobierno, este país no va a cambiar, lo gobierne quien lo gobierne. Es fundamental que los mexicanos entiendan que convertirse en contrapeso social es ya insoslayable, si se quieren tener gobiernos que verdaderamente trabajen a su favor. Mientras la población siga aferrada a no entender esto que es elemental, no va a ser posible ser copartícipe en la toma de decisiones que hacen la diferencia entre un pueblo acostumbrado a ser comparsa y títere de demagogos y populistas, a uno en el que sus gobernantes le respetan y se esmeran por servirle con responsabilidad y compromiso, como ocurre en otras latitudes del mundo hoy día.

López Obrador no tiene ninguna varita mágica, ni poderes divinos, el puesto se lo debe a 30 millones de mexicanos que votaron por él, pero en este país vivimos 131 millones 452 mil 016 almas (INEGI 2018), y lo que debiera ocuparlo es cómo va a enfrentar una crisis inminente en el sector manufacturero, toda vez que China, verbi gratia, está utilizando cada vez más robots industriales que son más eficientes, tiene 97 por cada 10 mil trabajadores; en México, hay 36 por el mismo número de trabajadores. Corea del Sur produjo 90 mil 847 patentes de nuevos inventos en 2018, y México solo 407. ¿Cómo se va a preparar el país ante una revolución tecnológica como la que se espera que pueda provocar la nanotecnología en los próximos 10 años, lo que abriría el espacio a sistemas energéticos más eficientes con la consecuente disminución del consumo de petróleo, restableciendo el equilibrio entre oferta y demanda que hoy en día se encuentra por ningún lado y provoca el aumento escandaloso de los precios del crudo? Me parece que esto, entre mil cosas más, es lo importante, pero está más que claro que tiene debilidad por los tinglados y los aplausos... ah... y lo de la carta, ni siquiera es original... copión.

 
Otras publicaciones
Así no…
Para vivir iguales… nada más…
Los gobiernos son de paso
¿Hay nuevos valores…?
Una historia que no debemos olvidar
En su mundo…
¿Volver a la selva?
Los lenguaraces están de moda…
Renovarse o morir, no hay de otra
Dos venenos redivivos: Fascismo-populismo y fanatismo
¿Y los de adentro…?
Necesitamos estadistas
De lo que estamos faltos…
Se parecen…
Primero es México
Educación y política
Hoy así... ¿y mañana también?
La Guardia Nacional de Andrés Manuel
¿Quién paga?...
Educación con principios democráticos
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2019. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba