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  Edición 610
  Recordando a Jesús Reyes Heroles
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  Al hablar de Jesús Reyes Heroles no evito hacer una comparativa con Antonio Gramsci; si bien es cierto, para muchos es una osadía, pero sí que es el arquetipo el cuál describía Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel. El 19 de marzo, honramos su muerte y es por ello que me permito encomiar su memoria con un par de ideas de lo que para mí representa aquel político e intelectual mexicano nacido en Tuxpan, Veracruz. Jesús Reyes Heroles fue un hombre de ideas y de acción, o como a él le gustaba calificarse: un político con ideas. Don Jesús Reyes Heroles, como político, existió en diversas facetas de la realidad mexicana; algunos se fijarán en la polémica y la negociación, otros al hombre paciente con la madurez de las ideas.

En el mundo de la política son más conocidos sus discursos que en el mundo de la academia (en donde se precisa su obra sobre el liberalismo mexicano). Con estilo dialéctico y filosófico, en sus oratorias se consagraron fórmulas precisas, filosóficas y agudas. Era un Intelectual que se formó en el Derecho, la Economía y la Historia. En el PRI de las ideas (no en el neo-liberal), sus discursos se reconocen como verdaderos ensayos sobre los problemas nacionales.

Las nuevas generaciones de la política poco conocen a los ideólogos de nuestra Nación. La juventud de hoy, la del úsese y tírese, la desazón, de la recompensa sin esfuerzo poco saben de Reyes Heroles, que decir de personajes como Otero, como Vasconcelos, Lombardo o de los forjadores de Instituciones, como Ignacio Chávez, Cosío Villegas, Gómez Morín, Antonio Caso; tampoco saben que Don Jesús aspiró a la Presidencia de la República pero en la imposibilidad, forjó su poder.

Como un buen predicador del futuro, supo que el libre mercado en exceso no era bueno, e influido por el pensamiento político italiano y con las corrientes sociales de su momento, era un liberal a su manera: creía en la intervención del Estado y en la dinámica del Estado. Diría: “mediante formas amplias de intervención estatal y de participación social, que lejos de negar las libertades las acrecienta, se instaure una planeación económica para que el hombre domine y no sea dominado por imperativos y ciegas fuerzas económicas (...)”.

Reyes Heroles hablaba con autoridad: había estudiado la formación de nuestro Estado nacional en el siglo XIX y, buscando conjugar todos los tiempos políticos, tuvo una línea de conducta: la razón de Estado, lo sustantivo de la política, la esencia del quehacer político; en su obra En busca de la razón de Estado y Mirabeau y la Política podemos conocer a ese Reyes Heroles.

Un intelectual orgánico es aquel cuya labor central consiste en abonar argumentos y acciones a favor de ideas y proyectos que se convertirán en dominantes por medio del convencimiento. Su influencia en la cultura, en la política, y con frecuencia en el de la moral, sobrepasan victoriosamente por sobre la sociedad civil. Releyendo a Gramsci, podemos conocer el valor primario del intelectual orgánico en la política y en la cultura.

La función crucial de los intelectuales orgánicos es actuar como agentes que organizan y formulan ideas capaces de establecer hegemonía en la sociedad civil. Promueven el consentimiento para no imponer la fuerza. A diferencia de otros intelectuales, los orgánicos tienen una función organizativa, educativa y directiva.

A Jesús Reyes Heroles siempre le molestaban las revoluciones de palabra, los incendios retóricos y la mezquindad de intereses. Don Jesús murió entre libros y en el servicio público. Se fue sin alardes, como se fue Gramsci al salir de la cárcel de la cual estuvo preso por fundar el Partido Comunista en Italia. Hizo lo que pudo y fue un profesional de la política y de la academia, siempre huyó de los extremos. El profesor de Teoría del Estado, el director de Pemex, el diputado, el economista, el secretario de Gobernación.

Jesús Reyes Heroles en su andar, no fue únicamente un intelectual, sino que también fue un político que enfrentó los retos que se le presentaban, desde la visión del liberalismo mexicano. Para Reyes Heroles los absolutos nunca fueron buenos, aduciendo su fervorosa oposición a la influencia clerical en México.

Con base a estas enseñanzas, es necesaria la concordia y la solidaridad en México. La manipulación que hoy vivimos, hacen al individuo un elemento estéril de desarrollo. Este cambio y transformación social, se debe de dar, no solamente desde las luchas obreras y campesinas, sino también desde la organización social en las clases medias.

 
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