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  Edición 610
  Reyes Flores, ¡hágase valer!
 
Edgar London
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  Es ahora o nunca. Desde su investidura como delegado del Gobierno de la República en Coahuila, Reyes Flores no ha desarrollado el gran papel de confrontador que los coahuilenses esperaban de él. Puede que, tras bambalinas, le sirva de ojos y oídos al presidente, pero, a juicio de la sociedad, hasta la fecha se ha embolsado su salario sin tener que ponerle cotas al gobernador ni apelar ninguno de sus mandamientos.

Aseguraba Horacio Quiroga, en una de sus inmejorables historias, que el perro, mientras más hambre, más olfato. Y parece ser que el nuevo puesto, con los obvios beneficios que trae aparejado (en términos económicos y de poder) le ha restado sagacidad o pantalones a Reyes Flores. Muchos extrañan al hombre que, junto a Armando Guadiana, presentara una denuncia penal en contra del Gobierno de Coahuila ante la Corte Penal Internacional, en La Haya, Holanda, por los casos de la masacre de Allende y las desapariciones en el penal de Piedras Negras.

Sin embargo, hoy Reyes Flores tiene la posibilidad de hacer valer su condición de hombre de confianza de López Obrador, de mano con esa otra confianza (acaso más importante) que los coahuilenses han depositado en él. Basta con que secunde la solicitud de la abogada Ariana García Bosque para que se lleve al banquillo de los acusados a quienes ocupaban las más altas instancias del gobierno estatal cuando sucedieron los horrendos crímenes de Allende.

Recientemente, Reyes Flores declaró en relación con ese suceso que “la investigación debe de virar hacia los más altos niveles de poder que permitieron eso” (Vanguardia, 19-03-2019). No obstante, si dicha manifestación no cuenta con el apoyo de acciones concretas, terminará por convertirse en palabras lanzadas al vacío y los posibles responsables, por omisión o complicidad, de uno de los más sangrientos episodios de la historia moderna de Coahuila seguirán sin rendir cuentas a la ley. Léase, Humberto Moreira, Jorge Torres Charles (ambos, gobernadores durante aquel sexenio nefasto), David Aguillón, secretario de gobierno en igual periodo y Jesús Torres Charles, fiscal en aquel entonces.

No solo los pobladores de Allende, sino todos los coahuilenses, esperan por la llegada de una justicia que ya suma ocho años de letargo y amenaza con diluirse en el tiempo, a conveniencia de los malhechores, y reducir un número indeterminado de desapariciones a simple anécdota en la región. ¿Servirá acaso el episodio como excusa siniestra para convertir a ese municipio en otro Pueblo Mágico?

Es aquí donde Reyes Flores debe hacer valer su posición. Es ahora cuando puede demostrarle a la sociedad que no ha perdido su ímpetu ni su coraje. Que su puesto de delegado no es excusa vana para sumarle miles a sus arcas personales y sí la herramienta perfecta para respaldar la máxima de su jefe inmediato (erradicar la corrupción en México).

Reyes Flores debe comprender, así como lo comprenden los mexicanos todos, que no puede haber verdadera lucha contra la corrupción si los corruptos caminan como si nada por las calles que ellos mismos enlodaron con sus fechorías. Que no basta con mirar hacia adelante y decir “no habrá” si antes no se mira hacia atrás y se castiga lo que sí hubo. Y en Allende, usted lo sabe, Reyes Flores, hay muchas familias diezmadas porque ocho años atrás las autoridades, mismas que debían velar por la paz de los habitantes, miraron a otro lado y dejaron que esa paz terminara dilapidada por las atrocidades que cometieron los miembros del crimen organizado.

Las viudas, los huérfanos, claman en nombre de los desaparecidos, pero ¿quién clamará en nombre de ellos, los sobrevivientes del holocausto local? Si usted, Reyes Flores, personifica los ojos y oídos del presidente en Coahuila, no olvide que en Allende hay mucho que ver y todavía más que oír.

 
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