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  Edición 610
  ¿Huachicoleo en diálisis?
 
Ignacio Espinosa Solís
Sitio Web: www.kiskesabe.com
   
  Parte I

De acuerdo con los estudios de Arturo Ortega Morán, escritor mexicano especializado en el origen de las palabras y expresiones del castellano, la palabra huachicol proviene del latín:”aquati”, que significa aguado. Durante el siglo XVI el término aquati aludía a una técnica empleada en pintura que consiste en diluir los pigmentos en agua. Al emplearse esta palabra Francia, se transformó en «gouache» conservando su significado. Posteriormente al llegar el nombre de esta técnica México durante el siglo XIX solía referirse a él como «pintar a la guach».

En esa época a los vendedores de tequila y aguardiente que diluían las bebidas con agua para obtener más ganancias, se les comenzó a nombrar con el apelativo de guachicolero o huachicolero. De manera análoga, se les comenzó a llamar así a los comerciantes de combustible que rebajaban con agua la gasolina o el petróleo para lograr mejores ganancias. Actualmente la palabra huachicolero se utiliza para denotar a una persona dedicada al robo, traslado ilegal y venta de hidrocarburos.

Ahora me explico, porque en nuestros usos y costumbres, en los velorios de rancho de más de 24 horas, después de la media noche, recuerdo desde mis lejanos días de chamaco, a los que se sacrifican dizque acompañando, se les invita un «huachicol». Recuerdo que se trataba de aguardiente casero seguramente con una concentración de alcohol de más de 50 grados, pero rebajado (adulterado) con café o refresco. Y con estos huachicoles, los acompañantes se amanecían contando cuentos colorados, historias de espanto o jugando «conquian» (baraja) y a los que no lo rebajan (guachicolean) les pega como patada de mula.

¿Será posible que esta aberración del huachicoleo (adulteración) se presente también en el ejercicio de una actividad tan humanista como la profesión médica, cuyo objetivo esencial es el cuidado de la salud y primero no dañar?

Después de leer lo siguiente, mis dos lectores y medio podrán deducir lo que más convenga a su entendimiento, tomando en cuenta que el objetivo de esta columna es orientar al público en general

En una columna comenté textualmente lo siguiente: «por otra parte, en los grandes centros hospitalarios, por ejemplo, se está aplicando la diálisis peritoneal mucho antes de que los pacientes se quejen de síntomas tóxicos de la urea y creatinina (toxinas) elevadas en sangre, derrochando recursos materiales y humanos antes de lo necesario. Dializar a una persona tiene un costo diario altísimo, tres o cuatro mil pesos, probablemente me quede corto en estos cálculos. La diálisis es un procedimiento paliativo (no cura ni regenera los riñones), tiene sus indicaciones más o menos precisas, dependen del estado clínico del enfermo, de la persona, no exclusivamente de los datos de laboratorio; tiene sus ventajas, pero también sus riesgos, los cuales pueden ser peores a la enfermedad de los riñones e incluso puede ser mortal».

Los motivos para dializar tempranamente se justificarían si la diálisis curara la enfermedad que causa el daño renal, pero no es así. Luego entonces, la decisión de dializar puede ser por el criterio establecido en las populares guías de práctica clínica, es decir, los protocolos establecidos dizque por «expertos» que los demás médicos aplican sin discriminación clínica y pudiera ser, y hay que decirlo, por conflictos de interés entre gremio médico e industria farmacéutica.

¿Por coincidencia? Cinco días después, en un diario nacional apareció la siguiente cabeza de nota:

https://www.jornada.com.mx/2019/02/26/sociedad/031n1soc

«Mafias, en servicios de diálisis. Muy pronto se identificará a los culpables de corrupción en el IMSS. Se están armando expedientes con pruebas contundentes: Germán Martínez». Firma la nota: Ángeles Cruz Martínez. Periódico La Jornada. Martes 26 de febrero de 2019, p. 31

Y en el cuerpo de la nota se lee textualmente:

«Muy pronto se presentarán los casos de corrupción encontrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), anunció ayer el director Germán Martínez Cázares, quien manifestó que se están integrando los expedientes con las pruebas que serán contundentes en contra de las “mafias que sí existen”, entre otros, en los servicios de diálisis y hemodiálisis contratados con firmas particulares. Estos tratamientos se administran a personas con insuficiencia renal crónica, la cual es una de las principales complicaciones de la diabetes. En el Seguro Social, hay 74 mil derechohabientes en terapia sustitutiva de la función renal y la inversión asciende a cerca de 12 mil millones de pesos al año…».

Continuaré en la siguiente entrega con algunos ejemplos clínicos que correlacionan en gran medida con los comentarios previos.

 
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