Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Gobierno Sociedad Política Medios Luces y sombras Opinión Firmas El pez en el agua
 
 
  Edición 609
  Primero es México
 
Esther Quintana Salinas
   
  Hay en el comportamiento del presidente López una necesidad compulsiva de demostrar el «yo gano, tú pierdes» con el «voy de frente y no me quito». Su popularidad lo ensancha, parece toro en tentadero, luciendo fiereza y derrochando a diestra y siniestra el «porque quiero, puedo y no tengo miedo». Ya el tonito del «me canso ganso» se ha vuelto virtud, es su expresión de prepotencia con disfraz de chistorete. Ningunea a quienes osen contradecirlo o simple y llanamente no compartan su estilo de hacer las cosas. En «su mundo» todos los que no comulguen con sus puntos de vista son incapaces, mal intencionados y por supuesto corruptos.

El fanatismo se manifiesta en cerrazón, en es «como yo digo o no se hace»; en construir una especie de esquema mental en el que se prescinde del panorama y se cierra la visión nomás en «lo que yo veo», porque fuera de eso no cabe, ni existe nada ni nadie más. Ese fanatismo ha desangrado naciones, ejemplos en la Historia tenemos por montones, pero cuando se está en el poder con una aprobación tan grande como la que los mexicanos le han entregado a López Obrador, eso no se ve, y si se ve se desdeña.

Agravios este país los ha recibido por toneladas y de quienes menos debieran: sus gobernantes. Por décadas muchos de quienes llegan a un cargo público se han dedicado a robar de manera desvergonzada el dinero de los mexicanos, y en la absoluta impunidad. Ningún presidente de la República al concluir su sexenio salió angustiado porque su empleo había concluido, a cual más se llenó las bolsas, las cuentas bancarias, se hizo de propiedades aquí y allende los mares o nomás cruzando a Estados Unidos, le aseguraron a toda su descendencia vida de millonarios. Y también senadores y diputados, gobernadores y alcaldes y allegados de su corte de lambiscones, amigotes y cómplices. Toda una ralea de vividores, huérfanos de escrúpulos, malos mexicanos, traidores y sinvergüenzas. Y es fecha que ninguno de esos especímenes ha dado cuenta de sus raterías, ni se está pudriendo en la cárcel como corresponde a los de su laya.

López Obrador en campaña les dijo a los mexicanos que iba contra toda esa caterva de malvivientes, que bajo su gobierno habría un combate frontal contra la corrupción, cero tolerancia, y austeridad republicana. Exactamente lo que el hartazgo de millones de mexicanos quería oír. El hartazgo político se traduce en una sensación de frustración, de hastío, de no aguantar más el modelo existente, de desear desde el fondo del alma un cambio, a veces sin medir el nivel de trascendencia que implica la materialización de ese deseo. Cuando esto sucede la indignación no admite reversa.

La corrupción en política es parte de la historia de nuestro país, la diferencia en nuestros días es que la tecnología la ha puesto a la vista de medio mundo. Por ende, la desconfianza hacia la política y los políticos se ha acrecentado. Esta desconfianza ha traído consigo enormes ausencias de representatividad. Los mexicanos creen que todos los políticos están vinculados a actos de corrupción. Lo que hoy vivimos es desgarrador, la corrupción es normal, se ha popularizado, a cual más le entra. Desde el más chiquito hasta el más pomposo, verbi gratia, no solo hay contratistas de renombre liados con el gobierno en sus raterías en la obra pública, también constructores de medio pelo.

El hartazgo por la inseguridad está al orden del día, porque se denuncia —que es un valiente quien lo hace—, ¿y qué gana?, la ausencia de impartición de justicia cobra terreno sin freno alguno. Usted sabe de la conformación de autodefensas en el sur del país, vinculadas sin duda a la inconformidad social, pero tampoco son una alternativa de fiar. Bueno, a lo que se ha llegado en el rechazo a una autoridad que no asume su función: comunidades que se han organizado pero no para impedir, sino para permitir el actuar de los huachicoleros.

Cuando una sociedad pierde su bagaje moral, intelectual y humano se producen las grandes debacles. La decadencia del Imperio romano de Occidente obedeció a causas endógenas como: la degeneración de la moralidad, enfermedades, pestes, inestabilidad política, desinterés de los mismos ciudadanos para preservar el Imperio; sumado a factores externos como lo fueron las invasiones bárbaras que llegaron hasta la misma civitas. ¿A qué viene esta remembranza histórica? A que es lo que nos está sucediendo en México. La decadencia de un sistema político podrido hasta el tuétano fue factor decisivo para la victoria electoral de López Obrador, supo aprovechar la coyuntura y llegó. Levantó en el camino todo y de todo, de chile, de dulce y de manteca, impresentables y también a quienes verdaderamente están convencidos de que con él el país se transforma, aunque ninguna nación se haya transformado por la voluntad ni el quehacer de un solo hombre…pero él les «vendió» esa idea y se la compraron.

El fenómeno del populismo que hoy vive la República está cobrando una fuerza fuera de toda proporción, casi irracional el fervor con el que se le defiende por sus seguidores, no me cabe duda que es parte de la mercadotecnia pagada con largueza por el régimen, pero también hay quienes genuinamente están convencidos de que él es el nuevo redentor que va a «salvar» a México. Estamos ante la descarnada consecuencia de un profundo vacío político e intelectual. No se puede triunfar como sociedad cuando no existe el convencimiento generalizado de que lo que se defiende es lo justo para el individuo y provechoso para la sociedad.

Tuve la oportunidad de conocer en mis años mozos a españoles que encontraron en nuestro país un refugio huyendo de los estragos de la Guerra Civil, particularmente a don Daniel, mi maestro de teatro. A mis 13, 14 años, ni parpadeaba cuando me contaba que había una materia que se impartía en secundaria, que se llamaba, lea usted…Formación del Espíritu Nacional, se trataba de un verdadero adoctrinamiento solo para hombres de los valores fundamentales del Régimen, de las ideas y la historia del bando que ganó la Guerra Civil. Me decía don Daniel que solo de acordarse de la materia le daban escalofríos. Esto se lo comparto, generoso lector porque no tiene nada de extraordinario que quien gana haga los cambios que a bien tenga, y la educación no es la excepción, ya López Obrador y sus incondicionales hicieron tiritas la Reforma Educativa. Lo destaco porque a lo largo de la historia de los pueblos los sistemas educativos han sido el principal botín y la prioridad número uno de quienes llegan al poder y quieren decretar desde allí su visión del mundo y la de sus seguidores. De esta propaganda en el sentido más siniestro de la palabra, conocieron los alemanes con Hitler, los rusos con Stalin y los cubanos con Castro. Aquí lo hicieron los priistas por siete décadas y ahora va por ello el hombre de la Cuarta Transformación.

Werner Jaeger, escribió en Paideia: los ideales de la cultura griega, que la educación sirve para forjar una idea ejemplar de lo humano, para construir un modelo en el que se reproduzcan los valores esenciales de un pueblo, y por supuesto que es verdad, pero también sirve para la cooptación ideológica, como forma de dominación. Existen unas más obvias, otras más discretas, grotescas las hay, de una u otra manera, pero las hay. No hay discursos neutros, y además sería horrible que los hubiera. En lo que se dice deben estar reflejadas las emociones y por supuesto las convicciones… bueno estas últimas cada día escasean más. Las sociedades evolucionan, por lo menos es lo que se supone, y entonces se van llegando a consensos y a conclusiones de carácter transitorio, esto es bueno y conveniente. A este proceso algunos le denominan progreso. Lo importante es no caer en la tentación de implementar las que ya se sabe que son corrosivas… Ese es mi miedo, lo confieso, en lo que estoy viendo de este presidente.

La educación de nuestros tiempos tiene que contribuir a hacer mejores personas, mejores ciudadanos, por eso son tan importantes los contenidos de lo que en la escuela se enseña y se aprende. No se vale en nombre del sectarismo ocultar pedazos del mundo y de la realidad, ni pervertir recuerdos a conveniencia. La escuela tiene una misión liberadora, debe ser instrumento de apertura a cuanto haga crecer el intelecto y reafirme la condición de ser humano. Ojalá que no pierdan esto de vista quienes van a reformar los contenidos de las asignaturas escolares. El proselitismo no se debe mezclar con la educación, es harina de otro costal.

La descomposición moral que estamos viviendo en este siglo y desde finales del XX, le ha permitido tanto a la izquierda como a la derecha carnívoras posicionarse en el poder, por lo general esas «aventuras» aupadas en la desesperanza y en el coraje terminan generando saltos al vacío. Ahí está Venezuela, bajo la bota de un déspota, corrupto y amoral.

 
Otras publicaciones
Así no…
Para vivir iguales… nada más…
Los gobiernos son de paso
¿Hay nuevos valores…?
Una historia que no debemos olvidar
En su mundo…
¿Volver a la selva?
Los lenguaraces están de moda…
Renovarse o morir, no hay de otra
Dos venenos redivivos: Fascismo-populismo y fanatismo
¿Y los de adentro…?
Necesitamos estadistas
De lo que estamos faltos…
Mucho ruido y pocas nueces
Se parecen…
Educación y política
Hoy así... ¿y mañana también?
La Guardia Nacional de Andrés Manuel
¿Quién paga?...
Educación con principios democráticos
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2019. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba