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  Edición 606
  ¿El eslabón perdido?
 
Marcos Durán
   
  El debate tiene más de 100 años. ¿Cómo evolucionamos de simios a humanos? Mientras que todas las especies modernas han seguido diferentes caminos evolutivos, los seres humanos compartimos un ancestro común con algunos primates, como el simio africano. Pasar de simios a humanos, de acuerdo con la ciencia, ha sido un proceso evolutivo que comenzaría hace unos seis millones de años: Un suspiro si tomamos en cuenta la edad de la tierra, tasada en cinco mil 400 millones de años.

La familia biológica de los homínidos incluye a los humanos, chimpancés, gorilas y sus antepasados extintos, entre ellos, aquellas especies después de que el linaje humano se separó del de los chimpancés. Para entender esto, habría que remitirnos a uno de los mayores descubrimientos que nos han ayudado a entender esto y que fue el realizado en 1974 en la región de Afar, en Etiopía por el paleoantropólogo Donald Johanson que descubrió un ancestro humano.

No era Eva sino Lucy, un esqueleto de más de tres millones de años, el homínido más antiguo que se había encontrado. Lucy pertenecía a una nueva especie llamada Australopithecus afarensis; tenía dientes parecidos a los de un ser humano y podía caminar erguida. Sus rodillas y tobillos también reflejaban que caminaba en dos pies. Levantar la vista y caminar en dos patas, es un rasgo exclusivamente humano y fue una de las presiones selectivas que empujó a la humanidad hacia adelante.

¿Pero qué siguió de Lucy? A la ausencia de descubrimientos, algunos le llamaban «El eslabón perdido», un concepto que pensaba que los ancestros humanos formaron una especie de cadena única que retrocede en el pasado más remoto. Este eslabón perdido podría salvar la división evolutiva entre los primates superiores, como los monos, simios y humanos. Se trata de la prueba concreta de la relación entre los humanos y los simios, con una gran salvedad: esa prueba está o estaba perdida.

El término «eslabón perdido» fue utilizado por primera vez en 1851 por el mentor de Darwin, Charles Lyell, para describir las muestras de fósiles que había encontrado. Ocho años después, Darwin publicó El origen de las especies, en la que, contrariamente a la creencia popular, nunca usó el término al describir sus teorías sobre la evolución.

El eslabón sería el intermedio entre nuestros antepasados y nosotros, los descendientes evolucionados, una muestra clara de la conexión entre los dos.

Pero hace unos días, la revista Paleoanthropology publicó un reportaje en donde asegura que los primeros humanos aún se columpiaban en los árboles hace dos millones de años, según los científicos, después de confirmar que un conjunto de polémicos fósiles representa un «eslabón perdido» en el árbol familiar de la humanidad.

Los fósiles de Australopithecus sediba, alimentaron de nuevo el debate científico desde que fueron encontrados en Malapa, Sudáfrica, hace 10 años. Y ahora, los investigadores han establecido que están estrechamente vinculados con el género Homo, un puente entre los humanos primitivos y sus predecesores. Malapa, la «Cuna de la Humanidad» de Sudáfrica, fue descubierto por accidente por Matthew Berger, de nueve años, cuando perseguía a su perro. Fue ese golpe de suerte el que condujo al hallazgo que ha ayudado a llenar un vacío en la historia de la humanidad, pasando del «Lucy» de tres millones de años y el «hombre hábil», Homo habilis, que se descubrió que usaba herramientas entre 1.5 y 2.1 millones de años.

Los científicos creen que quizás se trate del eslabón perdido, la pieza que resuelve el rompecabezas de casi un millón de años vacío y que su descubrimiento podría aclarar qué ocurrió en este período oscuro de la humanidad.

Finalmente y a pesar de toda la evidencia científica, aún muchas personas no creen en la teoría evolucionista. Niegan que podemos descender de los simios y la verdad no hay que culparlos. Y es que al ver el comportamiento de los monos y el de los humanos, con nosotros destruyendo al mundo y a nosotros mismos, al final muchos podríamos quedarnos con la descripción que Nietzsche decía de ellos: Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos.

 
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