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  Edición 606
  Los valores del espíritu
 
Gerardo Moscoso
   
  Muchas veces la falta de confianza en nosotros mismos nos hace encontrarnos con personas perniciosas, (a las que ahora se les llama «tóxicas»), que nos hacen aceptar agresiones siniestras. Sucede cuando pensamos que no valemos nada, que nuestra autoestima es muy baja y, así, nos volvemos presa fácil de este tipo de personas disfrazadas de «amigos».

Con el tiempo empezamos a madurar, nuestro ánimo cambia y lo mismo sucede con nuestro entorno. Es entonces cuando dejamos de importarles a aquellos sujetos que se recreaban con nuestras dudas y neurosis. De aquellos amigos algunos se quedaron en el camino, otros se van acomodando a las nuevas circunstancias y también aparecen nuevas amistades.

Este trabajo de análisis sobre uno mismo pasa por la observación del medio en el que nos movemos para evitar a las personas dañinas y lugares que nos puedan perjudicar. Es entonces cuando buscamos afectos que nos impulsen hacia arriba y adelante. En el camino hacia nuestro despertar, hacia la lucidez, es muy importante encontrar una sociedad o conjunto equilibrado con el que nos sintamos competentemente seguros. Entonces nos detenemos a pensar en la gran posibilidad de cosas que podemos hacer, como, por ejemplo, aspirar a valorar la vida y nuestras relaciones de otra manera. Tener la convicción de que los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana.

Es necesario reconocer los espacios de encuentros que nos impidan ser una multitud masificada viendo aisladamente la televisión porque, ésta, predispone a la pereza, al desinterés. Parece que estamos conectados al mundo entero cuando lo cierto es que la pantalla chica nos quita la posibilidad de convivir humanamente. También nos quita la posibilidad de la lectura, de ejercer nuestra creatividad o arreglar algo en la casa mientras escuchamos música, de compartir una charla en un café, de reunirnos con algún amigo, de visitar a un familiar anciano o de acompañar a un enfermo.

La TV perjudica a sus adictos porque una actitud pasiva nos provoca sumisión mental que es lo mismo que una esclavitud. Valoremos la verdadera amistad porque es poco el tiempo que vivimos.

 
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