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  Edición 606
  Opacidad, deshonestidad y Estado de derecho
 
Francisco Aguirre Perales
Twitter: @aguirreperalesf
   
  La sola publicación de desvíos de recursos públicos en dependencias gubernamentales del estado y municipios no es suficiente, pues la autoridad correspondiente debe proceder como indica la normatividad en contra de los que cometen ilegalidades y se apropian del dinero público, sean éstos de la magnitud que sean, pues en materia de ilicitud no hay grados, un acto es o no ilícito, por lo que esos sucesos no deben quedar en la nada, pues un acto es grave desde el momento de su condición ilegal e ilícita.

La Auditoría Superior del Estado (ASE) ha publicado desde hace años, datos derivados de revisiones en donde ha detectado cantidades de dinero que no han sido justificadas y han quedado en la impunidad. Ahora mismo, en este año la dependencia revisora dio a conocer faltantes importantes de recursos públicos, que no tienen soporte por parte de las dependencias revisadas y no ha pasado nada.

Eso se interpreta que los dineros públicos se los quedan los funcionarios, resuelven su futuro con toda la tranquilidad sin que se les recrimine nada, y así sucesivamente hasta que los entes públicos vayan adquiriendo una metástasis que los devora hasta convertirse en un estado podrido y viciado.

El dar a conocer por la Auditoría Superior las cifras millonarias no comprobadas, se confirma que el aparato oficial está plagado de opacidad, y aquí conviene que se medite lo que pronunció el Papa Francisco a los obispos de México cuando les dijo, «no le tengan miedo a la transparencia la iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar, no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa».

La autoridad está obligada a que actúe y demuestre que vivimos en un Estado de derecho y como tal la obligación de aplicar estrictamente la ley por dura que sea, recordemos lo que los norteamericanos dicen «la ley es dura, pero es la ley», pues ya experimentamos la opacidad que nubló el progreso de nuestro estado y por extensión el ánimo ciudadano.

Desechemos las prácticas deshonestas y cada coahuilense desarrolle la labor que le corresponde hacer con pasión.

Lo demás vendrá por añadidura.

 
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