Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Gobierno Sociedad Política Medios Luces y sombras Opinión Firmas El pez en el agua
 
 
  Edición 605
  El año que estamos en peligro
 
Gabriel Pereyra
   
  Nunca habíamos vivido los mexicanos tantas transformaciones en escasos treinta días. Algunos de los principales símbolos del poder que mantenían al ejecutivo mexicano fueron dinamitados y volaron por los aires. El estado Mayor Presidencial que tenía el lema «Nadie toca al presidente», la frase más antidemocrática que he escuchado, desapareció tan calladamente como había sobrevivido más de 60 años, en forma silenciosa y discreta. Era sin duda alguna el verdadero poder tras el trono. Los Pinos, que durante la presidencia de Felipe Calderón modificaron su arquitectura externa para alejarlo del pueblo y convertirlo en una fortaleza, se transformó en un museo que hoy todos podemos visitar; las camionetas blindadas que sólo servían para recordarnos que el poder es uno, indivisible y lejano del pueblo, fueron almacenadas y están en espera de ser vendidas. El presidente inició la sana costumbre de unas conferencias de prensa mañaneras para informar a todo el pueblo de México de los temas que van surgiendo en la agenda pública. El avión presidencial que representaba el dispendio y la falta de sensibilidad de los representantes «populares» desapareció del escenario público.

El poder tal como lo conocíamos en sus símbolos externos fue dinamitado sin que se disparara un solo tiro, parece mentira el poder que tiene un presidente de México, que afortunadamente le da el voto democrático.

Destruir los símbolos del poder no es nada fácil. Normalmente cuestan vidas humanas. Cuando los franceses hicieron la revolución por los derechos de hombre, tomaron La Bastilla; los rusos tomaron el Palacio de Invierno en Petrogrado. La destrucción de los diversos regímenes comunistas a partir de la destrucción de la Unión Soviética tuvo como consecuencia la destrucción de los palacios y fortalezas que simbolizaban esos gobiernos. En México no se ha disparado un solo tiro, ni se ha destruido nada, y hoy al iniciarse un nuevo año tenemos otro país.

No ha sido fácil ni va a ser fácil seguir avanzando, hay logros y frenos; los usos y costumbres de un régimen neoliberal y de la gente no cambian de inmediato, las resistencias son infinitas y lo que aparece en las redes sociales es apenas la superficie de la lucha que se ha establecido y las resistencias que se tienen a un modelo de política que busca beneficiar a los pobres, una mejor distribución del presupuesto y cambiar los usos y costumbres de una maquinaria destinada a beneficiar a una élite, a una maquinaria democrática y popular. La salida al escenario de José Antonio Meade es significativa, muestra la importancia que tenía y tiene para el grupo de Enrique Peña Nieto, la construcción del Nuevo Aeropuerto de Texcoco.

Detrás de esta construcción había enormes intereses de lo que se llamaba la mafia en el poder. No están dispuestos a aceptar otra voluntad política que no sea la suya. Ahora quieren dar la batalla por el área económica que según ellos se va a perder. Ellos que nunca repararon en el cuidado del presupuesto, que nunca impidieron desperdiciar los recursos, que establecieron una serie de mecanismos para apropiarse del patrimonio del pueblo de México que hicieron deudas privadas públicas, o fraudes brutales y descarado como había en Pemex y en el cual participaban funcionarios de primer nivel y miembros del sindicato. Tenemos que acostumbrarnos. México ya es otro.

Buenas y malas

El cambio de año implica un balance de la existencia y del contexto social en que vivimos. Para el país lo más importante fue que ganara AMLO la presidencia de la República. Este hecho nos ubica en uno de los epicentros de la atención mundial. Sin exagerar los ojos de una parte de observadores internacionales están puestos en México como en la década de los sesenta estuvieron en Cuba, en los setenta en Chile y en los ochenta en la Unión Soviética. Hace dos años en las elecciones de los Estados Unidos y desde hace tres décadas en la emergencia de China como potencia mundial. Debemos tener conciencia de que el mundo nos vigila.

En lo personal hubo buenas y malas. Seres amados se nos adelantaron, hubo caídas de salud, fracasos laborales, en un momento se nos juntaron una serie de facturas de salud y años que han pasado y casi sin darnos cuenta despertamos hechos unos ancianos, mi generación dio el viejazo como se dice coloquialmente, y muchos que presumíamos de buena salud tuvimos que enfrentarnos a médicos, análisis, pruebas de capacidad de nuestros órganos más sensibles. De repente con la dosis habitual de medicinas o vitaminas no fue suficiente cumplir nuestras tareas. El cansancio tomó nuevas formas de expresión lo mismo que el descanso y despertar cada mañana.

Hubo inmensas alegrías, sorpresas maravillosas, nuevas personas llegaron a nuestro espacio, otras se alejaron, aunque en realidad, parece que nunca estuvieron cerca de nosotros. Conocimos nuevas manifestaciones y formas de concebir la vida, otros lenguajes y códigos de comunicación. Alegrías distintas, viajes fantásticos, inimaginables, personas que como siempre constituyen sorpresas por sus expresiones, por la forma como ven la vida, hicimos nuevos descubrimientos. Disfrutamos las lecturas cotidianas y los textos que tuvimos que leer varias veces, por la magia y la naturaleza de sus expresiones y temas. Libros viejos se volvieron nuevos y enriquecieron nuestro lenguaje y nuestra imaginación. Recobramos algunas compañías y aparecieron otras. Aprendimos a valorar en forma diferente la vida, las personas, el medio ambiente. Repetimos esas maravillosas reuniones familiares donde cada uno aporta una delicia. Lynus Pereyra hizo el bacalao número 40 y le salió maravilloso.

Seguimos vivos, riéndonos, disfrutando los amaneceres, las tardes serenas y no tan serenas que nos brindas nuevos paisajes. Coreamos las nuevas expresiones musicales, aunque sean antiguas, como las de Natalia Lafourcade y Manu Chau o las composiciones de Jesús Velásquez que apareció repentinamente en el escenario familiar. Vivimos con alegría las jornadas políticas de junio y julio, gritamos hasta el cansancio en el Zócalo de la Ciudad de México y nos sorprendimos de la gran capacidad de transformación que tiene este pueblo donde hemos vivido, amado y donde un día descansaremos.

 
Otras publicaciones
Otros López. Se respeta la vida
Los enemigos de siempre
Una segunda oportunidad
Migraciones y realidades
La burla es hacia nosotros mismos
Respuestas predecibles
¿Qué hacer?
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2019. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba